sábado, 4 de febrero de 2017

¿En la punta de la lengua? ¡A otro perro con ese hueso!

Carlos Alberto Patiño

Si se emplean sin mesura, sin tino, las frases hechas son una monserga. Pero existen porque tienen utilidad. Nos ahorran el trabajo de sintetizar una idea, aunque propician la pereza mental, fomentan la molicie y nos alejan del buen estilo.
Algo habíamos dicho ya de los lugares comunes en este espacio.
Las fórmulas hechas son un recurso de comunicación informal, son fauna del lenguaje coloquial.
Tengo en mente, desde que abordé los nombres de algunas medidas, la expresión “un palmo de narices”, y recuerdo el ademán con la mano extendida en la punta de la nariz. El palmo, lo sabemos, es la cuarta, la distancia entre el meñique y el pulgar extendidos.
Es el gesto mínimo para Donald Trump, aunque se me ocurren otros que implican dedos extendidos y doblados.
Las frases hechas no son refranes ni proverbios, pero se asemejan. De algunas, el origen se pierde en los tiempos, no así el sentido.
“A la buena de Dios” es dejar algo al descuido, que las cosas ocurran de cualquier manera, pero confiando en que la mano divina llevará todo a buen fin.
En cambio, “a ojo de buen cubero” es una estimación de la habilidad de ­cálculo. El cubero era el fabricante de cubas, los toneles para conservar el vino. La experiencia era la que marcaba las medidas.
“Se armó la de Dios es Cristo” nos remite a un enfrentamiento entre personas de distintos pareceres. La frase empieza a tomar forma en un concilio de los primeros tiempos del cristianismo, cuando se discutía la divinidad de Cristo y el dogma de la Santísima Trinidad.
“Ver moros con tranchete” debe venir de la época del al-Andalus y la Reconquista. Era o voz de alarma (al arma) o exageración, delirio persecutorio. Ahora llamar moros a los moros no es bien visto. De los tranchetes no sé.
“Se fue con el rabo entre las patas” describe el retiro de aquel al que no le fue bien en un encuentro, que no logró sus objetivos. Recuerda a la forma en la que los perros se alejan de un peligro protegiendo sus genitales con la cola.
“Poner en un brete” es meterse o meter a alguien en aprietos. Brete es un antiguo instrumento para inmovilizar reos.
“Meter las manos al fuego” es fórmula para avalar las propias conductas o las de otros. El origen es medieval. Era la prueba de la verdad. El señalado debía sujetar fierros calientes o meter la mano entre las brasas. Si resistía, comprobaba su dicho. Como los tiempos han hecho más blandengues a los humanos, lo más frecuente ahora, es decir “no meto la mano al fuego por nadie”.
Ser de “manga ancha” es ser de gran tolerancia, de mucha permisividad. Según algunas fuentes, el origen de la frase se relaciona con las vestimentas religiosas que eran, así, de manga ancha, y se aludía a los curas muy tolerantes con sus fieles.
Usamos “hacerse de la vista gorda” con un sentido similar, pero más para quien evade su responsabilidad que para el tolerante.
“En la punta de la lengua” tenemos todas las respuestas, pero no pasan de ahí.
“A otro perro con ese hueso” sirve para deshacernos de quien nos quiere embaucar, para demostrarle que su engaño es fallido. Y los perros tienen sus patas. “Andar de pata de perro” es pasearse libremente, como hacen los perros vagos que recorren sus territorios. Por supuesto, el término no aplica a los pobres caninos llevados por “paseadores” que ni los pasean y sí los maltratan.
¿Y qué le hizo el viento a Juárez? ¿De dónde salió esta expresión? ¿Alguien conoce la historia? Cuénteme.
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Me hizo notar Marielena Hoyo que Carlos Slim dice “financía” y no financia, como marca la norma.
“Financiar” se conjuga como “comerciar”. Rarísimo sería decir “comercía”. Ese acento no tiene razón de ser.
Decía la regla que cuando en el infinitivo a la vocal débil (“i”, “u”) de un diptongo en la terminación del verbo la anteceden la “c” o la “g”, al conjugar no se deshace el diptongo, no se pone acento.
Escribí “decía”, así en copretérito, porque la manga ancha de la Real Academia de la Lengua ya le dio entrada a conjugaciones como “licúa” y “adecúa”, que antes sólo eran “adecua” y “licua”. Ahora se admite como modelo de conjugación para estos verbos “actuar”, además del original “averiguar”, donde no cabe “averigúo”.
Aquí me pregunto ¿y el lema de la RAE? Ése que a Bertha Hernández le parece buen eslogan para un jabón de trastes: “Pule, fija, da esplendor” ¿Dónde queda? Porque no pule nada darle cabida a incorrecciones por más extendidas que estén.
Peor que “financía” es “financea” y eso me lleva al mal uso de “copear” en lugar de “copiar” y al estrafalario “fotocopear”.
“Copiar” es reproducir; “copear” es servir o tomar copas. “Fotocopear no es nada, a menos que lo sea por el efecto de las copas.
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Regaños. El portal sonorense dossierpolítico.com publica: “Una maniobra donde el presidente del PRI fue un colaborador dispuesto, especialmente si se trataba de perjudicar a Carolina Monroy, su segunda y con quien tiene una relación glaciar”.
Usar una palabra sin saber su significado es error común en los tiempos que corren. La pérdida de los hábitos de la lectura y la consulta al diccionario tiene esas consecuencias.
“Glaciar” es, según el DLE, “Masa de hielo acumulada en las zonas de las cordilleras por encima del límite de las nieves perpetuas y cuya parte inferior se desliza muy lentamente, como si fuese un río de hielo”.
Lo que quiso decir el autor de esos párrafos es “glacial” que entre otras acepciones tiene la de muy frío, y se usa en sentido figurado para indicar distanciamiento, indiferencia.
Tengo otro regaño, pero no lo puedo propinar. Un tuit del Fondo de Cultura Económica dice: “Cien años podrían no ser muchos para una carta magna, pero para la mexicana de 1917 son un tramo considerable”. El problema es que como no entiendo qué significa ese mensaje, me quedo paralizado. No puedo comentar nada.
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Rotundo respondió Francisco Báez a la demanda redonda de El Arca de Arena. La palabra de origen latino, contundente, terminante por lo redondo es “rotundo”. También lo respondieron Mangel, Marielena Hoyo y Luz Rodríguez.
Para esta ocasión, El Arca busca un sitio muy bien escondido, oculto. Algunos, indebidamente, lo usan como sinónimo de lejano.


04 02 17



Publicado en La Crónica de hoy

sábado, 28 de enero de 2017

Prejuicio es juicio sin razonar; hemistiquio es medio verso

  (prefijos, sufijos y la hache muda)

Carlos Alberto Patiño


Prefijos y sufijos confieren significados. Se suman a las raíces para dar nuevo sentido. Son morfemas complementarios.
En español los tenemos de origen latino y griego. En México, también del náhuatl.
Entre los más conocidos está la “a” privativa, que viene del “alfa” que se añadía para indicar un sentido negativo, de carencia o ausencia. “Anónimo”, sin nombre; “átomo”, sin división; “anarquía”, sin gobierno; “amorfo”, sin forma; “abulia”, sin voluntad, son ejemplos del uso de este prefijo.
De origen latino es la negación “in”, a la que no hay que confundir con “in”, en.
Tenemos, con la primera, “intacto”, no tocado; “infinito”, sin final; “irregular”, sin regla; “inmenso”, sin medida.
Del otro “in” tenemos “encima”, en la parte más alta (la cima); “instruir” (struere, edificar), “imponer”, poner en.
Hay otro “in” que significa a, lugar a, dirección: “inducir”, (ducere) guiar; “importar” (portare), llevar; “inhumar” (humus) suelo.
Digresión. En español, algo que puede encenderse es inflamable. Aquí “in” no es negación. Es necedad usar el término “flamable” que es palabra del inglés. Si se quiere decir que algo no es combustible se combinan los dos “in” la negativa y la que incluye: “ininflamable”.
“Ne” también es negación, como en “negocio” (otium, ocio); necio (sciens, saber); “nefasto” (fastus, bueno).
“Semi” es prefijo latino que da la idea de mitad: “semicírculo”; “semidiós”, como Hércules y Aquiles; “semitono”, como los bemoles y sostenidos. El sonido 13, de Julián Carrillo está formado por microtonos (micrós, pequeño, como en microscopio).
El prefijo griego “hemi” es más o menos equivalente a latino “semi”. “Hemiciclo” (medio círculo), como el dedicado a Juárez; “hemisferio” (media esfera), como las partes de la tierra; “hemíptero” (pteron, ala), como las chinches.
De “pteron”, viene helicóptero, es ala más “helix”, espiral.
Con “hemi” viene el “hemistiquio” del título de esta entrega (stikhos, línea, verso).
Otro prefijo griego es “eu” que significa bien. Así tenemos “eugenesia” (génesis, generación); “eutanasia” (tánatos, muerte); “eufemismo” (femí, decir); evangelio (angelo, anunciar).
“Dis” es griego. Entraña contrariedad, dificultad: “displasia” (plasis, modelar); “disentería” (enterón, intestino); “disfunción” (fungi, emplear, cumplir).
“Anfi” significa de uno y otro lado. Lo vemos en “anfibio”, el ser que vive en el agua y en la tierra. Está en ánfora, el recipiente que tiene asas a cada lado, y en anfibología, la mala construcción gramatical que nos lleva a dar dos o más significados a una oración.
“Peri” es alrededor, como en “periférico (fero, llevar); “periscopio” (skopeo, ver); “perímetro” (metrón, medida); “pericardio” (kardias, corazón).
“Para”, del griego, es al lado de: “paralelogramo” (grama, línea); “paradoja” (doxa, opinión).
De “pro”, del griego hacia adelante, viene “profecía” (femi, decir); “pronóstico” (gnosis, conocimiento), “problema” (ballo, lanzar).
Y del latín “pro”, a favor: “proponer” (ponere, poner); “proveer”, “providencia”; “provisión” (videre, ver).
Pre”, “prae” es “antes de”. “Prejuicios”, como los de Trump, son juicios adelantados, ideas que se tienen sin razonar. “Prever” es ver antes. “Presumir” (sumere, sumar).
“Sin” es conjunto, unión, igualdad. “Sinfonía” (foné, sonido); “sinóptico” (opos, vista), “síntesis” (titemi, poner); sístole (contracción, en este caso del corazón).
“Hiper” es sobre e “hipo” es debajo. “Hipertrofia” (trofé, alimentación); “hipertensión” (tendere, tensar, estirar); “hiperbóreo” (boreas, Norte); “hipoteca”, “hipótesis” (titemi, poner); “hipotenusa” (teíno,tender), hipodérmica (dermatos, piel).
¡Y los sufijos!
“Icos”, lo relativo a: “físico” (fisis, naturaleza); “cromático” (xroma, color); aritmética (aritmós, cantidad, número).
“Ismo”, doctrina, creencia, estado. “Arcaísmo” (arkhaios, antiguo); “antagonismo” (anti, frente a; ago, luchar).
“Ista” da la idea de prosélito o secuaz. “Dadaísta” (seguidor del dadaísmo); “sofista(sofía, sabiduría).
“Itis” es inflamación. “otitis” (otós, oído); “hepatitis” (hepatos, hígado).
Del náhuatl nos vienen muchos toponímicos. “Co” y “go”, lugar. Como en “Aculco” (en donde da vuelta el agua); “Azcapotzalco” (en el hormiguero).
“Pan” o “pa”, en: “Actopan” (en terreno fértil); “Ixtapan” (en la sal).
“Titlan”, entre: “Tenochtitlán” (entre los nopales); “Amatitlán” (entre los amates).
“Can”, región: “Teotihuacán” (región de los dioses), “Coyoacán” (zona de coyotes); “Michoacán” (país de los pescadores).
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Tania Marsilli me da a conocer una infografía donde se dice que la “H” es muda por una transformación de la “F”. Sí y no.
En latín y en las formas antiguas del español, palabras que ahora se escriben con “H” llevaban la “F”.
Recuerden la advertencia del rey Alfonso VI a Ruy Díaz: “Cosas veredes, mío Cid, que farán fablar las piedras”.
O al marqués de Santillana con sus señeros versos: “Moza tan fermosa/non vide en la frontera/como la vaquera de la finojosa.
La “F”, efectivamente devino en “H” en algunas palabras, pero no por eso es muda. Es una cuestión fonética. Los primeros hablantes del español encontraron dificultad en pronunciar esa letra en combinación con otras y la empezaron a suprimir, quedando en la escritura como la “H” que nos viene del griego.
Ésta no era una letra sino un signo ortográfico llamado espíritu áspero que se anotaba como una virgulilla sobre la letra inicial de algunas palabras. Dice Alfonso Torres Lemus, en su libro Filología. Apuntes de etimologías: “En el alfabeto antiguo o anterior, el espíritu áspero se representaba por el signo ‘H’”.
Es el caso de palabras como hidráulica, hidrógeno, hídrico, que derivan de la palabra “hidros”.
Himno, Homero, hipérbole, hipodérmica, hipopótamo ostentan la “hache” proveniente del espíritu áspero.
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Regaños. Habla un corresponsal de Radio Red: “Murió ante los balazos que recibió” ¿Se imagina el lector a la víctima sucumbiendo detrás de los tiros? Tener un micrófono o un teléfono para reportar un hecho no es complicado, pero un profesional está obligado a ser cuidadoso y, sobre todo, a conocer el idioma que es, para nosotros, los comunicadores, un instrumento fundamental. De nada sirve la tecnología sin una seria preparación.
El reportero debió haber dicho “Murió a causa de los balazos que recibió.
Me llega la imagen de una etiqueta. Dice: “Jabón corporal en barra para niños con forma de hipopótamo”. La anfibología puede resultar graciosa, pero igual funciona para hacernos pensar en el problema de la obesidad infantil.
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El Arca de Arena buscaba la palabra con etimología griega que describe a una persona de ánimo exaltado, excitada por algo que le causa gran admiración. En forma literal, alguien poseído o inspirado por un dios, lleno del numen divino. La respuesta la dio Mangel: “Hoy llego con todo a El Arca de arena: La palabra que pide es ‘entusiasta’: expresión que usaban muy pocos de mis profesores en la primaria”.
También dio la respuesta la lectora Ma. Eugenia Yáñez Morales, quien, como se nota, estudió etimologías en la prepa (entusiasmo era ejemplo de palabra derivada de la raíz “teós”.
Y bien, El Arca está en busca de una palabra de origen latino, contundente, terminante por lo redondo.





28 01 17





Publicado en La Crónica de hoy

sábado, 21 de enero de 2017

¿De qué están hechas las palabras?

Carlos Alberto Patiño



Si en el principio era el logos, la palabra, esa palabra tenía raíz, prefijos, sufijos. Paradójicamente, el principio tiene historia.
La disciplina que se ocupa de esa historia es la filología, en particular las etimologías. (Esa materia de la que dije que no estudian en el CCH vid. infra.)
Etimologías, dice mi libro de la prepa, el de mi maestro Alfonso Torres Lemus (Filología, segundo curso. Apuntes de etimologías) es el conocimiento del origen de las palabras. “Saber de qué vocablo o vocablos provienen y cómo han evolucionado en su sonido, escritura y significado.
“Si está compuesta de dos o más raíces, verlas en su lengua y escritura original y, al conocer su sentido, explicarse el de las palabras que las contiene.”
¿Y eso qué? ¿Sirve de algo enterarse del origen de las palabras?, preguntaban los estudiantes de antes y lo hacen los de ahora.
El mismo don Alfonso responde:
“El conocimiento del lenguaje propio es fundamento de toda instrucción y cultura…
“Las etimologías son la continuación del estudio de nuestra lengua en un plano más científico y racional, pues nos interesa saber el porqué de cada palabra: de dónde proviene, qué significado tenía, cómo ha evolucionado una palabra, por qué se llama así a cada cosa…
“Tal conocimiento tiene como consecuencia inmediata un mayor alcance de nuestro radio de acción mental, ya que mientras más palabras conoce una persona, tanto más apta está para comprender toda clase de escritos literarios, culturales o técnicos. El individuo que apenas sabe leer posee un vocabulario no mayor de mil palabras  y es por eso incapaz de entender cualquier artículo, discurso o libro medianamente elevado.
(...)
“Al alumno de primaria, las reglas de ortografía parecen ilógicas o irracionales, porque ni remotamente supone que la explicación de la   ortografía se encuentra en la etimología de la palabra (...)
“Conociendo la etimología se recuerdan más fácilmente los términos técnicos raros que jamás se escuchan en el lenguaje popular…”
Dejemos aquí la defensa de la importancia de esta materia para revisar algunas palabras.
La “filología que he citado viene del griego “filos”, amigo, amante; y “logos” palabra, lenguaje, entre algunos de sus significados.
La etimología de “etimología” es: “etimos”, verdadero; y “logos”, en este caso, concepto, idea.
Como vemos, la palabra “logos” es de variados significados. Es idea, concepto o razón, como en “lógica”, “silogismo”, analogía.
Es, asimismo, palabra, dicción, frase, lenguaje: léxico, neologismo, logaritmo…
Incluye también la acepción de todo producto del entendimiento, estudio, conocimiento, tratado: prólogo, epílogo, decálogo, arqueología, biología, psicología…
En temas de la lengua, tenemos que “vocal” viene del latín “vox”-“vocis”, voz; “consonante”  es “cum”, conjunto, unión, igualdad, y “sonus”, sonido.
Acento también es de origen latino, “ad”, a, hacia, junto a; y “cantus”, “tono”, “sonido”.
Gramática contiene “grama”, que es letra, escrito, línea. Gramo, epigrama, programa, telegrama, pentagrama, derivan de esta raíz.
Una muy conocida es “hidros”, agua. Como en hidrología, hidráulica, deshidratar, hidrografía.
Y tenemos las de las materias de primaria y secundaria: geografía (geo, tierra; grafé, descripción); biología (bios, vida); anatomía (ana, extensión, a lo largo; tomé, corte); historia (historeo, buscar)...
La palabra “teos” nos da términos como teología, ateo, apoteosis, monoteísmo, politeísmo, teología, teocracia.
Esta última se forma con el vocablo “cratos”,  o “xratos”, que significa gobierno, como en democracia, el gobierno del pueblo; plutocracia, el de los ricos, “aristocracia”, de la élite.
¿E “idiosincrasia” por qué se escribe con ese? Aquí nos viene pintiparada una de las justificaciones de Torres Lemus para las etimologías, las razones de la ortografía.
En primer lugar, la “crasia” aquí no es de gobierno. Su origen es otro. Los componentes  del término son: “ídios”, singular, personal; “sin”, conjunto, unión; y “krasis”, temperamento. Es decir el temperamento singular de un grupo, de una colectividad o de un individuo.
Seguiré la próxima semana con algunos prefijos como peri, pre, anfi...
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Regaños. Publica 24 horas. El diario sin límites: “La primer prueba para Donald”.
También Tv Notas: “El programa ‘Enamorándonos’  celebró su primer boda.
El Debate (digital): “La historia de la primer década del iPhone”
Para qué seguir. Gugleé, usted, y verá la cantidad de medios y personas que usan ese adjetivo de tan mala manera.
“Primer” es apócope de primero.
(DLE: “apócope: Supresión de algún sonido al final de un vocablo, como en primer por primero.”
Es para el masculino: “El primer coche”, “el primer día”, “el primer beso”; pero, “la primera semana”, “la primera palabra”, “la primera novia”.
“Primer” se usa cuando el adjetivo va antes del sustantivo. Si va después se usa sin apocopar.
Primero sueño, la magnificente obra de Sor Juana, lo lleva antes, pero es español del siglo XVII.
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Mi afán por ironizar y mis prejuicios me hicieron merecedor de una aclaración. No me daré un regaño, pero sí consigno las observaciones del lector Ernesto Márquez Fragoso: “(...) el párrafo comprendido entre las líneas 52 y 57 hace alusión a quienes estudiaron, como usted y yo, el programa de bachillerato de la Escuela Nacional Preparatoria, el cual nos proporcionó una otrora desconocida pero profesionalmente útil formación en etimologías. Además de esto, usted escribe que los jóvenes del CCH han carecido de estudios similares y que debido a esto ostentan ‘lagunas culturales’.
“Actualmente soy profesor de tiempo completo del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) en el plantel Sur y aunque laboro en el área de matemáticas conozco los Programas actuales (2016) y originales (1971). Revisando lo anteriormente mencionado, disiento de su opinión debido a que desde el programa original (ref.1, p.4-5), materias como Griego, Latín, Filosofía, los talleres de Redacción y los talleres de Lectura de Clásicos u otro tipo de autores, se encuentran presentes y representan la manera de aprender, leer y vivir las etimologías y todo el aporte de la cultura clásica.”
Serán otras las causas de las lagunas culturales.
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Sobre la palabra “sintiente”, nos dice Marielena Hoyo: “Según entiendo, es término traducido del inglés sentient o sentience, cuya definición hace referencia a un “ser consciente de las impresiones sensoriales”; “sensible a la percepción o sentimiento”. De ahí que haya yo peleado intensamente por definir a los animales como seres vivos, pluricelulares, CONSCIENTES… más topé con pared de concreto pretendiendo usar el español. En fin…
“María Moliner, en su Diccionario de Uso del Español no incluye el término “sintiente” y sí en cambio el de “sentiente”, definiéndolo simplemente como “que siente”.
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Pidió El Arca de Arena una palabra de origen árabe que en España significa residuo y en el norte de México equivale a morona.
Presto respondió Mangel: “El Arca de Arena pide la palabra ‘zurrapas’, recordada por mi abuelita cada vez que yo dejaba todo sucio de pan.”
Doña Marielena Hoyo propone “albaquía”, que es “residuo o resto de alguna cuenta o renta que queda sin pagar o no admite división en el prorrateo.”
El Arca busca la palabra con etimología griega que describe a una persona de ánimo exaltado, excitada por algo que le causa gran admiración. En forma literal, alguien poseído o inspirado por un dios, lleno del numen divino.


  21 01 17



Publicado en La Crónica de hoy