lunes, 11 de septiembre de 2017

¡Azuquítar! Palabras de diabético



Carlos Alberto Patiño




 



Suena exagerado decir que México es un país de diabéticos, pero, si no se toman medidas, para allá vamos.
El Instituto Nacional de Salud Pública consigna que desde el año 2000 la diabetes (no diabetis, como dicen por ahí) es la principal causa de muerte entre las mujeres y la segunda entre los hombres. Entre éstos, las enfermedades cardiacas son causa principal, pero hay una relación directa entre esta enfermedad y los males cardiovasculares.
Los mexicanos tenemos genes propensos a la diabetes, a lo que sumamos una alimentación rica en azúcares y carbohidratos y pésimas costumbres de vida.
Estas condiciones hacen que se extienda el mal y, con ello, el manejo de un lenguaje especial, tanto si somos víctimas de la enfermedad, como si tenemos amigos o familiares que la padecen.
Cada vez es más frecuente oír hablar de glucosa, insulina, hiperglucemia, hipoglucemia...
Veamos los significados de algunas de esas palabras.
La primera, la glucosa, es el azúcar en la sangre. No el azúcar como la ponemos en el café, sino con la transformación que experimentan el dulce y los carbohidratos en nuestra sangre.
La palabra fue creada en el siglo XIX por un químico francés llamado Jean-Baptiste Dumas, a partir de una palabra griega que significa “vino dulce”. El sufijo “osa” se aplica a palabras relacionadas con  los azúcares, como fructuosa, lactosa y sacarosa.
Para establecer si se tienen niveles normales de este compuesto hay que realizar una medición en laboratorio o mediante un aparato llamado glucómetro (del griego metrón, medida). Para eso se usan tiras reactivas (o sea que reaccionan, en este caso, a la presencia de glucosa). La medida normal en ayuno (sin haber comido por un lapso determinado) es de 90 a 130 miligramos por decilitro.
Otra medición de rimbombante denominación es la “postprandial” o “posprandial” (el Diccionario de la lengua española admite las dos formas). La palabra significa “después de la comida”. Se toma dos horas después de comer y su valor máximo para  un diabético es de 140 mg/dl.
Al nivel de glucosa se le llama “glucemia” . Si es alto, se tiene “hiperglucemia” (con el prefijo “hiper”, mayor, superior, por encima de lo normal) y si es bajo es “hipoglucemia” (de “hipo”, por debajo de). Los resultados de 70 mg/dl o por debajo muestran esta condición. Es una situación peligrosa, por lo que se debe administrar algún tipo de azúcar al paciente, como jugo, refresco o un caramelo. El riesgo de  pérdida de la conciencia es alto.
El problema de los diabéticos es que su cuerpo no produce la suficiente insulina para metabolizar (asimilar adecuadamente) la glucosa.
La insulina es la hormona que produce el páncreas en unos corpúsculos de llamativo apellido: “de Langerhans”, por el científico que los descubrió.
Hay varios tipos de diabetes. Las más frecuentes son la 1 y la 2. La primera es conocida como juvenil o insulinodependiente. En este caso, las células que forman los antedichos corpúsculos no producen la insulina.
A la tipo 2 se le consideraba como diabetes de la edad adulta, pero hoy en día se presenta en personas cada vez más jóvenes, sobre todo a causa de la epidemia de sobrepeso y obesidad prevalente en el país. En ésta, el páncreas sí produce la hormona, pero el cuerpo presenta una resistencia a su acción y con el tiempo disminuye la cantidad elaborada por el órgano.
Hay un tercer tipo, la llamada “gestacional”, que ocurre durante el embarazo y suele ser pasajera.
En cada uno de los tipos, la atención médica y la disciplina con alimentación y medicamentos son muy importantes.
De hecho, si hay un diagnóstico oportuno, con la pura dieta se evitan feas complicaciones.
Entre éstas están las amputaciones por “pie diabético”  que es una infección con ulceración, es decir con destrucción de los tejidos profundos a causa de  problemas vasculares (de venas y arterias) y alteraciones neurológicas (de los nervios). Si la situación se complica, aparece gangrena y no hay otra solución más que cortar.
La “retinopatía diabética” es el daño en los vasos sanguíneos de los ojos que alimentan la retina, que es como la pantalla en la que se proyectan las imágenes. La lesión que se presenta puede causar ceguera.
Entre las consecuencias graves del mal está el daño renal o nefropatía. El riñón es como un filtro que  limpia la sangre. Elimina las toxinas a través de la orina. Tiene otra funciones, como la producción de hormonas para regular la presión sanguínea y la producción de glóbulos rojos. Su falla es grave y requiere tratamiento complicado.
En realidad, la diabetes mellitus daña todo el organismo si no se controla. Por cierto, el nombre de la enfermedad viene del griego que significa “lo que va através”, “lo que no se retiene”. Se refiere a la orina. Sabemos que la “poliuria” o exceso de orina es uno de los síntomas del padecimiento. Lo “mellitus” es por la miel, es decir por lo dulce de la orina (Sí, por su sabor. En la antigüedad el método de diagnóstico era oler y probar la orina).
La enfermedad es crónica, quiere decir que no tiene cura, por más que los paladines de la medicina “alternativa” traten de convencernos de que hay remedios “naturales”.
Como el pez, el diabético por la boca muere… si no se cuida.
Lo que funciona es llevar una dieta balanceada y hacer ejercicio.
La dieta del diabético requiere del manejo de porciones adecuadas de vegetales, frutas y  carnes.
El sitio MedlinePlus recomienda que la dieta considere:
“Limitar alimentos con altos contenidos de azúcar.
“Comer porciones pequeñas a lo largo del día (4 o 5 veces).
“Prestar atención a cuándo y cuánta cantidad de carbohidratos consume.
“Consumir una gran variedad de alimentos integrales, frutas y vegetales
“Comer menos grasas
“Limitar el consumo del alcohol
“Usar menos sal.
Lo conveniente es  diseñar la dieta con ayuda de un nutriólogo.
El consejo que puedo dar a mis lectores es que si padecen obesidad o sobrepeso, si tienen familiares diabéticos o simplemente por control, háganse un examen de glucosa. En muchas farmacias lo practican por unos cuantos pesos.
O acérquese a las instituciones de salud. Tanto el  IMSS como el ISSSTE y el Seguro Popular tienen programas para el control de la afección.
Lo mejor, por supuesto, es prevenir. Mantenga su peso, lleve una buena dieta y haga ejercicio. Eso lo librará de todo mal.
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Regaños.
En la semana que concluye  se efectuó en China la Cumbre del grupo BRICS.
Las siglas corresponden a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Son iniciales, insisto.
Pues bien, en la  agencia Xinhua escriben: “Modi elogia una ‘muy exitosa’ Cumbre de los BRICS en China”.
El Financiero publica “Lo que le ganamos a EU, los BRICS nos lo ‘quitan’”.
Y el sitio ruso Sputnik: “El Banco de los BRICS asigna $800 millones para tres proyectos ecológicos de China”
¿Se dan cuenta? Los redactores toman la “s” de Sudáfrica como plural.
Lo adecuado es “el grupo BRICS” o si queremos ahorrar una palabra “el BRICS”.
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El Arca de Arena pidió la palabra para un objeto que fue “en su origen, un instrumento de caza y en la actualidad tiene uso deportivo. Es anagrama del subjuntivo para la tercera persona del plural de la acción de agobiar o de llenar de bruma. También de bailar y de encaminar. Va y regresa.”
Le retornaron respuesta Francisco Báez, Luz María Rodríguez y Luis Demetrio Flores.
Del lector Karlo Heppner recibió el siguiente comentario a propósito de las abreviaturas: “Es más fácil y rápido escribir et que &”.
La palabra es “búmeran” o “bumerán”. De ambas formas aparece en el DLE.
Los anagramas son abrumen, rumbean y enrumba.
El Arca, encarrerada con los términos médicos, pide ahora el que se usa para describir la excesiva producción de líquido por glándulas de la piel. Es algo que provoca incomodidades al saludar. Para evitarlo, los practicantes de la halterofilia se ponen magnesia.

09 09 17
Publicado en La Crónica de hoy
 

lunes, 4 de septiembre de 2017

¿K kiere dcr?

Carlos Alberto Patiño


 

Los jóvenes entenderán rápidamente este título. A algunos de los mayores les costará más trabajo. Es el lenguaje común en teléfonos y redes sociales. Por ahorrar tiempo, por economía de movimientos, por restricciones de espacio y por ignorancia ortográfica así se escribe ahora.
Pero no se crea que es una novedad.
El Manual de paleografía diplomática española de los siglos XII al XVII, de Jesús Muñoz y Rivero, publicado en 1917, da cuenta de que “El deseo de hacer más veloz la escritura y de encerrarla en el menor espacio posible, produjo desde los primeros tiempos de la escritura el empleo de las abreviaturas, que, usadas en un principio con parsimonia, llegaron á multiplicarse prodigiosamente en los últimos siglos de la República romana.
“Cuantos modos de abreviar se conocieron en la Edad Media tienen precedentes en este pueblo. Usaron los romanos, para hacer rápida la escritura, además de las notas tironianas la abreviación de las palabras por su inicial, la supresión de las sílabas por signos convencionales de rápido trazado. (Las notas tironianas son una taquigrafía que inventó Tirón, un escribano de Cicerón).
“Los inconvenientes que para la genuina interpretación de los libros y de los documentos ofrecía el abusivo empleo de las abreviaturas, motivaron repetidas disposiciones del Senado y de los Emperadores prohibiendo su uso, sin que llegara á lograrse.”
Ya ve usted.
El símbolo & es ejemplo de este recurso de síntesis. Es la fusión de las letras “e” y “t” de la palabra latina “et” que representa a la conjunción copulativa “y”.
Es poco usual en el español moderno, pero lo fue en el pasado para escribir de manera abreviada la palabra etcétera: &cetera o &c.
Si el lector tiene oportunidad de ver un libro del siglo XVI o puede, en alguna exposición o en internet, ver un manuscrito de la época de la Colonia, primero, tendrá gran dificultad para entender el texto y segundo, se dará cuenta del extendido uso de abreviaturas.
En los textos periodísticos, con el fin de facilitar la comprensión, es preferible no usar abreviaturas, pero se usan siglas en los titulares.
De éstas no hay que abusar y, sobre todo, no utilizarlas si no son las de uso cotidiano como UNAM, SEP, IMSS… PAOT, es ejemplo de las que causan confusión.
Con los acrónimos hay que proceder de la misma manera. Se escriben con altas y bajas, no todas en altas. Pemex y Conacyt son acrónimos de Petróleos Mexicanos y Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, respectivamente.
El Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia de la Lengua establece algunos criterios para el uso de abreviaturas.
Empieza por definirlas “Es la representación gráfica reducida de una palabra o grupo de palabras, obtenida por eliminación de algunas de las letras o sílabas de su escritura completa y que siempre se cierra con un punto.
Luego nos da algunas restricciones en su uso. Por ejemplo “no pueden aparecer en cualquier lugar del texto: De repente, miré a la dcha. y los vi juntos” . Establece que “las abreviaturas de tratamientos solo deben usarse cuando anteceden al nombre propio (Sr. González, D.ª Juana, etc.); y no debe escribirse una cantidad con letras seguida de la abreviatura del concepto cuantificado: veinte cts. por veinte centavos”.
Destaca el Diccionario que “La abreviatura ha de ser eficaz y, por eso, debe suprimir como mínimo dos letras de la palabra abreviada (mejor, tres, si la palabra es suficientemente larga)”.
Existen dos procedimientos para formar abreviaturas, según la Academia: “a) Por truncamiento, suprimiendo letras o sílabas finales: cód. por código, art. por artículo. En este caso, la abreviatura nunca debe terminar en vocal: pról., y no pró. ni prólo., como abreviatura de prólogo. En el caso de las abreviaturas que corresponden a fórmulas fijas, se abrevian todas y cada una de las palabras que las integran, incluso artículos, preposiciones o conjunciones, reduciéndolos a la letra inicial: s. e. u o. por salvo error u omisión, q. e. p. d. por que en paz descanse.
“b) Por contracción, eliminando letras centrales y dejando solo las más representativas: dpto. o depto. por departamento, admr. por administrador.”
Para el femenino, se dice que “si la abreviatura del masculino termina en -o, el femenino se forma sustituyendo esta vocal por una -a: Lcdo., Lcda. (licenciado, licenciada); si el masculino termina en consonante, se le añade una a...; no obstante, hay abreviaturas que sirven tanto para el masculino como para el femenino: Lic. (licenciado o licenciada), izq. (izquierdo o izquierda).
Recomienda el Diccionario el uso de letras voladas para los femeninos (Profª), pero eso es poco usual en nuestro país y es complicado tipográficamente. Aquí preferimos añadir sólo la “a” final.
En cuanto a la ortografía, nos dice el Diccionario de dudas que las “abreviaturas mantienen la tilde en caso de incluir la vocal que la lleva en la palabra desarrollada: pág. por página, íd. por ídem, Cía, por compañía.”
“En general, las abreviaturas se escriben con mayúscula o minúscula según corresponda a la palabra o expresión abreviadas; así, se escriben con inicial mayúscula las abreviaturas de aquellos nombres o expresiones que se escriben de este mismo modo cuando se desarrollan... mientras que las abreviaturas de nombres comunes se escriben normalmente con minúscula (salvo si van después de punto o al principio de un enunciado): pág. por página, c. e. por correo electrónico.
Sin embargo, nos aclara que hay múltiples excepciones: “así, siempre se escriben con inicial mayúscula las abreviaturas de fórmulas de tratamiento, incluso las que se escriben con minúscula cuando se desarrollan: S. S. por Su Santidad, S. A. R. por Su Alteza Real”
Por lo que toca a las siglas, el plural se forma duplicando las letras: “EEUU” por Estados Unidos, “FFCC, por ferrocarriles.
Cada vez está más en desuso esa manera de pluralizar. Imaginense el caso de los organismos no gubernamentales, tendría que ser “OONNGG”, lo que además de extraño resulta confuso. En lo personal creo que el contexto nos da la idea de si es plural o singular. No acepto la forma ONG’s, que violenta la estructura del español.
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Regaños. Marielena Hoyo me pregunta por la palabra “pilota” que usé en los Regaños de la semana pasada. Fundeu la admite, pero el Diccionario de la lengua española, no. A mí me parece un femenino válido, bien formado.
Publica El Periódico de Barcelona: “Un estadio lleno a rebosar para ver por penúltima vez al genio en acción, al atleta que ya pertenece al acerbo cultural humano de principios del Siglo XXI por mérito propio, quería, sobre todo, contemplar su última victoria.”
y La Nueva, de Bahía Blanca, Argentina: “Por sus páginas desfilan importantes personajes, muchos de los cuales trajeron un acerbo de cultura y costumbres que, a la postre, según Benítez, ‘definieron a los bahienses.’”
Veamos el diccionario: “acerbo, ba. Del lat. acerbus. 1. adj. Áspero al gusto. 2. adj. Cruel, riguroso, desapacible.”
Algo no cuadra. Ahora veamos “acervo”: “Del lat. acervus ‘montón’. 1. m. Conjunto de valores o bienes culturales acumulados por tradición o herencia. 2. m. Haber que pertenece en común a varias personas, sean socios, coherederos, acreedores, etc. . m. Montón de cosas menudas. U. t. en sent. fig. Un acervo de problemas, de cuestiones.”
Lo que pasa por una letra. ¡Ah, la ortografía!
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De José Agustín es la frase que pedía El Arca de Arena. En su libro Ciudades Desiertas escribe “¿A qué se viene al Gabacho? A comprar, ¿No? ¡Pues compraremos! ¡Si París era una fiesta, recitó Susana, Estados Unidos era una tienda!”. Es literatura de La Onda, don Octavio Martínez.
La respuesta llegó de Marielena Hoyo y Francisco Báez.
El Arca de Arena dice ahora: Es, en su origen, un instrumento de caza y en la actualidad tiene uso deportivo. Es anagrama del subjuntivo para la tercera persona del plural de la acción de agobiar o de llenar de bruma. También de bailar y de encaminar. Va y regresa.


02 09 17

Publicado en La Crónica de hoy

¿Qué onda?

Carlos Alberto Patiño



 


Nos tocó ver llegar al hombre a la Luna. Nos tocó mirar la primera transmisión de televisión mundial y la llegada de los aparatos a colores. Supimos de la Guerra de Vietnam. Nos conmocionamos con la imagen de la niña huyendo de un ataque con Napalm. Y con Tlatelolco. Presenciamos los Juegos Olímpicos, Avándaro y el Mundial de México 70... Y ya llevamos dos.
Era yo un niño cuando apareció el primer disco de Los Beatles.
Conocí la música de Jimmy Hendrix, por ahí del 67.
Nos tocó estrenar el Metro y la montaña rusa de Chapultepec. Vimos llegar a Tláloc al Museo de Antropología y recorrimos con curiosidad y atención el Museo del Caracol cuando era nuevo.
Acudimos a las primeras funciones en el Dorado 70 e iniciamos la costumbre de pasear por Plaza Universidad y Plaza Satélite.
No había ejes viales pero hubimos de padecer su construcción.
Nosotros, cuando íbamos al Centro, al que no llamábamos Histórico, recorríamos Niño Perdido y San Juan de Letrán.
En alguna parte debe estar una foto mía caminando por la avenida frente a la Torre (¡torre!) Latinoamericana. Había fotógrafos ambulantes que tomaban miles de imágenes y repartían tarjetas con la dirección a la que debía uno acudir si quería la foto.
Eran fotógrafos distintos a los de Chapultepec, la Alameda o La Villa. Éstos tenían pequeñas escenografías. Podías retratarte sobre un caballo de madera o asomarte por la ventanilla de un aeroplano.
Nos tocó enterarnos de la construcción de un muro para dividir Berlín y luego nos tocó ver cómo lo derribaron.
Cuando el sismo tiró el Ángel, yo tenía dos años, pero el del 85 nadie lo puede olvidar. Mi hija menor aún no cumplía un año.
Ah, y estaba “La Onda”.
El primer contacto que tuve con la llamada Literatura de la Onda fue con un cuento mecanografiado que me prestó mi tío Jorge. Un amigo suyo lo había escrito.
No recuerdo el nombre del autor, pero me deslumbró el manejo del lenguaje. Era tan diferente a los que hasta entonces había leído.
“Onda” era palabra que usábamos con muchos significados. Desde luego, el uso formal para referirse a una ondulación. Pero también en frases, como las que consigna el Diccionario del español de México (Colmex): “ 1 Comportamiento o forma de actuar, actitud o actividad que se adopta en un momento dado: ‘Andaba en otra onda’, ‘Está en la onda de la música’, una onda gruesa, una onda padre, ondas diferentísimas, ‘Esa maestra es muy buena onda’, ‘¡Qué mala onda!, no devolverle el libro que le prestó’, respetar la onda de cada quien
“2 Agarrarle la onda, coger (le) la onda o captar (le) la onda. Adquirir una habilidad o entender algo: ‘Ya le agarré la onda a las computadoras’
“3 Írsele la onda, perder una persona el hilo del discurso, la corriente del pensamiento o el curso de las ideas: ‘Se me fue la onda a la hora del examen y no supe qué contestar’
“4 Sacar de onda, confundir, ser difícil de interpretar: ‘Me sacan de onda sus explosiones de violencia’
“5 Entrar en (la) onda, entrar en un determinado ambiente y adaptarse o asimilarse a él: ‘Son bien fresas, no entran en onda’
“6 ¡Qué onda! Interj, saludo informal.”
Añade el diccionario que La Onda es “Corriente que a mediados de los años 60 tomó como tema a los jóvenes, con un énfasis especial en el rock y en la experiencia de las drogas, como la mariguana, el peyote y el LSD, y dio tratamiento literario a su lenguaje coloquial, lenguaje juvenil de aquella época que hoy se ha extendido ampliamente. Entre sus principales exponentes están José Agustín y Parménides García Saldaña”.
De esta corriente también formaron parte René Avilés Fabila y Gustavo Sáinz.
La designación como escritores de La Onda se debe a la crítica Margo Glantz.
En su ensayo “Onda y escritura: jóvenes de 20 a 33”, la escritora cita a Carlos Monsiváis para explicar el lenguaje de esta corriente.
“De la Onda —dice Carlos Monsiváis— emerge un slang, una germanía, el lenguaje de una subcultura que pretende la comunicación categórica... No es casual que el lenguaje de la Onda deba tanto al habla de la frontera y al habla de los delincuentes de los cuarenta.
“En la frontera y en la cárcel, en la corrupción de un idioma y en el idioma de la corrupción se elabora con penuria y terquedad la renovación. Un lenguaje no se detiene: usa indistintamente de los resultados de la Revolution Avenue de Tijuana y de las claves para esconder secretos en los que, literalmente, nos va la vida [...] El caifán ha sido bautizado. “Después ofrecerá, al insistir en su conducta y en su vestuario, la definición del término. El hispanglish brota en cantinas, prostíbulos, garitos, cervecerías [...] Y de ese vicio declarado, de ese melting pot de México que es Tijuana, de esa cocina del diablo que es la Candelaria de los Patos, surge de modo, entre simbólico y realista, una parte considerable de la diversificación del español hablado en México. La Onda es el primer grupo que capta y divulga en forma masiva estos numerosos hallazgos. Un slang es una complicidad, el habla de una subcultura es una complicidad divertida.” (Días de Guardar).
“Momiza”, “chaviza”, “Simón, simonazo”, “nel, pastel”, “pacheco”, “conecte”, “viaje”, “forjar”, “fresa”, “aplatanarse”, “rait”, “pasón”... son sólo algunas de las expresiones de esa época.
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Regaños.
En el programa de TV Fractal, el reportero Roberto Francisco Ponce habla de la aviadora británica Amy Johnson, la primera mujer en volar de Londres a Australia y a Tokio. La carrera de la pilota es extraordinaria. A su muerte, refiere el periodista, “se convirtió en un ejemplo femenino para miles de mujeres”. Vaya, una mujer que se convierte en ejemplo femenino…
Aclaración: Gramaticalmente hay números ordinales, cardinales y partitivos o fraccionarios. Si alguien habla de la posición que ocupa alguien o algo respecto de otros usamos, por ejemplo duodécimo, decimosegundo o décimo segundo. Doceavo se refiere a la fracción, es decir cuando se divide algo: “la doceava parte del pastel”, nadie ni nada ocupa el doceavo lugar.
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El Arca de Arena había propuesto una interrogante que consideraba difícil y ni para el doctor Báez ni para Marielena Hoyo lo fue. Tampoco para Luis Demetrio Flores Delgado y Octavio Martínez. El epónimo de una familia de impresores holandeses del siglo XVI y que se refiere a un estilo de libros y a un estilo de tipografía es elzevir o elzevirios. El dato de que se considera a esta familia de Leyden como precursora de las ediciones de bolsillo sirvió de pista a algunos.
Finalmente, no resultó tan difícil como pretendía El Arca.
Esa palabra fue de las primeras que llamaron mi atención cuando hojeaba el diccionario que tenía mi padre en su oficina. Era un libro ilustrado de Fernández Editores. La imagen que acompañaba a la entrada era una “E” con el estilo de los elzevirios.
Bien, pregunta El Arca de Arena, si Hemingway dijo que París era una fiesta, quién y en dónde añadió que “¡Estados Unidos era una tienda!”.



02 09 17


Publicado en La Crónica de hoy