martes, 17 de abril de 2018

Voy, Boy… ¿Vasir?

Carlos Alberto Patiño

Propagandistas y publicistas saben que el escándalo jala. Utilizan cualquier recurso para atraer la atención de votantes o consumidores. Lo hacen con la ortografía, la prosodia y la sintaxis.
En reciente campaña, los promotores de la candidata del Partido Verde Ecologista de México al gobierno de la Ciudad, Mariana Boy, suponen que es muy ingenioso jugar con la homofonía del apellido de la abanderada con la primera persona del verbo ir.
Es pobre el recurso y representa un problema en un país que requiere reforzar su educación... desde la ortografía.
El chistecito va a contribuir a que muchos ciudadanos confundan la grafía, como lo hacen secundarianos, preparatorianos y hasta posdoctorantes con “o sea”, cuya forma de escritura creen que es “osea”.
Quizá habrá quien piense que exagero, pero hay riesgo sin ganancia. ¿O de veras en las filas del Verde creen que el jueguito de palabras les va a dar votos? #Boycontodo, #BoyconlaCiudad. No me harán decir “Boyavotar”.
En tiempos pasados, una vidriería, la Cabañas, en Santa María la Ribera, jugó también con el choque ortográfico. Su lema era “Bidrios, lo escribimos mal pero los colocamos bien”. La provocación lograba su efecto, aunque sí dejaba claro que la ortografía no era la correcta.
Con la misma intención, una casa fabricante de bolsas ponía su rótulo “volzaz” en la Avenida Fray Servando.
Son casos deliberados, como los son los neologismos mal logrados que sólo dejan confusión.
Fue el caso del Banco Internacional que se convirtió en “Bital” ¿Saben cuántos alumnos me ponían el líquido “bital”? Así lo leían en las marquesinas y en los anuncios y su endémica falta de otras lecturas producía ese resultado.
Ocurre ahora con la Clave Bancaria Estandarizada, pues su acrónimo  “clabe” hace sus estragos en la escritura.
De Fox y su “Yo tampoco. Yo nunca. No puedo ni pensar en ‘hechar’ por la borda mi querido País”, no hay que decir más que los hay que creen que sí echó al país por la borda, y nos demuestra que a la ortografía también, aunque no se diera cuenta, como con mucho de lo que hizo. (¡Ah!, la columna de los chistes fue la semana pasada).
Y “haiga sido como haiga sido”, ¿cómo fue? Lo escudó Felipe Calderón con la expresión “como dicen en mi tierra”. Vale, pero deja abierta la justificación para usar el lenguaje saltándose las normas. A fin de cuentas, “lo dice así el pueblo”, “lo decían así mis tías”… Es salirse por la tangente con un chistorete lingüístico.
Ni qué decir del dialecto tabasqueño. Como López, las personas hablan así en sus rumbos. Son sus maneras y eso no es criticable. Sí lo es el abusivo uso de términos descalificadores que hace el perenne candidato. Y además son arcaísmos en el semiabandono. Solo él les dice “fifís” (“fifíes”) y “pirrurris” a sus contrincantes, y lo hace de manera discriminatoria. No argumenta, bulea.
Célebre fue en los años 80 la campaña de la mueblería K2, la de la indestructible melamina ponderosa (los jóvenes y aun los de mediana edad se preguntarán qué es eso, pero los de mayor sabiduría —je, edad— sí que entenderán).
Hablaba Julio Alemán, un actor de la época, y promovía camas a increíbles precios. Para hacer más atractiva la oferta incluía un juego de (sic) “buroes”.
No tardaron en llegar las críticas al deficiente manejo lingüístico del galán en funciones de locutor. El caso mereció la atención del académico José G. Moreno de Alba en su columna “Minucias del lenguaje”.
En siguiente comercial se defendió Alemán. Explicó “buroes, porque es aguda”, y siguió con su parlamento.
Ya nadie le dijo que la regla de la “e ese” en los plurales de palabras agudas se ocupa con las vocales débiles.
Recordemos, las vocales son débiles (i, u)  y fuertes (a,e,o). Los plurales para las fuertes se hacen con una ese. “Mamás”, “cafés”, “burós”.
El plural de las agudas débiles es el que toma la terminación  “e ese”: “Ajíes”, “rubíes”,  “jabalíes”, y era “menúes” y “tabúes”, pero, hoy en día  se aceptan formas como “menús”, “tabús”, “saudís” y “saudíes”, y se usa ya solo en textos literarios el que antes era una excepción “maravedís, “maravedíes”, “maravedises”. Eso sí, los “buroes” no sobrevivieron a la década de los 80 del XX.
La “expulsación” entra en la publicidad con falta al hablar, como muchas de las barbaridades que acabó por imponer Chespirito con sus subnormales personajes.
En la misma línea queda el nombre del programa Cien mexicanos ‘dijieron’.
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Samuel Schmidt escribió a este periodista para agradecer la columna sobre los chistes. Nada qué agradecer, doctor. Al contrario, sus textos fueron base para concretar la entrega.
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Una anécdota sobre chistes políticos pidió El Arca de Arena. Preguntó ¿Cómo llamó un famoso cómico de la televisión a uno de los más emblemáticos presidentes de México? Ya encarrerado, el comediante también le cambió el nombre a la ilustre esposa.
Fue Manuel El Loco Valdés el autor del chiste: En  1972 (El Año de Juárez, por decreto de Luis Echeverría) durante una de las transmisiones de El show del Loco Valdés, el personaje preguntó al aire: ¿Quién fue el primer presidente bombero? Y contestó: “Bomberito Juárez”. Tremenda multa le impuso la Secretaría de Gobernación por su chiste. Los que se quejan ahora, deberían haber conocido lo que era la censura entonces.
Sin empacho alguno, en el siguiente programa Valdés pidió el nombre  de la esposa del Benemérito. Su respuesta fue “Manguerita Maza de Juárez”. Y de nuevo le cayó la multa y ahora con amenaza de clausurar el programa.
Un antecesor del cómico en las carpas fue Palillo. Hacía sketches políticos y dos gendarmes que presenciaban las funciones se lo llevaban detenido a la delegación. El público, divertido y solidario le lanzaba monedas al actor para que pagara su multa y siguiera burlándose de los políticos.
Francisco Báez, Bertha Hernández, Luz Rodríguez, Marielena Hoyo, Miguel Ángel Castañeda y Gustavo Adolfo dieron la respuesta.
El Arca quiere revisar homófonos. Pretención y pretensión; atizar y atisar; sabia y savia; tuza y tusa; zopa y sopa. ¿Son válidos todos los enlistados?

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14 04 18    

miércoles, 11 de abril de 2018

El chiste de los chistes

Carlos Alberto Patiño





El chiste es un tema muy serio, pero pocos lo toman así. Aunque causa risa, a veces representa una manifestación de descontento, es también vía de canalización de temores y de acción política.
El doctor Samuel Schmidt se ha ocupado en serio del tema en diversos libros, ensayos y artículos.
Nos dice que Freud estableció una relación entre los chascarrillos y aspectos psicológicos personales y sociales.
De hecho, el médico austriaco tiene un libro titulado El chiste y su relación con lo inconsciente.
Como en todas las ramas del psicoanálisis, en los chistes hay expresión de deseos, sublimación y transferencias.
Pero tiene otra característica (no lo dice Freud; sí, Schmidt): Se convierten en una válvula de escape para las tensiones sociales. Dicho como lo harían las abuelas de antes, sirve para desahogarse.
Por eso, en cuanto hay una tragedia, brota el humor macabro que atribuimos a los mexicanos, pero en realidad no es exclusivo de nuestra idiosincrasia.
El chiste llega a funcionar como una herramienta de resistencia bélica y política.
Así lo explica la doctora Kathleen Stokker en un ensayo sobre la ocupación nazi en Noruega (Heil Hitler - Dios salve al rey: Chistes y la resistencia noruega 1940-1945, en Revista Mexicana de Cultura Política, número 8, 2016).
Nos indica la especialista escandinava cómo los chistes funcionana para que los invadidos empiecen a organizarse para resistir a los alemanes.
El chiste, nos dice, acerca a los inconformes y les permite expresar su descontento, por una parte, y reconocerse, identificarse y lograr la empatía necesaria para enfrentar al enemigo.
Algunos de los chistes que ella analiza ridiculizan a los nazis: “¿Sabes la diferencia entre los nazis y una cubeta con estiércol? ¡La cubeta!”
“Un niño está sentado en una banqueta jugando con unos gatitos. Un oficial alemán pasa por ahí y le pregunta al niño, ‘¿Estás jugando con unos gatitos?’ ‘No’, le contesta el niño, ‘son nazis’, Tres semanas después, el mismo oficial pasa por ahí de nuevo, y viendo al mismo niño jugando con los gatitos, le dice ‘¿Todavía estás jugando con esos nazis?’ ‘No’, le contesta el niño. ‘Ya no son nazis; ¡ya abrieron los ojos!’”.
En otros casos se burla de las situaciones extremas: “En septiembre de 1941, cuando se declaró la ley marcial en Oslo, se publicó una lista de ofensas que declaraba: ‘Usted será fusilado si… etc. Usted será fusilado si… Usted será fusilado si…’ A esto, alguien agregó: ‘¡Usted será fusilado si aún no ha sido fusilado!’.
O las exageraciones de la propaganda: “Tras la campaña en Noruega, 100 soldados alemanes llegaron al cielo. ‘¿De dónde vienen?’ preguntó San Pedro. Ellos le dijeron que habían muerto en Noruega. San Pedro entró a checar el registro. Regresando, les dijo: ‘Según los registros oficiales, sólo dos soldados alemanes murieron en Noruega. Ellos pueden entrar; los demás se pueden ir al infierno’”.
De igual manera, los hay que demuestran el desprecio que los noruegos tenían por los nazis: “Un soldado alemán visitaba los barcos vikingos, pero no pensaba que fueran nada especial. ‘Puede que no te impresionen estos barcos,’ le dijo el guardia, ‘pero después de todo, los noruegos sí lograron invadir Inglaterra con ellos”.
La doctora Stokker comenta que también en gobiernos autoritarios como el soviético aparecen los chistes: “Un conferencista invitado estaba dando una charla sobre la abundancia y la siempre creciente prosperidad de los soviéticos. En la fila de atrás, Rabinovich alza la mano. ‘Camarada conferencista, lo que usted dice es muy interesante, ¿pero entonces a dónde se ha ido toda la carne?’ Al día siguiente el conferencista invitado estaba dando otra charla sobre la abundancia y la siempre creciente prosperidad de los soviéticos. En la fila de atrás, Himovich alza la mano. ‘Camarada conferencista, no quiero saber lo que ha ocurrido con la carne, ¿pero puede decirnos lo que ha ocurrido con Rabinovich?’”.
Hay quien pretende vincular la circulación de chistes con el grado de represión de un gobierno. Sin embargo, los chistes están ahí, explícitos o encubiertos en regímenes autoritarios o más o menos democráticos.
En México los ha habido a lo largo de toda la historia. Una precusora de las compilaciones fue Magdalena Mondragón con Los presidentes dan risa (1948).
Schmidt ha recopilado un buen número de ejemplos en ¿Ya se sabe el último? Antología del chiste político en México (Aguilar 1996) y los analiza en Humor en serio. Análisis del chiste político en México (Aguilar 1996).
Asienta el autor: “Los chistes son fáciles de transmitir, no requieren explicación y no crean condiciones para debatir. Siendo graciosos, los chistes son hedonísticos y ayudan a liberar energía, consecuentemente son un instrumento importante para la expresión libre”.
Añade: “Los chistes no corrigen problemas, pero lanzan mensajes sobre los problemas que deben corregirse. El humor político, especialmente los chistes, sintetiza la opinión pública y establece declaraciones políticas en un ambiente político donde la participación formal es indeseable o difícil”.
Si bien todos los gobernantes de México han padecido el asedio humorístico, dos personajes llaman la atención: Álvaro Obregón y Luis Echeverría. El primero porque él mismo se hacía sus chistes y el segundo por ser uno de los mandatarios a los que más se le han hecho chistes.
Obregón contaba la forma en que recuperaron su brazo: “¿Sabe usted cómo encontraron la mano que me falta? Después de hacerme la primera curación, mis agentes se ocuparon en buscar el brazo por el suelo. Exploraron en todas direcciones, sin encontrar nada. ‘Yo lo encontraré’, dijo uno de mis ayudantes que me conoce bien, ‘ella vendrá sola, tengo un medio seguro’. Y sacándose del bolsillo una [moneda], lo levantó sobre su cabeza. Inmediatamente salió del suelo una especie de pájaro de cinco alas. Era mi mano, que al sentir la vecindad de una moneda de oro, abandonaba su escondite para agarrarla con un impulso arrollador”.
También decía que era el político que menos robaba, pues solo tenía una mano.
De su sucesor, Plutarco Elías Calles corrieron chistes que indirectamente le achacaban la muerte de Obregón: “¿Quién mató  a Obregón? Cállese, usted la boca”. Se decía en la época del Maximato que no eran lo mismo las calles del general Prim que las primas del general Calles”. Y no de sus primas, pero si de una de sus hijas, Ernestina, que según el pueblo se daba sus escapadas, la gente cantaba el estribillo “Titina se ha perdido, ¿Titina, ¿dónde estás?” tomado de una canción de la época.
Por la vía gráfica, Juárez y Madero debieron aguantar lo suyo. De Maximiliano se decía “salió huero el güero”.
El caso de Luis Echeverría llama la atención, primero, por la profusión de historias, y luego por que de ser un fenómeno espontáneo pasó a ser una campaña deliberada de desgaste de la figura presidencial.
De los grupos de la ultraderecha se dirigieron las baterías para lograr que el prestigio de los presidentes fuera socavado para restarles autoridad. Se orquestó una campaña de rumores desestabilizadores y
se llegó al extremo de correr la voz de que habría un golpe de Estado.
Los chistes se usaron como parte del arsenal de la guerra psicológica con un efecto devastador.
Paradójicamente, se dice que Echeverría se divertía y pedía a sus cercanos  que le contaran “el último de Echeverría”.
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El Arca de Arena agradece los comentarios de Josefina Magaña. Entre sus arenas, El Arca encontró la denominación para el que funda un movimiento herético, como el patriarca Pérez, Girolamo Savonarola o Simón el Mago. El término es heresiarca. Lo encontraron también Francisco Báez, Bertha Hernández y Miguel Ángel Castañeda.
Una anécdota sobre chistes políticos halló El Arca y pregunta ¿Cómo llamó un famoso cómico de la televisión a uno de los más emblemáticos presidentes de México? Ya encarrerado, el comediante también le cambió el nombre a la ilustre esposa.

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07 04 18    

lunes, 2 de abril de 2018

Herejes, apóstatas, relapsos, contumaces...

Carlos Alberto Patiño




El que contraviene un dogma es un hereje; el que se retracta de sus creencias, abjura; el perjuro falta a su palabra, la da en falso a sabiendas, lo hace con dolo.
El vocabulario para definir a aquellos que las iglesias y algunos partidos y grupos colocan fuera de su seno o de los que por sí mismos se apartan de una fe o corriente es amplio.
Desde los “perros infieles” a los “marranos judaizantes” no han faltado términos para marcar a las personas que tienen posturas diferentes a las de otros grupos mayoritarios.
Pagano es denominación de la época en que se empiezan a consolidar las religiones monoteístas. La palabra viene de paganus, el habitante de las zonas rurales. El pagano adora a los diversos dioses que los otros consideran falsos. Paganos eran los romanos y los bárbaros.
En otro momento de la historia, los pueblos de América fueron clasificados como paganos por los conquistadores y predicadores que los acompañaban. Pero la clasificación se complementaba con la palabra “idólatra” que, al añadir a las representaciones de esas deidades en la denominación, buscaba una manera de justificar la persecución a los creyentes de otras religiones.
Los romanos dejaron de ser paganos a partir de la célebre consigna In hoc signo vinces proclamada por Constantino como fórmula para imponerse a sus enemigos y convertirse al cristianismo.
Los conversos son los que cambian de religión, los que se convierten. Fue de uso extendido en la España de Isabel la Católica, pues las opciones para judíos y musulmanes eran dejar el territorio español o adoptar la fe cristiana.
El problema es que esos conversos siempre fueron sospechosos de falsedad y al menor atisbo de prácticas ocultas de las viejas religiones, se armaban tremendos autos de fe.
Quizá por eso se volvían practicantes extremos, lo que dio lugar a la frase “la fe del converso”.
Y los había que sí renegaban, conversos o cristianos viejos. Peor vistos eran los relapsos, quienes incurrían en una herejía a la que ya habían renunciado (Relapsus, el que vuelve a caer). Contumaces llamaban a los reincidentes (Contumax, con desprecio).
Apóstata es también uno que reniega de su religión, que rompe con la estructura que daba sustento a sus ideas (Apostasía, ponerse fuera).
Célebre fue Juliano el Apóstata, quien, bautizado como miembro de la familia del emperador Constantino, dejó la religión católica para regresar al paganismo cuando asumió él mismo el imperio romano en el año 361.
Hay apóstatas hoy en día que formalizan su apostasía. Es un trámite que se hace ante la Iglesia. A la jerarquía no le gusta, pero tampoco puede impedirlo. Quienes lo llevan a la práctica tienen la idea de dejar constancia de su no pertenencia a un grupo religioso.
Eso sí, la apostasía lleva excomunión latae sententiate, es decir ipso facto, por el acto mismo, sin necesidad de proceso.
Excomulgados son los que pierden el derecho a pertenecer a la comunidad de la Iglesia. Es una expulsión temporal o permanente, que conlleva la negativa de recibir los sacramentos, pero su fin es recuperar al creyente, según dicen algunos conocedores.
La herejía y el cisma también acarrean excomunión ipso facto.
Cisma es una escisión, es la separación de un grupo importante de una organización, es un grupo que desconoce la autoridad papal. En la Iglesia católica fue muy sonado el Gran Cisma, ocurrido en el año 1054 que separó a las iglesias romana y ortodoxa. Hubo también el Gran Cisma de Occidente, cuando la Iglesia tuvo varios papas, los de Aviñón y los de Roma.
En la historia de México hay un episodio poco conocido, el de la cismática Iglesia Católica Apostólica Mexicana. Pido desde aquí a la historiadora de Crónica, Bertha Hernández, que nos hable de esa organización impulsada, dicen, por el presidente Plutarco Elías Calles y dirigida por el patriarca José Joaquín Pérez Budar. Y aprovechando el viaje, le pedimos que también nos hable Bertha de las tentaciones cismáticas de Morelos.
Los blasfemos injurian a Dios, no por sus actos, como todos los pecadores, sino de manera verbal. La Biblia establece pena de lapidación para los blasfemos (Blasfemia, ofender al hablar).
El iconoclasta rechaza las imágenes, los seguidores de esta doctrina destruían los íconos. En sentido amplio y actual, son quienes rechazan autoridad, normas, símbolos  y modelos.
El agnóstico se deslinda de la discusión sobre la existencia de Dios alegando que el entendimiento humano no puede alcanzar la noción de lo absoluto. No hay manera de saber si hay o no deidad.
En cambio, el ateo asegura que no la hay. Desde luego, a ninguna de las religiones les parecen aceptables los ateos.
El librepensador apela a la razón y a la lógica y rechaza dogmas, revelación o autoridad.
El materialista asegura que sólo hay materia y que las manifestaciones de la conciencia proceden de ésta en estados de organización avanzada.
El impío carece de piedad, fe o religión.
Deicida es el que mata a un dios, lo cual implica la contradicción entre la característica inmortal de los dioses y su fin. En la religión católica, el hecho de que Jesús sea también un hombre, da pie a la posibilidad del deicidio. A Judas se la ha atribuido esta acción, pero el apóstol sólo puede ser acusado de complicidad y de traición.
La discusión del tema tiene su importancia, pues durante mucho tiempo se calificó como deicidas a los judíos. Sin embargo, papas y teólogos ya han dejado en claro que no fue así. En todo caso, la responsabilidad recaería en autoridades romanas y el Sanedrín de la época.
El deísta acepta la existencia de Dios, pero no como producto de una revelación, sino a partir del raciocinio.
Un panteísta  (pan, todo) considera al Universo, la naturaleza en su totalidad como Dios.
Una teocracia es, en sentido estricto, el gobierno de Dios. De manera práctica, el término se utiliza para describir a los gobiernos que se sustentan en un aparato religioso, donde los gobernantes son parte de la jerarquía religiosa o un monarca que se dice representante de Dios.
La palabra teomanía significa locura por sentirse Dios. Un monarca como el descrito en el párrafo anterior, bien podría padecer esta patología.
Inicié hablando de herejes. Herejía viene de la palabra griega hairein, que significa escoger, optar. Claro está que ésa es una elección equivocada para la Iglesia.
El Código de Derecho Canónico, en su apartado 751 explica: “Se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma; apostasía es el rechazo total de la fe cristiana; cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos”.
Un anatema se pronunciaba para excluir a los herejes de la Iglesia. Era peor que la excomunión, pues implicaba condena eterna. La palabra significa maldición. El actual Código de Derecho Canónico no la incluye.
Desde el comienzo del cristianismo hubo señalamientos de herejía.
Las hay de todo tipo. Están las que ponen en duda la divinidad de Cristo o del Espíritu Santo, las que niegan el pecado original, las que desconocen la virginidad de María, las que suponen que solamente la pobreza garantiza el perdón, las que rechazan la autoridad y muchas más.
El universo es extenso. Una de las últimas es el sedevacantismo. Sostienen los seguidores de esta postura que el papado está vacante. No reconocen a ningún papa desde Juan XXIII, pues rechazan las disposiciones del Concilio Vaticano II, iniciado por el papa Roncalli y concluido por Giovanni Montini (Paulo VI). Como los pontífices subsecuentes no han dado marcha atrás, los herejes no los consideran sucesores de San Pedro, de hecho, para ellos, los papas de Roma son los herejes.
No puedo dejar de mencionar las condenas a la hoguera por herejía de Giordano Bruno o de Miguel Servet.
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Explicaba El Arca de Arena que la “palabra equidad tiene la etimología latina aequus, que quiere decir igual, llano, justo, equilibrado, equitativo”. A partir de ahí, El Arca pidió un adjetivo que con la misma raíz significa lo contrario. Es equivalente a malvado, injusto. Es parónimo de algo que no hace daño.”
“Inicuo” es el adjetivo; el parónimo es “inocuo”. Tienen etimología diferente. La de inocuo es nocere, dañar, perjudicar.
Respondieron Francisco Báez, Marielena Hoyo y Miguel Ángel Castañeda, quien nos dice que además existe la forma “innocuo”, con el mismo significado.
El Arca saca de entre sus arenas la denominación para el que funda un movimiento herético, como el patriarca Pérez, Girolamo Savonarola o Simón el Mago.

Publicado en La Crónica de hoy 
 

 31 03 18   

martes, 27 de marzo de 2018

Crítica o censura

Carlos Alberto Patiño




¿Tiene límites la imaginación? ¿Cuánta libertad hay para expresar sus creaciones? ¿Es válido constreñirla?
El lenguaje es el vehículo de los productos de la imaginación. Escrito, no verbal, icónico. Sin un sustento que lo comunique, lo imaginario se queda como un acto solipsista, se agota en sí mismo.
Pero las formas de comunicación se coartan con cualquier pretexto. Los guardianes del deber ser brotan por todas partes.
Los tiempos de la corrección política son más cercanos a Torquemada que a Voltaire. Nos tratan de convencer de que hay que defender la tolerancia y la inclusión, pero con las redes sociales se sustituye al potro y al garrote; y el linchamiento virtual no desmerece respecto del real.
La idea de quemar libros no es sana. Es cierto que no es lo mismo quemar a los autores, pero el espíritu de Lynch está en las dos prácticas.
Lo digo por la polémica que se ha desatado con Mario Vargas Llosa, primero por sus opiniones políticas y luego por su postura ante el feminismo extremo.
Yo recomiendo a sus detractores que no lo lean si no están de acuerdo con él. O pregúntense ¿cuándo se jodió Vargas?, y a otra cosa.
De igual manera sugiero que prescindan de leer a Nabokov si Lolita los incomoda, pero se  perderán de una gran novela como Ada o el ardor, si se distancian de este autor.
Lo digo también por la necia pretensión de meter al sexo donde hay género y al género donde hay sexo.
Suponer que la realidad cambia cambiando el lenguaje es tonto, pero no actualizar el lenguaje también lo es.
La cuestión es encontrar la fórmula para evolucionar y conservar.
Creer que si existe la palabra automóvil, como contrapeso justiciero, debe existir “automóvila”, es confundir todo, es una falsa visión. (Automotor y automotriz sí funcionan).
Complicar las formas de decir inventando grafías como “niñ@s” o aumentando el número de palabras usadas es poco práctico y no hace que desaparezca la discriminación que es una praxis y no una mera forma de decir.
El exceso de celo de los políticamente correctos deviene en moralina y se revierte en intolerancia.
Hacer crítica no debe ser censura sino discusión de las ideas.
La confrontación racional enriquece; la descalificación y el rechazo debilitan.
Aunque de creencias e ideología nadie está exento, hay que rehuir de los prejuicios.
Y, sobre todo, hay que saber qué se dice. Aunque no son una maravilla, ahí están los diccionarios para ayudarnos.
Por ejemplo, la palabra equidad, tan socorrida para hablar de equilibrio, significa, según el Diccionario de la lengua española, “1. f. Igualdad de ánimo. 2. f. Bondadosa templanza habitual, propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley. 3. f. Justicia natural, por oposición a la letra de la ley positiva. 4. f. Moderación en el precio de las cosas o en las condiciones de los contratos. 5. f. Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece.”
Aunque el uso actual hace al término sinónimo de igualdad. 
Y con ese tema,  el Instituto Nacional de las Mujeres tiene una campaña #IgualNiMásNiMenos.
En uno de sus promocionales, unos niños dicen: “Ni más creativas ni menos creativos; ni más fuertes ni menos fuertes”; luego una voz de adulto expresa: “Niñas y niños son iguales, es tu responsabilidad educarlas y educarlos igual” y siguen los niños “ni más capaces ni menos capaces; ni más sensibles, ni menos sensibles; Ni más ni menos. ¡Igualdad!”.
En un segundo video, los niños claman: “Ni más curiosos ni menos curiosas; ni más talentosas ni menos talentosos; ni más inteligentes ni menos inteligentes; y de nuevo la voz adulta: “Niñas y niños son iguales, es tu responsabilidad educarlas y educarlos igual”, para rematar: “Ni más hábiles ni menos hábiles; ni más ni menos. ¡Igualdad!”.
Entiendo la intención del organismo, pero en su afán por igualar las oportunidades para los niños sin importar su sexo cae en el desatino de apostar por una mediocridad generalizada, como de novela de Huxley.
Hay niños más inteligentes que otros; los hay con habilidades que superan las de otros. Los hay con grados distintos de sensibilidad.
Lo diré en su lenguaje. Hay niñas y niños más inteligentes que otros y otras niños y niñas.
Los y las hay con talentos que otros y otras no tienen.
¿Es eso un problema? No debería serlo ni debería proponerse como política un igualitarismo estulto.
Hay que estimular los talentos, hay que desarrollar las capacidades de cada cual para que cada quien encuentre su plenitud, niño o niña.
Las diferencias hacen a los individuos, la discriminación los limita. No hay que confundir.
Dicho como lo proponen es abrir la puerta a la cofradía de los mediocres.
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Refocilar o refocilarse es el verbo que buscaba El Arca de Arena. Debo reconocer una falla en el planteamiento, pues no incluí la aclaración de que se trataba de un parónimo del arcaísmo que designaba al rayo. Quizá por eso Marielena Hoyo recordó el “refucuilo”, pero no encontró la expresión en la obra de Cervantes.
La palabra aparece así en El Quijote: “Sucedió, pues, que a Rocinante le vino en deseo de refocilarse con las señoras facas, y saliendo, así como las olió, de su natural paso y costumbre, sin pedir licencia a su dueño, tomó un trotico algo picadillo y se fue a comunicar su necesidad con ellas.” 
Y más adelante: “Había el arriero concertado con ella que aquella noche se refocilarían juntos, y ella le había dado su palabra de que, en estando sosegados los huéspedes y durmiendo sus amos, le iría a buscar y satisfacerle el gusto en cuanto le mandase.”
El primer ejemplo corresponde al capítulo XV de la primera parte, “Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses.”
El segundo es del XVI, “De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta que él se imaginaba ser castillo.”
La palabra equidad tiene la etimología latina aequus, que significa igual, llano, justo, equilibrado, equitativo. Lo explica El Arca de Arena para pedir un adjetivo que con la misma raíz significa lo contrario. Es equivalente a malvado, injusto. Es parónimo de algo que no hace daño.

Publicado en La Crónica de hoy 
 

24 03 18   

lunes, 19 de marzo de 2018

Hijos de su…

Carlos Alberto Patiño



López son los hijos de Lope.
El apellido que más se repite entre los gobernantes de México es López. Un Virrey hubo en la Nueva España llamado Diego López de Pacheco. Fue el decimoséptimo y estuvo a cargo del virreinato de 1640 a 1642.
Entre los presidentes, ya como nación independiente, están Antonio López de Santa Anna, Adolfo López Mateos y José López Portillo.
A López de Santa Anna se le atribuye haber ocupado la Presidencia 11 veces, pero hay autores que sostienen que sólo fueron seis. Con eso bastaba para asegurar que es el apellido que ha estado más veces que ninguno en la Presidencia.
Don Antonio era un pillastre al que muchos consideraban héroe. No hay que olvidar que la versión completa del Himno Nacional lo califica como “El Guerrero inmortal de Zempoala”.
Pero es un hecho que los mexicanos de entonces lo llamaban cada vez que creían necesario que los gobernara. De esa catadura eran nuestros compatriotas en esa época; de esa caradura era él. La Guerra de Texas en el 35 y la guerra con EU en el 47, con las consecuentes pérdidas de territorio, no fueron suficientes para retirarlo. Fue hasta 1855 que el Plan de Ayutla lo expulsó.
Adolfo López Mateos ha sido el presidente que ha logrado los mejores índices de popularidad a largo plazo.
Fue un personaje querido, al punto de que sus conductas, aunque no fueran las más ejemplares, se le festejaban. Es conocida la anécdota que le atribuye preguntar cada mañana a su secretario particular Humberto Romero “¿Qué toca hoy, viaje o vieja?” Se le admiraba la galanura y su gusto por los autos deportivos. Fue el mandatario que obtuvo para México la sede de los XIX Juegos Olímpicos, creó los libros de texto gratuitos, mantuvo un gran impulso a la educación y a la cultura, nacionalizó la industria eléctrica y creó el ISSSTE.
Pero en su cuenta también está la represión a los movimientos ferrocarrilero (el de Demetrio Vallejo y Valentín Campa) y magisterial (el de Othón Salazar). El caso extremo fue el de los asesinatos del dirigente agrario Rubén Jaramillo y su familia.
Con todo su carisma, don Adolfo nunca pudo separarse de esas historias.
El último es López Portillo. Con él y con su antecesor Luis Echeverría comenzó un fuerte deterioro de la imagen presidencial (Díaz Ordaz tuvo lo suyo, pero sólo en algunos sectores). Jolopo le decían por el acrónimo de su nombre, pero terminó como El Perro, por su dicho de que como tal defendería al peso... y desató la más terrible de las inflaciones que hemos padecido. También se le festejaban sus amoríos. Muy señalado fue el que se le achaca con su secretaria de Turismo. Hasta del nepotismo hacía gala. Los niveles de corrupción en su sexenio llegaron a cotas inimaginables. El botón de muestra es su jefe de policía, Arturo El Negro Durazo.
Esos han sido nuestros López y así nos ha ido.
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Y ya que estamos con los apellidos, hablemos de ellos.
Entre nuestros usos y costumbres está la de transmitirlos a nuestros descendientes. La norma civil era la de poner primero el apellido del padre.
No nos metamos en las honduras de dilucidar las razones de esa práctica a la que no llamaré machista, pues antecede al concepto, aunque no al sentido. Sería un anacronismo efectista, sobre todo en algunos sectores, pero inadecuado.
Más allá de Federico Engels y sus ideas sobre el origen de la familia, supongamos que los apellidos surgieron cuando las comunidades humanas crecieron lo suficiente para hacer necesario distinguir a sus miembros e identificarlos por su pertenencia a los distintos grupos o familias.
De hecho, una de las denominaciones para los apellidos es “patronímico”, que viene del nombre del padre.
Lo curioso es que a mí me parece que, en el origen, los nombres debieron estar más vinculados a la línea materna. “Hijos de mis hijas, mis nietos serán; hijos de mis hijos, el Diablo sabrá”, decía mi abuela (El dicho concluye “en duda estarán”, pero doña Manuelita metía al de los cuernos por alguna razón).
Debió haber sido como cuenta la anécdota sobre el guitarrista gaditano Francisco Gustavo Sánchez Gómez. En Algeciras había con seguridad varios rapaces con el hipocorístico “Paco”. Así que tras alguna fechoría, los adultos se preguntaban “¿Quién ha sido?”. “Paco”, respondían otros. “¿Y cuál de ellos?”. “El de Lucía”, era la frecuente respuesta.
Luego, el talentoso muchacho lo tomó como el nombre profesional que lo llevó a la fama: Paco de Lucía.
¿No parece una forma natural para identificar a las personas?
Otra forma, cuando el nominado emigraba y el apellido quedaba en usufructo del primogénito, era referir el lugar de origen: Rodrigo de Triana, Leonardo da Vinci, Francisco de Asís.
De nuevo, sin meterme en los berenjenales de la calificación o descalificación de las costumbres, aunque ahora sí pensando en Engels y la propiedad privada, vino la necesidad de asegurar filiación y legados.
Así que el hijo de Pedro fue Pérez; el de Muño, Muñoz; el de Martín, Martínez… El patronímico más común en México es Hernández, el de los hijos de Hernán.
Una manera más de distinguir a las personas es por las características físicas o morales de algún antepasado.
Gerardo Bueno, Salvador Malo, Carlos Prieto, Genaro Moreno, Vicente Guerrero, Miguel Hidalgo, Arquímedes Caballero…
Algunos apellidos derivan de los oficios que se ejercieron: Hortelano, Herrero, Pastor…
Los hay relacionados con animales, plantas u objetos: Gallo, Del Toro, Cuervo, Zorrilla, Becerra, Cabral, Arce, Del Olmo, Manzanilla, Centeno, Lanza, Torres, Platas…
Los hay de colores: Añil, Cano, Celeste… Blanco era el materno de mi padre. Y el que me legó, Patiño, es “pequeño pato” en lengua gallega.
No hay modos (ni modas) que no cambien. Así que sonó la hora de modificar los usos.
En cuatro entidades de la República, Morelos, Estado de México, Yucatán y Ciudad de México, la ley autoriza a los padres a elegir si será el materno el primer apellido de los hijos. En otros estados, las madres solteras pueden registrar a sus vástagos con el propio. En muchas partes la legislación no especifica el orden, pero se rigen por la costumbre, a menos de que con buenos argumentos se convenza al juez de inscribir primero el materno.
Para darnos una idea del talante que prevalece en El Bajío, la ley en Guanajuato impone el paterno.
Y no se puede terminar este análisis sin acordarnos del “Hijo de Su”, personaje al que popularizó Tin Tan. Era un chico malo a quien no le gustaba trabajar y ni el agua, por no bañarse.
No tenía amigos, robaba y bailaba como apache… “El hijo´e Su era un/ muchacho el hijo´e Su/hijo de Doña Susana hijo´e Su/desde chico era muy malo/pa´levantarse temprano/dicen que nació cansado el hijo´e Su”.
.-.-.-.-
Regaños. La fotografía nos muestra a un reptil arrastrado por la cola y el texto dice: “Un ejemplar de cocodrilo —de casi dos metros de longitud— fue arrollado por un auto en movimiento al salir de la laguna Negra de Puerto Marqués, ubicada en el acceso principal de playa revolcadero, en la zona Diamante del puerto”.
Muy bien, un auto en movimiento. El corresponsal, el editor y el corrector imaginan que los automóviles detenidos pueden arrollar seres así nomás, sin tener la condición necesaria para causar daño. “Lo que mata es la velocidad”, decía mi maestro de física para explicar inercia, energía cinética y otros conceptos de la mecánica.
Es pleonasmo decir que el vehículo estaba en movimiento.
.-.-.-.-
El Arca de Arena estaba en busca de un sinónimo de una palabra que se usa para hacer un encomio. Es un discurso laudatorio al que el diccionario académico lo asocia con Baco o Dioniso.
La respuesta vino del lector Miguel Ángel Castañeda Rangel, quien nos explica que “Ditirambo es composición poética laudatoria que expresa un gran entusiasmo por el objeto a que se dedica el elogio. Alabanza exagerada”. Marielena Hoyo añade que el vínculo con Baco está relacionado porque el término es sinónimo del dios griego del vino y sus excesos.
El Arca anda en pos de una palabra que aparece varias veces en El Quijote. Es una palabra que apareció ya en Giros asociada con un arcaísmo para denominar a la descarga eléctrica que se produce en la atmósfera. Sin embargo, Cervantes la usa con otro significado, también antiguo. El Manco de Lepanto la ocupa para referirse a encuentros placenteros entre hombres y mujeres o entre caballos, burros y sus hembras. El DLE la presenta como una acción que recrea, calienta y vigoriza.

Publicado en La Crónica de hoy 
 
17 03 18  
 

lunes, 12 de marzo de 2018

¿Argumentos o falacias? Créale a las campañas

Carlos Alberto Patiño

 


¿Qué tan válida puede ser una opinión? ¿Qué la hace valer?
En estos días y meses que corren, las opiniones nos inundan, amenazan con aplastarnos. De todas partes, por todos los medios nos llegan mensajes encaminados a influir en nuestras decisiones.
Hay alegatos, ataques y pocas proposiciones.
¿Cómo podemos cribar ese alud? ¿Cómo separamos el grano de la paja?
En primer lugar, es importante tener cuidado con los adjetivos, que de calificativos se convierten en elementos de descalificación.
Con un adjetivo se pone de lado lo sustancial. Se dirige la atención a alguna característica que no siempre es cualidad. Se relega o disminuye lo sustantivo.
Los discursos de campaña están llenos de estos elementos.
En un mundo ideal, donde las formas de la democracia sí correspondieran a las ideas democráticas, los discursos contendrían propuestas sólidas y realizables, no promesas vanas, panegíricos, acusaciones ni vituperios.
No perdamos de vista que el objetivo de los políticos en campaña es persuadir. Y con esa meta se suelen valer de dos vías: La argumentación o el engaño.
Se entrambulican ambos caminos de manera descarada. Así es la política y así son los políticos.
Argumentar es presentar razonamientos que demuestren una proposición.
Deberían ser los ladrillos para construir los discursos, las columnas, los artículos… deberían ser.
Los argumentos, como razonamientos que son, deben partir de premisas verificables.  Una buena argumentación debe ser consistente; es decir, no tiene que incluir contradicciones. La argumentación se dirige a demostrar un punto. Si está bien hecha, le dará al público los elementos para que tome una decisión, por ejemplo, emitir un voto.
¿Son así los mensajes que nos apabullan?
Así como con los adjetivos, tenemos que  tener cuidado con las falacias.
Son estas formas argumentales juicios tramposos; aparentan ser demostraciones ciertas, pero envuelven el grano de la falsedad.
Las hay involuntarias, se tropieza con ellas por mera torpeza lógica o falta de rigor.
Y las hay interesadas, pergeñadas con mala leche, como salidas del ministerio de Joseph Goebbels. Albergan dolo entre sus  componentes, su intención es aviesa.
Si en la prepa, además de todo lo que se hace en esa etapa, a veces, un poquito, nos dedicábamos a estudiar, sabremos de lo que se habla.
De cualquier modo, hagamos un repaso.
Se incurre en la falacia cuando se extraen conclusiones que no corresponden a las premisas. Pueden éstas ser verdaderas, pero el juicio, falso.
Hay casos de aparente veracidad, pero apuntaladas en falsas premisas. La falla no es siempre en el criterio de verdad, sino la construcción del razonamiento… Voluntaria o involuntariamente.
Desde Aristóteles están bajo la mira las falacias. Volvamos a la prepa y veamos algunos ejemplos.
La típica es la de falsa conclusión. Es el caso de las orejas de burro:
Los burros tienen orejas/Sócrates tiene orejas/Sócrates es un burro. Es muy simple, elemental, y nos la quieren aplicar tantas veces.
Continuemos con el repaso.
La falacia de falsa generalización es frecuente, vean si no el viejo eslogan de la cervecería Modelo. Es de los años 40 del Siglo XX: “Veinte millones de mexicanos no pueden estar equivocados”, pero que creen, la mayoría no hace verdad, aunque nos acomode. Es del tipo “Por el bien de todos”
¿Es tan difícil atender a la razón? Los autores de campañas publicitarias y propagandísticas suponen que no y creen que votaremos por un candidato sólo porque Yuawi nos cae bien. Es un chico carismático, de hecho lo es más que su candidato, que solo acierta a fungir como comparsa en un promocional. ¿Eso los convenció de dar su voto? 
La pregunta es tonta, pero ahí está el promocional.
La falacia llamada de conclusión irrelevante es típica. Es la que argumenta a partir de cualidades de una persona que no necesariamente corresponden a la función que deben desempañar, como a los futbolistas… quise decir boxeadores, a los que se lanza a un puesto de responsabilidad. La construcción va así, sin futbolistas ni boxeadores ni otros especímenes que no es oportuno mencionar: “Juanito es un corredor, va a misa y es buen padre. Merece ganar la medalla”.
La falacia por argumento ad hominem es la que descalifica a la persona antes que al argumento. “Fulano es de la mafia en el poder”, pero está la más burda y cotidiana, no la justificaré, aunque alcanzo a entenderlo: “Lo dice Alejandro, pero es americanista”.
Está la contraparte, no los que les van a las Chivas o al Cruz Azul, que los hay, sino a la apelación a la autoridad. Es como cuando citamos a Einstein para justificar cualquier argumento o al Papa o al Chicharito: “Como Einstein decía, todo es relativo”, “Como dijo el santo Papa… sólo Veracruz es bello”, “El Chicharito toma Coca-cola” O esta que es típica, “Me dijo mi cuñado que va a temblar y él trabaja en la Universidad”. (Es contador)
Falacias, las hay a granel. Aparecer como víctima es una de frecuencia inconmensurable: “Es compló”, “todo fue legal, es campaña en mi contra”... Y las que usted identifique.
Los encuestadores saben que no deben confundir con las preguntas ni inducir las respuestas, así que para ellos no van los siguientes ejemplos, como el de la pregunta compleja, cuando se pide una respuesta a dos o más cuestionamientos o a una inquisición  ambigua: “¿Quieren portarse bien y callarse?” ¿Y si nada más necesitamos que se callen?
Otra: “¿Ha dejado de emborracharse?” La respuesta implica que siempre se emborracha.
Y aquí vamos con el énfasis como recurso falaz. Ocurre cuando se destaca uno de los elementos del enunciado: Un día, el capitán de un navío anota en la bitácora: “Hoy, el contramaestre estaba borracho”.
El aludido lee la bitácora y reacciona. Escribe: “hoy el capitán estaba sobrio”. No mentía, pero dejaba entrever que el oficial no siempre lo estaba.
Otro ejemplo clásico es el de el ídolo nacional: “Pedro Infante no ha muerto… Vive en el corazón de los mexicanos.
Llegamos a la falsa causa. Se relaciona causalmente a dos fenómenos de ocurrencia simultánea: “Me tomé el refresco y me empezó a doler la cabeza. El refresco provoca dolor de cabeza”. O el ejemplo experimental: “Tomé ron con agua mineral y me embriagué. Tomé whisky con agua mineral y me embriagué. Tomé vodka con agua mineral y me embriagué. Ten cuidado con el agua mineral”
No todos los casos son tan evidentes. Las argucias de los propagandistas son a veces obvias, a veces sutiles. Como las voces de los íncubos y súcubos, a cual más seductora.
De eso se trata, de obnubilar la razón para que se actúe por la emoción.
“Estad despiertos”, recomendaba el evangelista Marcos.
Aunque, optimista, pienso en lo que decía Don Quijote en el capítulo XXII de la primera parte: “Aunque bien sé que no hay hechizos en el mundo que puedan mover y forzar la voluntad, como algunos simples piensan; que es libre nuestro albedrío, y no hay yerba ni encanto que le fuerce”.
Así sea en la temporada electoral.
.-.-.-.-.-.
Llegado hemos a El Arca de Arena. Buscábamos “una expresión latina de doble palabra. Tiene que ver con el tema de la pasada entrega de Giros. Originalmente se refería a la tablilla sin marcas, cuando aún no recibían ningún texto. Actualmente equivale a desentenderse de los matices, de ignorar diferencias y actuar como si todo fuera parejo. Puede significar “borrón y cuenta nueva”, “partimos de cero”. Es la “tabula rasa”, como respondieron Marielena Hoyo y Bertha Hernández.
Ahora El Arca va por un sinónimo de la palabra que se usó en uno de los primeros párrafos de esta entrega para hablar de un encomio. Es un discurso laudatorio. El diccionario académico lo asocia con Baco o Dioniso.

Publicado en La Crónica de hoy 
 
10 03 18  
 

 

viernes, 9 de marzo de 2018

De puro relumbrón

Carlos Alberto Patiño


Es vicio de locutores utilizar palabras sin conocer su significado. Lo es también de algunos reporteros y de muchos productores de memes.
“Se veía muy ad hoc”, escuché decir por ahí. La comentarista hablaba de una personaje (personaja todavía no existe) que relucía en su atuendo. Se pudo haber dicho que brillaba, que destacaba, hasta que refulgía, ¿pero ad hoc?
La expresión viene del latín. Se usa, nos explica el DLE, “para referirse a lo que se dice o hace sólo para un fin determinado”. También es una locución adjetiva que significa “Adecuado, apropiado, dispuesto especialmente para un fin”.
Nuestra “comunicadora” seguramente oyó la expresión por ahí y le pareció que apantallaba, pero nunca se tomó la molestia de averiguar el significado y sin más la soltó al micrófono.
“Fue un chiste épico”, decía un joven redenauta para ponderar el gracejo de un su compinche.
Lo épico es lo que se refiere a la epopeya, el relato de las hazañas de un héroe o personaje de leyenda. Es también adjetivo que describe lo grandioso, las cosas o acontecimientos fuera de lo común.
Considerar épico un chiste es, por decir lo menos, exagerado.
Enfisema es palabra fuerte, es una enfermedad grave. Es una de las maldiciones del fumador.
Tan fea es la cosa que al reportero le pareció que no había nada peor. Para darle sentido humano a su trabajo, presentó el caso de un joven al que la fuerte contaminación de una ciudad del Bajío le ocasionó el mal. La creatividad y emoción llevaron al reportero a escribir “La voz del doctor lo sacó del letargo para volverlo a su cruel realidad: “enfisema pulmonar o lo que es lo mismo cáncer en los pulmones”.
Más dramático, imposible. Pero hasta el doctor quedó en entredicho. No es necesario aclarar que enfisema y cáncer son enfermedades distintas. En la primera se destruye el tejido pulmonar. Los alvéolos se agrandan y hay dificultad para respirar. Los órganos pierden la capacidad de oxigenar la sangre y, con los años, puede ocurrir un colapso pulmonar. Es un hecho que la calidad de vida se deteriora de manera notable.
El cáncer se origina por una proliferación descontrolada de células. Son tejidos sin función que invaden y afectan a los órganos. Definitivamente, enfisema y cáncer carecen de equivalencia.
Asueto, define el Diccionario de la Academia Española, es “Interrupción temporal por descanso del trabajo, los estudios u otra actividad habitual, especialmente si dura un día o unas horas. Día, tarde de asueto”.
Las negritas en las palabras “por descanso” las puse para destacar el sentido del vocablo.
A un cabeceador, la persona que pone cabezas o titulares, seguramente soltero o sin hijos, le pareció que una licencia de trabajo era un descanso y nos dice que se proponen seis “días de asueto para padres con menores enfermos”.
¿De veras cree el editor que cuidar a un niño enfermo es un descanso? Si atenderlos sanos es garantía de fatiga...
Las ventas van de la mano con los festejos. No hay verbena en la que no se presenten los comerciantes de toda índole. Es parte de la fiesta, pero tal celebración no es sinónimo de la acción de “la recolección o cosecha de la uva” (DLE dixit).
Así que hablar de vendimia cuando se instalan puestos de venta de comida, golosinas, artesanías o fayuca en la vía pública o en plazas y parques, es un dislate. La similitud de la raíz de las palabras no justifica el equívoco de ninguna manera.
La propensión a adornarse con el empleo de palabras rimbombantes es vicio extendido.
Cualquiera cree que puede destacar con esta fórmula. O peor, cuando se trata de “corregir” supuestos errores. Es el caso del “vaso con agua” extendido en la comunidad de los meseros. Tal como lo vimos en el artículo “Su vaso es de agua, Luis”.
Y ocurre con aquellos que creen que reproducir un documento es copear. Es harto frecuente este “correccionismo”. Incluso, hay multitud de secretarias y estudiantes que se encargan de fotocopear papeles.
En realidad copear, según explica el Diccionario de la lengua española es “vender por copas las bebidas”, “tomar copas” y, como mexicanismo, “emborracharse (beber hasta trastornarse los sentidos)”. Reproducir documentos es copiar, a menos que uno esté copeando y pierda la noción de lo que escribe.
Lo sorprendente es que es muy fácil librarse de estos errores. Basta con consultar un diccionario. Oigo o leo una palabra que no conozco y que me impresiona, me la grabo para usarla en la menor oportunidad, pero me aseguro de su significado para no regarla.
Incurrir en la conducta del imitamonos (palabra no reconocida por los diccionarios, aunque de amplio uso familiar, por lo menos en mi familia) no es lo más recomendable. Con un poco de esfuerzo se puede aumentar el vocabulario sin caer en el ridículo.
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Regaños. Con la tónica de esta entrega no harían falta los Regaños, pero un reportero televisivo se lo ganó. Era el típico comentario del 14 de febrero, El sujeto dijo algo así como “no faltaron las visitas al “cuatro letras” ¡Cuatro!, claro, como la hache es muda... Algo está podrido, no en Dinamarca, sino en nuestro sistema educativo.
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El Arca de Arena se siente un tanto frustrada. Fueron varias las personas que respondieron “inmaculada” a la petición del “vocablo que expresa la idea de limpieza, ausencia de manchas; es sinónimo del femenino que por antonomasia se da a la Virgen María”.
Les pasó desapercibida la aclaración de que es un sinónimo de la denominación de la Virgen. Claro que ella es conocida como “La Inmaculada”, pero la palabra buscada es impoluta, impoluto.
Respondió Bertha Hernández.
Bien, ahora El Arca pide una expresión latina de doble palabra. Tiene que ver con el tema de la pasada entrega de Giros. Originalmente se refería a la tablilla sin marcas, cuando aún no recibían ningún texto. Actualmente equivale a desentenderse de los matices, de ignorar diferencias y actuar como si todo fuera parejo. Puede significar “borrón y cuenta nueva”, “partimos de cero”.


Publicado en La Crónica de hoy 
 
03 03 18