Carlos Alberto Patiño
Propagandistas y publicistas saben que el escándalo jala. Utilizan
cualquier recurso para atraer la atención de votantes o consumidores. Lo
hacen con la ortografía, la prosodia y la sintaxis.
En reciente campaña, los promotores de la candidata del Partido Verde
Ecologista de México al gobierno de la Ciudad, Mariana Boy, suponen que
es muy ingenioso jugar con la homofonía del apellido de la abanderada
con la primera persona del verbo ir.
Es pobre el recurso y representa un problema en un país que requiere reforzar su educación... desde la ortografía.
El chistecito va a contribuir a que muchos ciudadanos confundan la
grafía, como lo hacen secundarianos, preparatorianos y hasta
posdoctorantes con “o sea”, cuya forma de escritura creen que es “osea”.
Quizá habrá quien piense que exagero, pero hay riesgo sin ganancia.
¿O de veras en las filas del Verde creen que el jueguito de palabras les
va a dar votos? #Boycontodo, #BoyconlaCiudad. No me harán decir
“Boyavotar”.
En tiempos pasados, una vidriería, la Cabañas, en Santa María la
Ribera, jugó también con el choque ortográfico. Su lema era “Bidrios, lo
escribimos mal pero los colocamos bien”. La provocación lograba su
efecto, aunque sí dejaba claro que la ortografía no era la correcta.
Con la misma intención, una casa fabricante de bolsas ponía su rótulo “volzaz” en la Avenida Fray Servando.
Son casos deliberados, como los son los neologismos mal logrados que sólo dejan confusión.
Fue el caso del Banco Internacional que se convirtió en “Bital”
¿Saben cuántos alumnos me ponían el líquido “bital”? Así lo leían en las
marquesinas y en los anuncios y su endémica falta de otras lecturas
producía ese resultado.
Ocurre ahora con la Clave Bancaria Estandarizada, pues su acrónimo “clabe” hace sus estragos en la escritura.
De Fox y su “Yo tampoco. Yo nunca. No puedo ni pensar en ‘hechar’ por
la borda mi querido País”, no hay que decir más que los hay que creen
que sí echó al país por la borda, y nos demuestra que a la ortografía
también, aunque no se diera cuenta, como con mucho de lo que hizo.
(¡Ah!, la columna de los chistes fue la semana pasada).
Y “haiga sido como haiga sido”, ¿cómo fue? Lo escudó Felipe Calderón
con la expresión “como dicen en mi tierra”. Vale, pero deja abierta la
justificación para usar el lenguaje saltándose las normas. A fin de
cuentas, “lo dice así el pueblo”, “lo decían así mis tías”… Es salirse
por la tangente con un chistorete lingüístico.
Ni qué decir del dialecto tabasqueño. Como López, las personas hablan
así en sus rumbos. Son sus maneras y eso no es criticable. Sí lo es el
abusivo uso de términos descalificadores que hace el perenne candidato. Y
además son arcaísmos en el semiabandono. Solo él les dice “fifís”
(“fifíes”) y “pirrurris” a sus contrincantes, y lo hace de manera
discriminatoria. No argumenta, bulea.
Célebre fue en los años 80 la campaña de la mueblería K2, la de la
indestructible melamina ponderosa (los jóvenes y aun los de mediana edad
se preguntarán qué es eso, pero los de mayor sabiduría —je, edad— sí
que entenderán).
Hablaba Julio Alemán, un actor de la época, y promovía camas a
increíbles precios. Para hacer más atractiva la oferta incluía un juego
de (sic) “buroes”.
No tardaron en llegar las críticas al deficiente manejo lingüístico
del galán en funciones de locutor. El caso mereció la atención del
académico José G. Moreno de Alba en su columna “Minucias del lenguaje”.
En siguiente comercial se defendió Alemán. Explicó “buroes, porque es aguda”, y siguió con su parlamento.
Ya nadie le dijo que la regla de la “e ese” en los plurales de palabras agudas se ocupa con las vocales débiles.
Recordemos, las vocales son débiles (i, u) y fuertes (a,e,o). Los
plurales para las fuertes se hacen con una ese. “Mamás”, “cafés”,
“burós”.
El plural de las agudas débiles es el que toma la terminación “e
ese”: “Ajíes”, “rubíes”, “jabalíes”, y era “menúes” y “tabúes”, pero,
hoy en día se aceptan formas como “menús”, “tabús”, “saudís” y
“saudíes”, y se usa ya solo en textos literarios el que antes era una
excepción “maravedís, “maravedíes”, “maravedises”. Eso sí, los “buroes”
no sobrevivieron a la década de los 80 del XX.
La “expulsación” entra en la publicidad con falta al hablar, como muchas de las barbaridades que acabó por imponer Chespirito con sus subnormales personajes.
En la misma línea queda el nombre del programa Cien mexicanos ‘dijieron’.
.-.-.-.-.-
Samuel Schmidt escribió a este periodista para agradecer la columna
sobre los chistes. Nada qué agradecer, doctor. Al contrario, sus textos
fueron base para concretar la entrega.
.-.-.-.-.-.
Una anécdota sobre chistes políticos pidió El Arca de Arena. Preguntó
¿Cómo llamó un famoso cómico de la televisión a uno de los más
emblemáticos presidentes de México? Ya encarrerado, el comediante
también le cambió el nombre a la ilustre esposa.
Fue Manuel El Loco Valdés el autor del chiste: En 1972 (El Año de Juárez, por decreto de Luis Echeverría) durante una de las transmisiones de El show del Loco Valdés, el
personaje preguntó al aire: ¿Quién fue el primer presidente bombero? Y
contestó: “Bomberito Juárez”. Tremenda multa le impuso la Secretaría de
Gobernación por su chiste. Los que se quejan ahora, deberían haber
conocido lo que era la censura entonces.
Sin empacho alguno, en el siguiente programa Valdés pidió el nombre
de la esposa del Benemérito. Su respuesta fue “Manguerita Maza de
Juárez”. Y de nuevo le cayó la multa y ahora con amenaza de clausurar el
programa.
Un antecesor del cómico en las carpas fue Palillo. Hacía
sketches políticos y dos gendarmes que presenciaban las funciones se lo
llevaban detenido a la delegación. El público, divertido y solidario le
lanzaba monedas al actor para que pagara su multa y siguiera burlándose
de los políticos.
Francisco Báez, Bertha Hernández, Luz Rodríguez, Marielena Hoyo, Miguel Ángel Castañeda y Gustavo Adolfo dieron la respuesta.
El Arca quiere revisar homófonos. Pretención y
pretensión; atizar y atisar; sabia y savia; tuza y tusa; zopa y sopa.
¿Son válidos todos los enlistados?
Publicado en La Crónica de hoy
14 04 18
Carlos Alberto Patiño
El
chiste es un tema muy serio, pero pocos lo toman así. Aunque causa
risa, a veces representa una manifestación de descontento, es también
vía de canalización de temores y de acción política.
El doctor Samuel Schmidt se ha ocupado en serio del tema en diversos libros, ensayos y artículos.
Nos dice que Freud estableció una relación entre los chascarrillos y aspectos psicológicos personales y sociales.
De hecho, el médico austriaco tiene un libro titulado El chiste y su relación con lo inconsciente.
Como en todas las ramas del psicoanálisis, en los chistes hay expresión de deseos, sublimación y transferencias.
Pero
tiene otra característica (no lo dice Freud; sí, Schmidt): Se
convierten en una válvula de escape para las tensiones sociales. Dicho
como lo harían las abuelas de antes, sirve para desahogarse.
Por
eso, en cuanto hay una tragedia, brota el humor macabro que atribuimos a
los mexicanos, pero en realidad no es exclusivo de nuestra
idiosincrasia.
El chiste llega a funcionar como una herramienta de resistencia bélica y política.
Así lo explica la doctora Kathleen Stokker en un ensayo sobre la ocupación nazi en Noruega (Heil Hitler - Dios salve al rey: Chistes y la resistencia noruega 1940-1945, en Revista Mexicana de Cultura Política, número 8, 2016).
Nos
indica la especialista escandinava cómo los chistes funcionana para que
los invadidos empiecen a organizarse para resistir a los alemanes.
El
chiste, nos dice, acerca a los inconformes y les permite expresar su
descontento, por una parte, y reconocerse, identificarse y lograr la
empatía necesaria para enfrentar al enemigo.
Algunos de los
chistes que ella analiza ridiculizan a los nazis: “¿Sabes la diferencia
entre los nazis y una cubeta con estiércol? ¡La cubeta!”
“Un niño
está sentado en una banqueta jugando con unos gatitos. Un oficial alemán
pasa por ahí y le pregunta al niño, ‘¿Estás jugando con unos gatitos?’
‘No’, le contesta el niño, ‘son nazis’, Tres semanas después, el mismo
oficial pasa por ahí de nuevo, y viendo al mismo niño jugando con los
gatitos, le dice ‘¿Todavía estás jugando con esos nazis?’ ‘No’, le
contesta el niño. ‘Ya no son nazis; ¡ya abrieron los ojos!’”.
En
otros casos se burla de las situaciones extremas: “En septiembre de
1941, cuando se declaró la ley marcial en Oslo, se publicó una lista de
ofensas que declaraba: ‘Usted será fusilado si… etc. Usted será fusilado
si… Usted será fusilado si…’ A esto, alguien agregó: ‘¡Usted será
fusilado si aún no ha sido fusilado!’.
O las exageraciones de la
propaganda: “Tras la campaña en Noruega, 100 soldados alemanes llegaron
al cielo. ‘¿De dónde vienen?’ preguntó San Pedro. Ellos le dijeron que
habían muerto en Noruega. San Pedro entró a checar el registro.
Regresando, les dijo: ‘Según los registros oficiales, sólo dos soldados
alemanes murieron en Noruega. Ellos pueden entrar; los demás se pueden
ir al infierno’”.
De igual manera, los hay que demuestran el
desprecio que los noruegos tenían por los nazis: “Un soldado alemán
visitaba los barcos vikingos, pero no pensaba que fueran nada especial.
‘Puede que no te impresionen estos barcos,’ le dijo el guardia, ‘pero
después de todo, los noruegos sí lograron invadir Inglaterra con ellos”.
La
doctora Stokker comenta que también en gobiernos autoritarios como el
soviético aparecen los chistes: “Un conferencista invitado estaba dando
una charla sobre la abundancia y la siempre creciente prosperidad de los
soviéticos. En la fila de atrás, Rabinovich alza la mano. ‘Camarada
conferencista, lo que usted dice es muy interesante, ¿pero entonces a
dónde se ha ido toda la carne?’ Al día siguiente el conferencista
invitado estaba dando otra charla sobre la abundancia y la siempre
creciente prosperidad de los soviéticos. En la fila de atrás, Himovich
alza la mano. ‘Camarada conferencista, no quiero saber lo que ha
ocurrido con la carne, ¿pero puede decirnos lo que ha ocurrido con
Rabinovich?’”.
Hay quien pretende vincular la circulación de
chistes con el grado de represión de un gobierno. Sin embargo, los
chistes están ahí, explícitos o encubiertos en regímenes autoritarios o
más o menos democráticos.
En México los ha habido a lo largo de toda la historia. Una precusora de las compilaciones fue Magdalena Mondragón con Los presidentes dan risa (1948).
Schmidt ha recopilado un buen número de ejemplos en ¿Ya se sabe el último? Antología del chiste político en México (Aguilar 1996) y los analiza en Humor en serio. Análisis del chiste político en México (Aguilar 1996).
Asienta
el autor: “Los chistes son fáciles de transmitir, no requieren
explicación y no crean condiciones para debatir. Siendo graciosos, los
chistes son hedonísticos y ayudan a liberar energía, consecuentemente
son un instrumento importante para la expresión libre”.
Añade:
“Los chistes no corrigen problemas, pero lanzan mensajes sobre los
problemas que deben corregirse. El humor político, especialmente los
chistes, sintetiza la opinión pública y establece declaraciones
políticas en un ambiente político donde la participación formal es
indeseable o difícil”.
Si bien todos los gobernantes de México han
padecido el asedio humorístico, dos personajes llaman la atención:
Álvaro Obregón y Luis Echeverría. El primero porque él mismo se hacía
sus chistes y el segundo por ser uno de los mandatarios a los que más se
le han hecho chistes.
Obregón contaba la forma en que recuperaron
su brazo: “¿Sabe usted cómo encontraron la mano que me falta? Después
de hacerme la primera curación, mis agentes se ocuparon en buscar el
brazo por el suelo. Exploraron en todas direcciones, sin encontrar nada.
‘Yo lo encontraré’, dijo uno de mis ayudantes que me conoce bien, ‘ella
vendrá sola, tengo un medio seguro’. Y sacándose del bolsillo una
[moneda], lo levantó sobre su cabeza. Inmediatamente salió del suelo una
especie de pájaro de cinco alas. Era mi mano, que al sentir la vecindad
de una moneda de oro, abandonaba su escondite para agarrarla con un
impulso arrollador”.
También decía que era el político que menos robaba, pues solo tenía una mano.
De
su sucesor, Plutarco Elías Calles corrieron chistes que indirectamente
le achacaban la muerte de Obregón: “¿Quién mató a Obregón? Cállese,
usted la boca”. Se decía en la época del Maximato que no eran lo mismo
las calles del general Prim que las primas del general Calles”. Y no de
sus primas, pero si de una de sus hijas, Ernestina, que según el pueblo
se daba sus escapadas, la gente cantaba el estribillo “Titina se ha
perdido, ¿Titina, ¿dónde estás?” tomado de una canción de la época.
Por la vía gráfica, Juárez y Madero debieron aguantar lo suyo. De Maximiliano se decía “salió huero el güero”.
El
caso de Luis Echeverría llama la atención, primero, por la profusión de
historias, y luego por que de ser un fenómeno espontáneo pasó a ser una
campaña deliberada de desgaste de la figura presidencial.
De los
grupos de la ultraderecha se dirigieron las baterías para lograr que el
prestigio de los presidentes fuera socavado para restarles autoridad. Se
orquestó una campaña de rumores desestabilizadores y
se llegó al extremo de correr la voz de que habría un golpe de Estado.
Los chistes se usaron como parte del arsenal de la guerra psicológica con un efecto devastador.
Paradójicamente, se dice que Echeverría se divertía y pedía a sus cercanos que le contaran “el último de Echeverría”.
.-.-.-.-.-.-.-
El Arca de Arena agradece los comentarios de Josefina Magaña. Entre sus arenas, El Arca
encontró la denominación para el que funda un movimiento herético, como
el patriarca Pérez, Girolamo Savonarola o Simón el Mago. El término es
heresiarca. Lo encontraron también Francisco Báez, Bertha Hernández y
Miguel Ángel Castañeda.
Una anécdota sobre chistes políticos halló El Arca
y pregunta ¿Cómo llamó un famoso cómico de la televisión a uno de los
más emblemáticos presidentes de México? Ya encarrerado, el comediante
también le cambió el nombre a la ilustre esposa.
Publicado en La Crónica de hoy
07 04 18
Carlos Alberto Patiño
El que contraviene un dogma es un hereje; el que se retracta de sus creencias, abjura; el perjuro falta a su palabra, la da en falso a sabiendas, lo hace con dolo.
El
vocabulario para definir a aquellos que las iglesias y algunos partidos
y grupos colocan fuera de su seno o de los que por sí mismos se apartan
de una fe o corriente es amplio.
Desde los “perros infieles” a
los “marranos judaizantes” no han faltado términos para marcar a las
personas que tienen posturas diferentes a las de otros grupos
mayoritarios.
Pagano es denominación de la época en que se empiezan a consolidar las religiones monoteístas. La palabra viene de paganus, el
habitante de las zonas rurales. El pagano adora a los diversos dioses
que los otros consideran falsos. Paganos eran los romanos y los
bárbaros.
En otro momento de la historia, los pueblos de América
fueron clasificados como paganos por los conquistadores y predicadores
que los acompañaban. Pero la clasificación se complementaba con la
palabra “idólatra” que, al añadir a las
representaciones de esas deidades en la denominación, buscaba una manera
de justificar la persecución a los creyentes de otras religiones.
Los romanos dejaron de ser paganos a partir de la célebre consigna In hoc signo vinces proclamada por Constantino como fórmula para imponerse a sus enemigos y convertirse al cristianismo.
Los conversos
son los que cambian de religión, los que se convierten. Fue de uso
extendido en la España de Isabel la Católica, pues las opciones para
judíos y musulmanes eran dejar el territorio español o adoptar la fe
cristiana.
El problema es que esos conversos siempre fueron
sospechosos de falsedad y al menor atisbo de prácticas ocultas de las
viejas religiones, se armaban tremendos autos de fe.
Quizá por eso se volvían practicantes extremos, lo que dio lugar a la frase “la fe del converso”.
Y los había que sí renegaban, conversos o cristianos viejos. Peor vistos eran los relapsos, quienes incurrían en una herejía a la que ya habían renunciado (Relapsus, el que vuelve a caer). Contumaces llamaban a los reincidentes (Contumax, con desprecio).
Apóstata es también uno que reniega de su religión, que rompe con la estructura que daba sustento a sus ideas (Apostasía, ponerse fuera).
Célebre
fue Juliano el Apóstata, quien, bautizado como miembro de la familia
del emperador Constantino, dejó la religión católica para regresar al
paganismo cuando asumió él mismo el imperio romano en el año 361.
Hay
apóstatas hoy en día que formalizan su apostasía. Es un trámite que se
hace ante la Iglesia. A la jerarquía no le gusta, pero tampoco puede
impedirlo. Quienes lo llevan a la práctica tienen la idea de dejar
constancia de su no pertenencia a un grupo religioso.
Eso sí, la apostasía lleva excomunión latae sententiate, es decir ipso facto, por el acto mismo, sin necesidad de proceso.
Excomulgados
son los que pierden el derecho a pertenecer a la comunidad de la
Iglesia. Es una expulsión temporal o permanente, que conlleva la
negativa de recibir los sacramentos, pero su fin es recuperar al
creyente, según dicen algunos conocedores.
La herejía y el cisma también acarrean excomunión
ipso facto.
Cisma es una escisión, es la
separación de un grupo importante de una organización, es un grupo que
desconoce la autoridad papal. En la Iglesia católica fue muy sonado el
Gran Cisma, ocurrido en el año 1054 que separó a las iglesias romana y
ortodoxa. Hubo también el Gran Cisma de Occidente, cuando la Iglesia
tuvo varios papas, los de Aviñón y los de Roma.
En la historia de
México hay un episodio poco conocido, el de la cismática Iglesia
Católica Apostólica Mexicana. Pido desde aquí a la historiadora de Crónica,
Bertha Hernández, que nos hable de esa organización impulsada, dicen,
por el presidente Plutarco Elías Calles y dirigida por el patriarca José
Joaquín Pérez Budar. Y aprovechando el viaje, le pedimos que también
nos hable Bertha de las tentaciones cismáticas de Morelos.
Los blasfemos injurian a Dios, no por sus actos, como todos los pecadores, sino de manera verbal. La Biblia establece pena de lapidación para los blasfemos (Blasfemia, ofender al hablar).
El iconoclasta
rechaza las imágenes, los seguidores de esta doctrina destruían los
íconos. En sentido amplio y actual, son quienes rechazan autoridad,
normas, símbolos y modelos.
El agnóstico se
deslinda de la discusión sobre la existencia de Dios alegando que el
entendimiento humano no puede alcanzar la noción de lo absoluto. No hay
manera de saber si hay o no deidad.
En cambio, el ateo asegura que no la hay. Desde luego, a ninguna de las religiones les parecen aceptables los ateos.
El librepensador apela a la razón y a la lógica y rechaza dogmas, revelación o autoridad.
El materialista asegura que sólo hay materia y que las manifestaciones de la conciencia proceden de ésta en estados de organización avanzada.
El impío carece de piedad, fe o religión.
Deicida
es el que mata a un dios, lo cual implica la contradicción entre la
característica inmortal de los dioses y su fin. En la religión católica,
el hecho de que Jesús sea también un hombre, da pie a la posibilidad
del deicidio. A Judas se la ha atribuido esta acción, pero el apóstol
sólo puede ser acusado de complicidad y de traición.
La discusión
del tema tiene su importancia, pues durante mucho tiempo se calificó
como deicidas a los judíos. Sin embargo, papas y teólogos ya han dejado
en claro que no fue así. En todo caso, la responsabilidad recaería en
autoridades romanas y el Sanedrín de la época.
El deísta acepta la existencia de Dios, pero no como producto de una revelación, sino a partir del raciocinio.
Un panteísta (pan, todo) considera al Universo, la naturaleza en su totalidad como Dios.
Una teocracia
es, en sentido estricto, el gobierno de Dios. De manera práctica, el
término se utiliza para describir a los gobiernos que se sustentan en un
aparato religioso, donde los gobernantes son parte de la jerarquía
religiosa o un monarca que se dice representante de Dios.
La palabra teomanía significa locura por sentirse Dios. Un monarca como el descrito en el párrafo anterior, bien podría padecer esta patología.
Inicié hablando de herejes. Herejía viene de la palabra griega hairein, que significa escoger, optar. Claro está que ésa es una elección equivocada para la Iglesia.
El Código de Derecho Canónico,
en su apartado 751 explica: “Se llama herejía la negación pertinaz,
después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe
divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma; apostasía es el
rechazo total de la fe cristiana; cisma, el rechazo de la sujeción al
Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él
sometidos”.
Un anatema se pronunciaba para
excluir a los herejes de la Iglesia. Era peor que la excomunión, pues
implicaba condena eterna. La palabra significa maldición. El actual Código de Derecho Canónico no la incluye.
Desde el comienzo del cristianismo hubo señalamientos de herejía.
Las
hay de todo tipo. Están las que ponen en duda la divinidad de Cristo o
del Espíritu Santo, las que niegan el pecado original, las que
desconocen la virginidad de María, las que suponen que solamente la
pobreza garantiza el perdón, las que rechazan la autoridad y muchas más.
El universo es extenso. Una de las últimas es el sedevacantismo.
Sostienen los seguidores de esta postura que el papado está vacante. No
reconocen a ningún papa desde Juan XXIII, pues rechazan las
disposiciones del Concilio Vaticano II, iniciado por el papa Roncalli y
concluido por Giovanni Montini (Paulo VI). Como los pontífices
subsecuentes no han dado marcha atrás, los herejes no los consideran
sucesores de San Pedro, de hecho, para ellos, los papas de Roma son los
herejes.
No puedo dejar de mencionar las condenas a la hoguera por herejía de Giordano Bruno o de Miguel Servet.
.-.-.-.-
Explicaba El Arca de Arena que la “palabra equidad tiene la etimología latina aequus, que quiere decir igual, llano, justo, equilibrado, equitativo”. A partir de ahí, El Arca
pidió un adjetivo que con la misma raíz significa lo contrario. Es
equivalente a malvado, injusto. Es parónimo de algo que no hace daño.”
“Inicuo” es el adjetivo; el parónimo es “inocuo”. Tienen etimología diferente. La de inocuo es nocere, dañar, perjudicar.
Respondieron
Francisco Báez, Marielena Hoyo y Miguel Ángel Castañeda, quien nos dice
que además existe la forma “innocuo”, con el mismo significado.
El Arca
saca de entre sus arenas la denominación para el que funda un
movimiento herético, como el patriarca Pérez, Girolamo Savonarola o
Simón el Mago.
Publicado en La Crónica de hoy
31 03 18
Carlos Alberto Patiño
¿Tiene límites la imaginación? ¿Cuánta libertad hay para expresar sus creaciones? ¿Es válido constreñirla?
El
lenguaje es el vehículo de los productos de la imaginación. Escrito, no
verbal, icónico. Sin un sustento que lo comunique, lo imaginario se
queda como un acto solipsista, se agota en sí mismo.
Pero las formas de comunicación se coartan con cualquier pretexto. Los guardianes del deber ser brotan por todas partes.
Los
tiempos de la corrección política son más cercanos a Torquemada que a
Voltaire. Nos tratan de convencer de que hay que defender la tolerancia y
la inclusión, pero con las redes sociales se sustituye al potro y al
garrote; y el linchamiento virtual no desmerece respecto del real.
La
idea de quemar libros no es sana. Es cierto que no es lo mismo quemar a
los autores, pero el espíritu de Lynch está en las dos prácticas.
Lo
digo por la polémica que se ha desatado con Mario Vargas Llosa, primero
por sus opiniones políticas y luego por su postura ante el feminismo
extremo.
Yo recomiendo a sus detractores que no lo lean si no
están de acuerdo con él. O pregúntense ¿cuándo se jodió Vargas?, y a
otra cosa.
De igual manera sugiero que prescindan de leer a Nabokov si Lolita los incomoda, pero se perderán de una gran novela como Ada o el ardor, si se distancian de este autor.
Lo digo también por la necia pretensión de meter al sexo donde hay género y al género donde hay sexo.
Suponer que la realidad cambia cambiando el lenguaje es tonto, pero no actualizar el lenguaje también lo es.
La cuestión es encontrar la fórmula para evolucionar y conservar.
Creer que si existe la palabra automóvil,
como contrapeso justiciero, debe existir “automóvila”, es confundir
todo, es una falsa visión. (Automotor y automotriz sí funcionan).
Complicar
las formas de decir inventando grafías como “niñ@s” o aumentando el
número de palabras usadas es poco práctico y no hace que desaparezca la
discriminación que es una praxis y no una mera forma de decir.
El exceso de celo de los políticamente correctos deviene en moralina y se revierte en intolerancia.
Hacer crítica no debe ser censura sino discusión de las ideas.
La confrontación racional enriquece; la descalificación y el rechazo debilitan.
Aunque de creencias e ideología nadie está exento, hay que rehuir de los prejuicios.
Y, sobre todo, hay que saber qué se dice. Aunque no son una maravilla, ahí están los diccionarios para ayudarnos.
Por ejemplo, la palabra equidad, tan socorrida para hablar de equilibrio, significa, según el Diccionario de la lengua española,
“1. f. Igualdad de ánimo. 2. f. Bondadosa templanza habitual,
propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o
de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la
justicia o por el texto terminante de la ley. 3. f. Justicia natural,
por oposición a la letra de la ley positiva. 4. f. Moderación en el
precio de las cosas o en las condiciones de los contratos. 5. f.
Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece.”
Aunque el uso actual hace al término sinónimo de igualdad.
Y con ese tema, el Instituto Nacional de las Mujeres tiene una campaña #IgualNiMásNiMenos.
En
uno de sus promocionales, unos niños dicen: “Ni más creativas ni menos
creativos; ni más fuertes ni menos fuertes”; luego una voz de adulto
expresa: “Niñas y niños son iguales, es tu responsabilidad educarlas y
educarlos igual” y siguen los niños “ni más capaces ni menos capaces; ni
más sensibles, ni menos sensibles; Ni más ni menos. ¡Igualdad!”.
En
un segundo video, los niños claman: “Ni más curiosos ni menos curiosas;
ni más talentosas ni menos talentosos; ni más inteligentes ni menos
inteligentes; y de nuevo la voz adulta: “Niñas y niños son iguales, es
tu responsabilidad educarlas y educarlos igual”, para rematar: “Ni más
hábiles ni menos hábiles; ni más ni menos. ¡Igualdad!”.
Entiendo
la intención del organismo, pero en su afán por igualar las
oportunidades para los niños sin importar su sexo cae en el desatino de
apostar por una mediocridad generalizada, como de novela de Huxley.
Hay
niños más inteligentes que otros; los hay con habilidades que superan
las de otros. Los hay con grados distintos de sensibilidad.
Lo diré en su lenguaje. Hay niñas y niños más inteligentes que otros y otras niños y niñas.
Los y las hay con talentos que otros y otras no tienen.
¿Es eso un problema? No debería serlo ni debería proponerse como política un igualitarismo estulto.
Hay
que estimular los talentos, hay que desarrollar las capacidades de cada
cual para que cada quien encuentre su plenitud, niño o niña.
Las diferencias hacen a los individuos, la discriminación los limita. No hay que confundir.
Dicho como lo proponen es abrir la puerta a la cofradía de los mediocres.
.-.-.-.-.-.
Refocilar o refocilarse es el verbo que buscaba El Arca de Arena.
Debo reconocer una falla en el planteamiento, pues no incluí la
aclaración de que se trataba de un parónimo del arcaísmo que designaba
al rayo. Quizá por eso Marielena Hoyo recordó el “refucuilo”, pero no
encontró la expresión en la obra de Cervantes.
La palabra aparece así en El Quijote: “Sucedió, pues, que a Rocinante le vino en deseo de refocilarse
con las señoras facas, y saliendo, así como las olió, de su natural
paso y costumbre, sin pedir licencia a su dueño, tomó un trotico algo
picadillo y se fue a comunicar su necesidad con ellas.”
Y más adelante: “Había el arriero concertado con ella que aquella noche se refocilarían
juntos, y ella le había dado su palabra de que, en estando sosegados
los huéspedes y durmiendo sus amos, le iría a buscar y satisfacerle el
gusto en cuanto le mandase.”
El primer ejemplo corresponde al
capítulo XV de la primera parte, “Donde se cuenta la desgraciada
aventura que se topó don Quijote en topar con unos desalmados
yangüeses.”
El segundo es del XVI, “De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta que él se imaginaba ser castillo.”
La palabra equidad tiene la etimología latina aequus, que significa igual, llano, justo, equilibrado, equitativo. Lo explica El Arca de Arena
para pedir un adjetivo que con la misma raíz significa lo contrario. Es
equivalente a malvado, injusto. Es parónimo de algo que no hace daño.
Publicado en La Crónica de hoy
24 03 18
Carlos Alberto Patiño
López son los hijos de Lope.
El apellido que más se repite entre los gobernantes de México es
López. Un Virrey hubo en la Nueva España llamado Diego López de Pacheco.
Fue el decimoséptimo y estuvo a cargo del virreinato de 1640 a 1642.
Entre los presidentes, ya como nación independiente, están Antonio
López de Santa Anna, Adolfo López Mateos y José López Portillo.
A López de Santa Anna se le atribuye haber ocupado la Presidencia 11
veces, pero hay autores que sostienen que sólo fueron seis. Con eso
bastaba para asegurar que es el apellido que ha estado más veces que
ninguno en la Presidencia.
Don Antonio era un pillastre al que muchos consideraban héroe. No hay
que olvidar que la versión completa del Himno Nacional lo califica como
“El Guerrero inmortal de Zempoala”.
Pero es un hecho que los mexicanos de entonces lo llamaban cada vez
que creían necesario que los gobernara. De esa catadura eran nuestros
compatriotas en esa época; de esa caradura era él. La Guerra de Texas en
el 35 y la guerra con EU en el 47, con las consecuentes pérdidas de
territorio, no fueron suficientes para retirarlo. Fue hasta 1855 que el
Plan de Ayutla lo expulsó.
Adolfo López Mateos ha sido el presidente que ha logrado los mejores índices de popularidad a largo plazo.
Fue un personaje querido, al punto de que sus conductas, aunque no
fueran las más ejemplares, se le festejaban. Es conocida la anécdota que
le atribuye preguntar cada mañana a su secretario particular Humberto
Romero “¿Qué toca hoy, viaje o vieja?” Se le admiraba la galanura y su
gusto por los autos deportivos. Fue el mandatario que obtuvo para México
la sede de los XIX Juegos Olímpicos, creó los libros de texto
gratuitos, mantuvo un gran impulso a la educación y a la cultura,
nacionalizó la industria eléctrica y creó el ISSSTE.
Pero en su cuenta también está la represión a los movimientos
ferrocarrilero (el de Demetrio Vallejo y Valentín Campa) y magisterial
(el de Othón Salazar). El caso extremo fue el de los asesinatos del
dirigente agrario Rubén Jaramillo y su familia.
Con todo su carisma, don Adolfo nunca pudo separarse de esas historias.
El último es López Portillo. Con él y con su antecesor Luis
Echeverría comenzó un fuerte deterioro de la imagen presidencial (Díaz
Ordaz tuvo lo suyo, pero sólo en algunos sectores). Jolopo le decían por el acrónimo de su nombre, pero terminó como El Perro,
por su dicho de que como tal defendería al peso... y desató la más
terrible de las inflaciones que hemos padecido. También se le festejaban
sus amoríos. Muy señalado fue el que se le achaca con su secretaria de
Turismo. Hasta del nepotismo hacía gala. Los niveles de corrupción en su
sexenio llegaron a cotas inimaginables. El botón de muestra es su jefe
de policía, Arturo El Negro Durazo.
Esos han sido nuestros López y así nos ha ido.
.-.-.-.-
Y ya que estamos con los apellidos, hablemos de ellos.
Entre nuestros usos y costumbres está la de transmitirlos a nuestros
descendientes. La norma civil era la de poner primero el apellido del
padre.
No nos metamos en las honduras de dilucidar las razones de esa
práctica a la que no llamaré machista, pues antecede al concepto, aunque
no al sentido. Sería un anacronismo efectista, sobre todo en algunos
sectores, pero inadecuado.
Más allá de Federico Engels y sus ideas sobre el origen de la
familia, supongamos que los apellidos surgieron cuando las comunidades
humanas crecieron lo suficiente para hacer necesario distinguir a sus
miembros e identificarlos por su pertenencia a los distintos grupos o
familias.
De hecho, una de las denominaciones para los apellidos es “patronímico”, que viene del nombre del padre.
Lo curioso es que a mí me parece que, en el origen, los nombres
debieron estar más vinculados a la línea materna. “Hijos de mis hijas,
mis nietos serán; hijos de mis hijos, el Diablo sabrá”, decía mi abuela
(El dicho concluye “en duda estarán”, pero doña Manuelita metía al de
los cuernos por alguna razón).
Debió haber sido como cuenta la anécdota sobre el guitarrista
gaditano Francisco Gustavo Sánchez Gómez. En Algeciras había con
seguridad varios rapaces con el hipocorístico “Paco”. Así que tras
alguna fechoría, los adultos se preguntaban “¿Quién ha sido?”. “Paco”,
respondían otros. “¿Y cuál de ellos?”. “El de Lucía”, era la frecuente
respuesta.
Luego, el talentoso muchacho lo tomó como el nombre profesional que lo llevó a la fama: Paco de Lucía.
¿No parece una forma natural para identificar a las personas?
Otra forma, cuando el nominado emigraba y el apellido quedaba en
usufructo del primogénito, era referir el lugar de origen: Rodrigo de
Triana, Leonardo da Vinci, Francisco de Asís.
De nuevo, sin meterme en los berenjenales de la calificación o
descalificación de las costumbres, aunque ahora sí pensando en Engels y
la propiedad privada, vino la necesidad de asegurar filiación y legados.
Así que el hijo de Pedro fue Pérez; el de Muño, Muñoz; el de Martín,
Martínez… El patronímico más común en México es Hernández, el de los
hijos de Hernán.
Una manera más de distinguir a las personas es por las características físicas o morales de algún antepasado.
Gerardo Bueno, Salvador Malo, Carlos Prieto, Genaro Moreno, Vicente Guerrero, Miguel Hidalgo, Arquímedes Caballero…
Algunos apellidos derivan de los oficios que se ejercieron: Hortelano, Herrero, Pastor…
Los hay relacionados con animales, plantas u objetos: Gallo, Del
Toro, Cuervo, Zorrilla, Becerra, Cabral, Arce, Del Olmo, Manzanilla,
Centeno, Lanza, Torres, Platas…
Los hay de colores: Añil, Cano, Celeste… Blanco era el materno de mi
padre. Y el que me legó, Patiño, es “pequeño pato” en lengua gallega.
No hay modos (ni modas) que no cambien. Así que sonó la hora de modificar los usos.
En cuatro entidades de la República, Morelos, Estado de México,
Yucatán y Ciudad de México, la ley autoriza a los padres a elegir si
será el materno el primer apellido de los hijos. En otros estados, las
madres solteras pueden registrar a sus vástagos con el propio. En muchas
partes la legislación no especifica el orden, pero se rigen por la
costumbre, a menos de que con buenos argumentos se convenza al juez de
inscribir primero el materno.
Para darnos una idea del talante que prevalece en El Bajío, la ley en Guanajuato impone el paterno.
Y no se puede terminar este análisis sin acordarnos del “Hijo de Su”, personaje al que popularizó Tin Tan. Era un chico malo a quien no le gustaba trabajar y ni el agua, por no bañarse.
No tenía amigos, robaba y bailaba como apache… “El hijo´e Su era
un/ muchacho el hijo´e Su/hijo de Doña Susana hijo´e Su/desde chico era
muy malo/pa´levantarse temprano/dicen que nació cansado el hijo´e Su”.
.-.-.-.-
Regaños. La fotografía nos muestra a un reptil
arrastrado por la cola y el texto dice: “Un ejemplar de cocodrilo —de
casi dos metros de longitud— fue arrollado por un auto en movimiento
al salir de la laguna Negra de Puerto Marqués, ubicada en el acceso
principal de playa revolcadero, en la zona Diamante del puerto”.
Muy bien, un auto en movimiento. El corresponsal, el editor y el
corrector imaginan que los automóviles detenidos pueden arrollar seres
así nomás, sin tener la condición necesaria para causar daño. “Lo que
mata es la velocidad”, decía mi maestro de física para explicar inercia,
energía cinética y otros conceptos de la mecánica.
Es pleonasmo decir que el vehículo estaba en movimiento.
.-.-.-.-
El Arca de Arena estaba en busca de un sinónimo de
una palabra que se usa para hacer un encomio. Es un discurso laudatorio
al que el diccionario académico lo asocia con Baco o Dioniso.
La respuesta vino del lector Miguel Ángel Castañeda Rangel, quien nos
explica que “Ditirambo es composición poética laudatoria que expresa un
gran entusiasmo por el objeto a que se dedica el elogio. Alabanza
exagerada”. Marielena Hoyo añade que el vínculo con Baco está
relacionado porque el término es sinónimo del dios griego del vino y sus
excesos.
El Arca anda en pos de una palabra que aparece varias veces en El Quijote. Es una palabra que apareció ya en Giros
asociada con un arcaísmo para denominar a la descarga eléctrica que se
produce en la atmósfera. Sin embargo, Cervantes la usa con otro
significado, también antiguo. El Manco de Lepanto la ocupa para referirse a encuentros placenteros entre hombres y mujeres o entre caballos, burros y sus hembras. El DLE la presenta como una acción que recrea, calienta y vigoriza.
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17 03 18
Carlos Alberto Patiño
¿Qué tan válida puede ser una opinión? ¿Qué la hace valer?
En
estos días y meses que corren, las opiniones nos inundan, amenazan con
aplastarnos. De todas partes, por todos los medios nos llegan mensajes
encaminados a influir en nuestras decisiones.
Hay alegatos, ataques y pocas proposiciones.
¿Cómo podemos cribar ese alud? ¿Cómo separamos el grano de la paja?
En
primer lugar, es importante tener cuidado con los adjetivos, que de
calificativos se convierten en elementos de descalificación.
Con
un adjetivo se pone de lado lo sustancial. Se dirige la atención a
alguna característica que no siempre es cualidad. Se relega o disminuye
lo sustantivo.
Los discursos de campaña están llenos de estos elementos.
En
un mundo ideal, donde las formas de la democracia sí correspondieran a
las ideas democráticas, los discursos contendrían propuestas sólidas y
realizables, no promesas vanas, panegíricos, acusaciones ni vituperios.
No
perdamos de vista que el objetivo de los políticos en campaña es
persuadir. Y con esa meta se suelen valer de dos vías: La argumentación o
el engaño.
Se entrambulican ambos caminos de manera descarada. Así es la política y así son los políticos.
Argumentar es presentar razonamientos que demuestren una proposición.
Deberían ser los ladrillos para construir los discursos, las columnas, los artículos… deberían ser.
Los
argumentos, como razonamientos que son, deben partir de premisas
verificables. Una buena argumentación debe ser consistente; es decir,
no tiene que incluir contradicciones. La argumentación se dirige a
demostrar un punto. Si está bien hecha, le dará al público los elementos
para que tome una decisión, por ejemplo, emitir un voto.
¿Son así los mensajes que nos apabullan?
Así como con los adjetivos, tenemos que tener cuidado con las falacias.
Son estas formas argumentales juicios tramposos; aparentan ser demostraciones ciertas, pero envuelven el grano de la falsedad.
Las hay involuntarias, se tropieza con ellas por mera torpeza lógica o falta de rigor.
Y
las hay interesadas, pergeñadas con mala leche, como salidas del
ministerio de Joseph Goebbels. Albergan dolo entre sus componentes, su
intención es aviesa.
Si en la prepa, además de todo lo que se hace
en esa etapa, a veces, un poquito, nos dedicábamos a estudiar, sabremos
de lo que se habla.
De cualquier modo, hagamos un repaso.
Se
incurre en la falacia cuando se extraen conclusiones que no
corresponden a las premisas. Pueden éstas ser verdaderas, pero el
juicio, falso.
Hay casos de aparente veracidad, pero apuntaladas
en falsas premisas. La falla no es siempre en el criterio de verdad,
sino la construcción del razonamiento… Voluntaria o involuntariamente.
Desde Aristóteles están bajo la mira las falacias. Volvamos a la prepa y veamos algunos ejemplos.
La típica es la de falsa conclusión. Es el caso de las orejas de burro:
Los
burros tienen orejas/Sócrates tiene orejas/Sócrates es un burro. Es muy
simple, elemental, y nos la quieren aplicar tantas veces.
Continuemos con el repaso.
La
falacia de falsa generalización es frecuente, vean si no el viejo
eslogan de la cervecería Modelo. Es de los años 40 del Siglo XX: “Veinte
millones de mexicanos no pueden estar equivocados”, pero que creen, la
mayoría no hace verdad, aunque nos acomode. Es del tipo “Por el bien de
todos”
¿Es tan difícil atender a la razón? Los autores de campañas
publicitarias y propagandísticas suponen que no y creen que votaremos
por un candidato sólo porque Yuawi nos cae bien. Es un chico
carismático, de hecho lo es más que su candidato, que solo acierta a
fungir como comparsa en un promocional. ¿Eso los convenció de dar su
voto?
La pregunta es tonta, pero ahí está el promocional.
La
falacia llamada de conclusión irrelevante es típica. Es la que
argumenta a partir de cualidades de una persona que no necesariamente
corresponden a la función que deben desempañar, como a los futbolistas…
quise decir boxeadores, a los que se lanza a un puesto de
responsabilidad. La construcción va así, sin futbolistas ni boxeadores
ni otros especímenes que no es oportuno mencionar: “Juanito es un
corredor, va a misa y es buen padre. Merece ganar la medalla”.
La
falacia por argumento ad hominem es la que descalifica a la persona
antes que al argumento. “Fulano es de la mafia en el poder”, pero está
la más burda y cotidiana, no la justificaré, aunque alcanzo a
entenderlo: “Lo dice Alejandro, pero es americanista”.
Está la
contraparte, no los que les van a las Chivas o al Cruz Azul, que los
hay, sino a la apelación a la autoridad. Es como cuando citamos a
Einstein para justificar cualquier argumento o al Papa o al Chicharito:
“Como Einstein decía, todo es relativo”, “Como dijo el santo Papa… sólo
Veracruz es bello”, “El Chicharito toma Coca-cola” O esta que es típica,
“Me dijo mi cuñado que va a temblar y él trabaja en la Universidad”.
(Es contador)
Falacias, las hay a granel. Aparecer como víctima es
una de frecuencia inconmensurable: “Es compló”, “todo fue legal, es
campaña en mi contra”... Y las que usted identifique.
Los
encuestadores saben que no deben confundir con las preguntas ni inducir
las respuestas, así que para ellos no van los siguientes ejemplos, como
el de la pregunta compleja, cuando se pide una respuesta a dos o más
cuestionamientos o a una inquisición ambigua: “¿Quieren portarse bien y
callarse?” ¿Y si nada más necesitamos que se callen?
Otra: “¿Ha dejado de emborracharse?” La respuesta implica que siempre se emborracha.
Y
aquí vamos con el énfasis como recurso falaz. Ocurre cuando se destaca
uno de los elementos del enunciado: Un día, el capitán de un navío anota
en la bitácora: “Hoy, el contramaestre estaba borracho”.
El
aludido lee la bitácora y reacciona. Escribe: “hoy el capitán estaba
sobrio”. No mentía, pero dejaba entrever que el oficial no siempre lo
estaba.
Otro ejemplo clásico es el de el ídolo nacional: “Pedro Infante no ha muerto… Vive en el corazón de los mexicanos.
Llegamos
a la falsa causa. Se relaciona causalmente a dos fenómenos de
ocurrencia simultánea: “Me tomé el refresco y me empezó a doler la
cabeza. El refresco provoca dolor de cabeza”. O el ejemplo experimental:
“Tomé ron con agua mineral y me embriagué. Tomé whisky con agua mineral
y me embriagué. Tomé vodka con agua mineral y me embriagué. Ten cuidado
con el agua mineral”
No todos los casos son tan evidentes. Las
argucias de los propagandistas son a veces obvias, a veces sutiles. Como
las voces de los íncubos y súcubos, a cual más seductora.
De eso se trata, de obnubilar la razón para que se actúe por la emoción.
“Estad despiertos”, recomendaba el evangelista Marcos.
Aunque,
optimista, pienso en lo que decía Don Quijote en el capítulo XXII de la
primera parte: “Aunque bien sé que no hay hechizos en el mundo que
puedan mover y forzar la voluntad, como algunos simples piensan; que es
libre nuestro albedrío, y no hay yerba ni encanto que le fuerce”.
Así sea en la temporada electoral.
.-.-.-.-.-.
Llegado hemos a El Arca de Arena. Buscábamos “una expresión latina de doble palabra. Tiene que ver con el tema de la pasada entrega de Giros.
Originalmente se refería a la tablilla sin marcas, cuando aún no
recibían ningún texto. Actualmente equivale a desentenderse de los
matices, de ignorar diferencias y actuar como si todo fuera parejo.
Puede significar “borrón y cuenta nueva”, “partimos de cero”. Es la
“tabula rasa”, como respondieron Marielena Hoyo y Bertha Hernández.
Ahora El Arca
va por un sinónimo de la palabra que se usó en uno de los primeros
párrafos de esta entrega para hablar de un encomio. Es un discurso
laudatorio. El diccionario académico lo asocia con Baco o Dioniso.
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10 03 18
Carlos Alberto Patiño
Es vicio de locutores utilizar palabras sin conocer su significado.
Lo es también de algunos reporteros y de muchos productores de memes.
“Se veía muy ad hoc”, escuché decir por ahí. La comentarista hablaba de una personaje (personaja todavía no existe) que relucía en su atuendo. Se pudo haber dicho que brillaba, que destacaba, hasta que refulgía, ¿pero ad hoc?
La expresión viene del latín. Se usa, nos explica el DLE,
“para referirse a lo que se dice o hace sólo para un fin determinado”.
También es una locución adjetiva que significa “Adecuado, apropiado,
dispuesto especialmente para un fin”.
Nuestra “comunicadora” seguramente oyó la expresión por ahí y le
pareció que apantallaba, pero nunca se tomó la molestia de averiguar el
significado y sin más la soltó al micrófono.
“Fue un chiste épico”, decía un joven redenauta para ponderar el gracejo de un su compinche.
Lo épico es lo que se refiere a la epopeya, el relato de las
hazañas de un héroe o personaje de leyenda. Es también adjetivo que
describe lo grandioso, las cosas o acontecimientos fuera de lo común.
Considerar épico un chiste es, por decir lo menos, exagerado.
Enfisema es palabra fuerte, es una enfermedad grave. Es una de las maldiciones del fumador.
Tan fea es la cosa que al reportero le pareció que no había nada
peor. Para darle sentido humano a su trabajo, presentó el caso de un
joven al que la fuerte contaminación de una ciudad del Bajío le ocasionó
el mal. La creatividad y emoción llevaron al reportero a escribir “La
voz del doctor lo sacó del letargo para volverlo a su cruel realidad:
“enfisema pulmonar o lo que es lo mismo cáncer en los pulmones”.
Más dramático, imposible. Pero hasta el doctor quedó en entredicho.
No es necesario aclarar que enfisema y cáncer son enfermedades
distintas. En la primera se destruye el tejido pulmonar. Los alvéolos se
agrandan y hay dificultad para respirar. Los órganos pierden la
capacidad de oxigenar la sangre y, con los años, puede ocurrir un
colapso pulmonar. Es un hecho que la calidad de vida se deteriora de
manera notable.
El cáncer se origina por una proliferación descontrolada de células.
Son tejidos sin función que invaden y afectan a los órganos.
Definitivamente, enfisema y cáncer carecen de equivalencia.
Asueto, define el Diccionario de la Academia Española, es “Interrupción temporal por descanso del trabajo, los estudios u otra actividad habitual, especialmente si dura un día o unas horas. Día, tarde de asueto”.
Las negritas en las palabras “por descanso” las puse para destacar el sentido del vocablo.
A un cabeceador, la persona que pone cabezas o titulares, seguramente
soltero o sin hijos, le pareció que una licencia de trabajo era un
descanso y nos dice que se proponen seis “días de asueto para padres con
menores enfermos”.
¿De veras cree el editor que cuidar a un niño enfermo es un descanso? Si atenderlos sanos es garantía de fatiga...
Las ventas van de la mano con los festejos. No hay verbena en la que
no se presenten los comerciantes de toda índole. Es parte de la fiesta,
pero tal celebración no es sinónimo de la acción de “la recolección o
cosecha de la uva” (DLE dixit).
Así que hablar de vendimia cuando se instalan puestos de
venta de comida, golosinas, artesanías o fayuca en la vía pública o en
plazas y parques, es un dislate. La similitud de la raíz de las palabras
no justifica el equívoco de ninguna manera.
La propensión a adornarse con el empleo de palabras rimbombantes es vicio extendido.
Cualquiera cree que puede destacar con esta fórmula. O peor, cuando
se trata de “corregir” supuestos errores. Es el caso del “vaso con agua”
extendido en la comunidad de los meseros. Tal como lo vimos en el
artículo “Su vaso es de agua, Luis”.
Y ocurre con aquellos que creen que reproducir un documento es copear. Es harto frecuente este “correccionismo”. Incluso, hay multitud de secretarias y estudiantes que se encargan de fotocopear papeles.
En realidad copear, según explica el Diccionario de la lengua española
es “vender por copas las bebidas”, “tomar copas” y, como mexicanismo,
“emborracharse (beber hasta trastornarse los sentidos)”. Reproducir
documentos es copiar, a menos que uno esté copeando y pierda la noción de lo que escribe.
Lo sorprendente es que es muy fácil librarse de estos errores. Basta
con consultar un diccionario. Oigo o leo una palabra que no conozco y
que me impresiona, me la grabo para usarla en la menor oportunidad, pero
me aseguro de su significado para no regarla.
Incurrir en la conducta del imitamonos (palabra no
reconocida por los diccionarios, aunque de amplio uso familiar, por lo
menos en mi familia) no es lo más recomendable. Con un poco de esfuerzo
se puede aumentar el vocabulario sin caer en el ridículo.
.-.-.-.
Regaños. Con la tónica de esta entrega no harían falta los Regaños, pero
un reportero televisivo se lo ganó. Era el típico comentario del 14 de
febrero, El sujeto dijo algo así como “no faltaron las visitas al
“cuatro letras” ¡Cuatro!, claro, como la hache es muda... Algo está
podrido, no en Dinamarca, sino en nuestro sistema educativo.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-
El Arca de Arena se siente un tanto frustrada.
Fueron varias las personas que respondieron “inmaculada” a la petición
del “vocablo que expresa la idea de limpieza, ausencia de manchas; es sinónimo del femenino que por antonomasia se da a la Virgen María”.
Les pasó desapercibida la aclaración de que es un sinónimo de la denominación de la Virgen. Claro que ella es conocida como “La Inmaculada”, pero la palabra buscada es impoluta, impoluto.
Respondió Bertha Hernández.
Bien, ahora El Arca pide una expresión latina de doble palabra. Tiene que ver con el tema de la pasada entrega de Giros. Originalmente
se refería a la tablilla sin marcas, cuando aún no recibían ningún
texto. Actualmente equivale a desentenderse de los matices, de ignorar
diferencias y actuar como si todo fuera parejo. Puede significar “borrón
y cuenta nueva”, “partimos de cero”.
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