sábado, 1 de abril de 2017

Glíglico, sintaxis y jitanjáforas



 Carlos Alberto Patiño

"Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.”
Casi no hay que decirlo. Es el capítulo 68 de Rayuela, la formidable novela de Julio Cortázar.
¿Se entiende? ¿Por qué creemos que significa algo?
Está escrito en glíglico, un idioma artificial. Es un juguete inventado por La Maga, quien reclama a Oliveira la maternidad en el capítulo 20:
“—¿Pero te retila la murta? No me vayas a mentir. ¿Te la retila de veras?
“—Muchísimo. Por todas partes, a veces demasiado. Es una sensación maravillosa.
“—¿Y te hace poner con los plíneos entre las argustas?
“—Sí, y después nos entreturnamos los porcios hasta que él dice basta basta, y yo tampoco puedo más, hay que apurarse, comprendés. Pero eso vos no lo podés comprender, siempre te quedás en la gunfia más chica.
(...)
“—Me aburre mucho el glíglico. Además vos no tenés imaginación, siempre decís las mismas cosas (...)
“—El glíglico lo inventé yo —dijo resentida la Maga—. Vos soltás cualquier cosa y te lucís, pero no es el verdadero glíglico.”
Es un hecho que aun con el glíglico hay significado; pese a que son palabras inexistentes, tienen sentido.
Es, ante todo, un reto para el lector, una propuesta de juego. Es un llamado a la complicidad del autor último de cualquier obra literaria: el lector.
Daniel González Dueñas, en su artículo “El glíglico en Rayuela” argumenta que: “la virtud de este último (el glíglico) reposa en su ambigüedad irreductible: ‘retilar la murta’ o ‘amalar el noema’ sólo funcionan en la medida en que no exista un diccionario en donde estas palabras sean sujetas con alfileres como las mariposas del entomólogo. El glíglico sería totalmente destruido por un diccionario, de ser éste posible.”
Pero, ¿de dónde proviene el significado?
Dicho de una manera rápida y directa, significa por la estructura.
La sintaxis del español es la que nos hace comprensible el texto.
Podemos reconocer artículos, sustantivos, preposiciones, conjunciones, adjetivos, verbos y tiempos verbales.
Sin duda “amalaba” está en copretérito y “el noema” tiene un artículo determinado masculino singular.
El ritmo también hace lo suyo. Si leemos el capítulo en voz alta (bien leído, obviamente) resalta el trasfondo erótico del capítulo. El glíglico es un idioma para describir la relación física amorosa de una pareja.
Hay palabras en español, por ahí está un término en lunfardo y otro de la tradición grecolatina.
El glíglico se forma con jitanjáforas, palabra esta última también inventada y recuperada para denominar una figura retórica por Alfonso Reyes. Son palabras o frases sin significado pero melódicas y rítmicas. El neolonés lo tomó de un poema cubano de Mariano Brüll que dice : “Filiflama alabe cundre/ala olalúnea alífera/alveolea jitanjáfora/liris salumba salífera.”
Hay otros lenguajes inventados en la literatura. Uno de los ejemplos más conocidos es el que emplea Lewis Carroll en su poema Jabberwoky, cuyas primeras estrofas son: “Twas brillig, and the slithy toves/Did gyre and gimble in the wabe;/All mimsy were the borogoves,/And the mome raths outgrabe./’Beware the Jabberwock, my son!/The jaws that bite, the claws that catch!/Beware the Jubjub bird, and shun/The frumious Bandersnatch!
Que en traducción de Jaime de Ojeda (A través del espejo y lo que Alicia encontró al otro lado, Alianza Editorial, Madrid, 1973.) es:
“Brillaba, brumeando negro, el sol;/agiliscosos giroscaban los limazones/banerrando por las váparas lejanas;/mimosos se fruncían los borogobios/mientras el momio rantas murgiflaba./¡Cuidate del Galimatazo, hijo mío!/¡Guárdate de los dientes que trituran/Y de las zarpas que desgarran!/¡Cuidate del pájaro Jubo­-Jubo y/que no te agarre el frumioso Magnapresa!”
Está también el inglés de James Joyce en su Fineggans Wake: “riverrun, past Eve and Adam’s, from swerve of shore to bend of bay, brings us by a commodius vicus of recirculation back to Howth Castle and Environs.
“Sir Tristram, violer d’amores, fr’over the short sea, had passencore rearrived from North Armorica on this side the scraggy isthmus of Europe Minor to wielderfight his penisolate war”
Salvador Elizondo dejó una famosa traducción de las primeras páginas del libro:
“riocorrido más allá de la Eva y Adán; de desvío de costa a encombadura de bahía, trayéndonos por un cómodio vícolo de recirculación otra vuelta a Howth Castillo y Enderredores.
“Sir Tristram, violer d’amores, habiendo cruzado el corto mar, había pasancorrevuelto de Nortearmórica, de este lado del estrecho istmo de Europa Menor para martibatallar en su guerra peneisolar.”
Son grandes retos para el traductor, pero “traduciendo” la sintaxis y apoyándose en raíces y paronimias se logra dar versiones en otros idiomas.
No es el caso de la lengua de Ponape, hablada en la tierra de R’lyeh, donde H.P. Lovecraft ubica a Cthulu. Ahí se escucha esta frase: “Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn”. No hay manera de entender; no hay estructura significante. Sabemos lo que dice porque nos lo explica el mismo autor: “En su morada de R’lyeh, el muerto Cthulhu espera soñando”.
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Regaños.
@Don_Susanito me hizo llegar un artículo sobre un problema no resuelto por la Real Academia Española. El portal Un arácnido Una camiseta publicó en febrero de 2011 una entrada que habla de una palabra que no se puede escribir en español aunque sí pronunciar.
El autor que firma como “eosar” dice:
“Hace unos días le hice una consulta a la RAE, ¿cómo se escribe el imperativo de salirle? Su respuesta fue la siguiente:
‘En relación con su consulta, le remitimos la siguiente información:
‘La interpretación forzosa como dígrafo de la secuencia gráfica ll en español hace imposible representar por escrito la palabra resultante de añadir el pronombre átono le a la forma verbal sal (imperativo no voseante de segunda persona de singular del verbo salir), oralmente posible si, por ejemplo, ordenáramos a alguien salir al paso o al encuentro de otra persona aludida con el pronombre le: [sál.le al páso], [sál.le al enkuéntro].
‘Puesto que los pronombres átonos pospuestos al verbo han de escribirse soldados a este, sal + le daría por escrito salle, cuya lectura sería forzosamente [sá.lle], y no [sal.le].’
Vaya, así que  la Academia no puede resolver una duda. Y para eso la teníamos. Va por esa razón en esta sección, aunque el tema es para largo debate.
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El Arca de Arena.
El nombre del olor a tierra mojada es petricor. Lo supieron Luz Rodríguez y Marlene Peralta. Marielena Hoyo nos proporciona la siguiente información: Es un “término derivado de la unión de las palabras griegas “petrus” (piedra) e “ikhôr”, que era como se denominaba “el líquido que fluía por las venas de los dioses en la mitología griega”.
Lily Rodríguez añade que: “Este aroma inconfundible proviene de una sustancia química llamada GEOSMINA que la produce una bacteria llamada bacteria de Albert. La Geosmina es incluso la base de los antibióticos de uso más frecuente. El olor de tierra mojada es incluso tema de un poema de Ramón López Velarde que precisamente se titula así: Tierra Mojada.”
La palabra tiene fecha de nacimiento, fue en 1964 cuando dos geólogos australianos, Isabel Joy Bear y R. G. Thomas, lo usaron en inglés por primera vez como “petrichor”. Pasó al español sin la “ch”, pero aunque su etimología es válida, todavía no aparece en el DLE.
Algunos que no conocían la palabra sí recordaron que Guadalajara huele así, según nos ha ilustrado Pepe Guízar en su celebérrima canción.
De la palabra ikhôr hay una llamativa anécdota. Alejandro Magno estaba tan convencido de su condición divina que se llevó tremenda decepción un día que fue herido y le salió sangre, no el líquido divino.
Ahora, rebusquemos en El Arca. Ahí, en el fondo, está el artilugio que provee de corriente eléctrica al trole o pantógrafo de tranvías y trolebuses.



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Publicado en La Crónica de hoy


sábado, 25 de marzo de 2017

Usos diversos de la lengua

Carlos Alberto Patiño
De la lengua suele tratar este espacio de La Crónica. Asuntos de la lengua y las palabras ocupan los sábados la página Cuatro de opinión. Hoy será la palabra “lengua” la que tome el lugar.
“Lengua” es, según del Diccionario de la lengua española, “Órgano muscular situado en la cavidad de la boca de los vertebrados y que sirve para gustación, para deglutir y para modular los sonidos que les son propios.”
Pero también es el “sistema de comunicación verbal y casi siempre escrito, propio de una comunidad humana.”
Siempre según el DLE, tiene el significado de “Sistema lingüístico cuyos hablantes reconocen modelos de buena expresión.”
En términos de la lingüística es la contraparte del “habla”.
Representa también un vocabulario y un conjunto de usos de época o de un grupo o un estilo, como en “la lengua de Góngora”, la “lengua borícua”.
Ya en desuso está la referencia al intérprete o traductor: “La Malinche era la ‘lengua’ de Hernán Cortés.”
Si la lengua se pone azul, es mal síntoma, pues se trata de una enfermedad “del ganado ovino, que a veces ataca también al bovino, producida por un virus específico y caracterizada por cianosis de la lengua, ulceraciones en la boca y cojera.”
El diminutivo “lengüeta” tiene muchas aplicaciones. Es el fiel de la balanza romana, la parte de un instrumento de encuadernación y la tira de piel del zapato que está debajo de las agujetas. La laminilla vibrante de la boquilla en instrumentos de viento recibe esta denominación.
De la “viperina”, hablamos hace unas semanas. Sólo agregaré que también se le conoce como “serpentina”.
Hay plantas que reciben el nombre de lenguas “de buey”, “cervina” y “de ciervo”.
“La lengua de fuego” es cada una de las flamas de una hoguera o incendio.
Es, asimismo, la forma en que el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles el Día de Pentecostés y con ello les confirió el “don de lenguas” que les permitiría predicar a los pueblos.
Recordemos que el origen bíblico de la multiplicidad de las lenguas es la ambición humana por alcanzar el Cielo con la construcción de la Torre de Babel.
Tener la “lengua de trapo” o “de estropajo” es tener dificultad para hablar, ya sea por disfunción, enfermedad o excesivo consumo de bebidas espirituosas.
La “lengua de Oc” es la que se hablaba en El Languedoc, lugar de Francia que significa, precisamente, lugar donde se habla la lengua de Oc (La Occitania, ahí se decía “oc” en vez de “oui”. Es la región donde se desarrolló la herejía albigense o cátara).
“Lengua de tierra” es la porción de suelo que se adentra en el mar, en un río o un lago. En contraste, la “lengua de agua” es la que “lame” el borde de la tierra.
La “lengua muerta” es la que se dejó de hablar, como el sánscrito y el arameo. La “viva”, desde luego, es la que está en uso.
Una persona de “mala lengua” lo es como si fuera de “mala leche”, maledicente, murmuradora.
La “lengua materna” es la primera que una persona aprende, aunque se la enseñe su padre.
La “lengua larga” es la de un parlanchín que también puede ser un “deslenguado”.
Y “lenguado” es un pez, también conocido como rodaballo (¡Ah, la magnífica novela de Günter Grass!).
Si le “comen a uno la lengua los ratones”, enmudece, sobre todo cuando se impone la timidez.
No es bueno andar “de lengua en lengua” y menos llevarla de fuera, señal de cansancio extremo o de arrobamiento por causa de un objeto de deseo.
La “lengua de plata” es la del orador mercenario.
Sacar o mostrar la lengua es burla infantil.
De Alberto Ruy Sánchez hay un libro que no se debe dejar pasar: Los demonios de la lengua (Alfaguara, 2007).
Ya se ve y como les constará a algunos, son variados los usos de la lengua... de la palabra “lengua”.
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Regaños. Llegó la primavera y con ella un error que cada año comparten medios impresos, electrónicos y portales de internet. Reporteros inspirados, locutores extasiados, comentaristas emocionados por el comienzo de la estación escriben o dicen: “Entró el equinoccio”, “empezó el equinoccio” como si este término astronómico fuera sinónimo del periodo anual.
El equinoccio ni entra ni empieza, ocurre. Es el momento en el que el día y la noche tienen la misma duración, por lo tanto no es algo que dure, sino que se da.
Hay el de primavera, que se presentó el 20 de marzo a las 4:29 y marca el inicio de la estación, que sí “entra” o “empieza”; el equinoccio de otoño ocurrirá en septiembre.
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Radix. “Glosa” es el griego para lengua, tanto el órgano como el lenguaje. Esta palabra da el latín “glossa” que es palabra oscura, que debe ser explicada. Eso hace un “glosario”, donde se agrupan explicaciones. “Glosas”, como las Emilianenses que ya vimos, son anotaciones al margen que ayudan a entender un texto.
“Desglosar” es separar para explicar o quitar lo que sobra.
Esta raíz la vemos en “políglota”, el que habla muchas lenguas; “glositis”, la inflamación de la lengua; “epiglotis”, cartílago cuya función es deglutir.
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El Arca de Arena pidió el término que designa a una concavidad tenebrosa. Una oquedad en la tierra, en las montañas, en las rocas. Comparte raíz con la denominación de quienes investigan y recorren las cavernas y que aparece en varios relatos de Juan José Arreola.
La confesa discípula del escritor no podía fallar. Marielena Hoyo escribió: “Tengo la respuesta para la pregunta que el sábado hizo El Arca a sus seguidores. Se trata del término “espelunca”, mismo que aparece en el relato corto de J. J. Arreola llamado precisamente LA CAVERNA. (N: del R. La historia se incluye en el libro Prosodia).
“Este es el fragmento donde aparece la referencia:
‘Algunos investigadores piensan que la caverna no entraña un misterio cruento. Dicen que se trata de un antiguo cementerio, tal vez etrusco, tal vez ligur. Pero nadie puede permanecer en la espelunca por más de cinco minutos, a riesgo de perder totalmente la cabeza.’
“Por cierto, el día en que inicié mi labor como Directora del Zoológico de Chapultepec (13-01-83), al hacer mi primer recorrido escuchaba gritar a las guacamayas, pero no daba con ellas y nadie me decía dónde estaban exactamente. Cuando por fin las encontré, justo mi expresión sobre el lugar fue que se trataba de una espelunca, dadas las terribles condiciones del dizque albergue para tales criaturas, que como visitante siempre vi emperchadas a la entrada del zoo.”
Añadiré a lo que dice la colega que la palabra está también en El Bestiario (otra obra de Arreola): “El oso de la espelunca es el más abundante de los fósiles, y su distribución acompaña a todas las migraciones humanas de la prehistoria.”
Otro autor, José Juan Tablada, en su poema ¡Yecán... Yecán...!, ése que empieza diciendo: “Ruedan las brujas bolas de lumbre./ Primero al ras del horizonte. Y luego en la cumbre...”… tiene los versos: “Ladran a un falaz brillo/Los coyotes de la espelunca”
Esta semana pregunta El Arca ¿cómo se llama el olor a tierra mojada?


25 03 17



Publicado en La Crónica de hoy

sábado, 18 de marzo de 2017

Regaño maoista



Carlos Alberto Patiño

Ocupado como estaba, primero haciendo la revolución y luego construyendo y consolidando la República Popular China, Mao Tse-tung se dio tiempo de elaborar un pequeño ensayo —en realidad un discurso— sobre el estilo.
Sí, escribí Mao Tse-tung, no con esa grafía que corresponde a la pronunciación del chino en inglés (ese “Mao Zedong” que acompaña al “Beiging” con el que nos disfrazan a la legendaria ciudad que conocemos como Pekín.
Puede el lector interesado revisar los artículos de Luis González de Alba dedicados al origen de estos usos lingüísticos. Éste, por ejemplo: China es Zhonghua. (https://temibledani1lga.blogspot.com/2008/09/milenio20080224sd.html).
Además, la forma de escribir el nombre de El Gran Timonel, la tomo del discurso del propio Mao publicado en las “Ediciones en lengua extranjera” de la Editorial del Pueblo, de Pekín (sic) 1966.
Mao pronunció el discurso en cuestión el 18 de febrero de 1942 en Yenán, durante una reunión de cuadros del Partido Comunista de China.
El texto lleva el título Contra el estilo de cliché en el Partido.
El regaño que da Mao a sus camaradas y las recomendaciones que les hace pueden resultar útiles para algunos comunicadores de hoy en día, si saben extraer la esencia del discurso y no reparan en los vericuetos ideológicos.
El estilo de cliché al que se refiere el dirigente es una forma de escribir confusa y dogmáticamente. Algo cercano a la tercera definición que da el Diccionario de la lengua española a la palabra “cliché”: “Lugar común, idea o expresión demasiado repetida o formularia.”
Sostiene Mao que “No es muy grave si uno escribe en estilo de cliché del Partido sólo para sí mismo. Pero si da a leer lo escrito a otra persona, se duplica el número de lectores, y eso ya causa un daño mayor. Y si fija en la pared su escrito, si lo reproduce en mimeógrafo, lo publica en los periódicos o lo imprime en forma de libro, el problema es verdaderamente serio, porque su influencia puede alcanzar a mucha gente.” (Piense el lector en los medios electrónicos y en las redes sociales de ahora. Imagine el efecto).
Mao, ya con la manía de fincar cargos, los hace al estilo de cliché.
El primero es que “llena de palabras vacías un número interminable de páginas. Algunos camaradas gustan de escribir artículos largos pero sin sustancia, (...) ¿Por qué persisten en escribir artículos tan largos y por añadidura tan hueros? No hay más que una explicación: están decididos a impedir que las masas los lean.”
Recomienda el dirigente “estudiar la manera de escribir artículos breves y sustanciosos.”
Otro problema que señala el camarada es “tener en cuenta, a quién se dirigen, quién va a leer sus artículos y manuscritos o a escuchar sus discursos y charlas; si actúan de otro modo, es como si hubieran decidido impedir que la gente los leyera o los escuchara. Con frecuencia, muchos se imaginan que lo que han escrito y dicho es fácil de comprender; sin embargo, la realidad es completamente distinta.”
Más adelante critica el estilo insípido. “¿No es cierto que un artículo o un discurso que se limita a repetir unos cuantos términos en tono escolar y sin rastro de viveza ni vigor, tiene un lenguaje insípido y un aspecto repelente…?” Y explica: “Sus artículos tienen pocos lectores y sus discursos pocos oyentes. ¿Por qué debemos aprender el idioma, y más aún, estudiarlo con gran empeño? Porque el idioma no se domina fácilmente; para dominarlo hay que hacer un esfuerzo tenaz.”
Para Mao no está mal incorporar nuevas palabras provenientes del extranjero, pero pide no olvidar las raíces de la lengua. “Debemos seguir asimilando muchas cosas nuevas del extranjero, no sólo las ideas progresistas sino también expresiones nuevas. (...), también hemos de aprender lo que haya de vivo en el idioma de nuestros antepasados. Como no nos hemos esforzado lo suficiente en el estudio del idioma, no hemos podido utilizar en forma plena y adecuada lo mucho que hay de vivo en el lenguaje antiguo. Desde luego, nos oponemos firmemente al uso de las expresiones y alusiones muertas; en esto no cabe duda alguna, pero debemos heredar lo que es bueno y sigue siendo útil.”
Lo que sigue lo dijo sobre sus cuadros propagandistas, pero puede valer para los comunicadores: “Es que (el estilo de cliché) no tiene sentido de responsabilidad y dondequiera que aparece perjudica a la gente. Todas las faltas denunciadas más arriba se deben en parte a la inmadurez y en parte al insuficiente sentido de responsabilidad. Tomemos, por ejemplo, el lavado de la cara. Todos nos lavamos diariamente la cara, y muchos, más de una vez al día, y después de lavarnos, nos miramos al espejo (...), temiendo que algo no esté bien. Fíjense, ¡qué sentido de responsabilidad! Si nuestros artículos y discursos se hicieran de esta manera, serían más o menos aceptables. No se debe mostrar lo que no es presentable. Hay que entender que lo presentado influirá en el pensamiento y en la acción de otros (...) cuando se trata de escribir artículos o pronunciar discursos, que están destinados especialmente a influir sobre otras personas. Sin embargo, nuestros camaradas toman esta tarea a la ligera, lo que significa poner lo secundario por encima de lo importante. Mucha gente escribe artículos o pronuncia discursos sin previo estudio ni preparación y después de escribir un artículo, no se molesta en revisarlo varias veces, como se miraría al espejo después de lavarse la cara, sino que lo envía despreocupadamente para su publicación.”
Ya en el tramo final de su discurso, Mao Tse-tung cita al escritor Lu Sin, precursor del movimiento revolucionario y modernizador de la literatura china en las primeras décadas del siglo XX.
“¿Qué dijo Lu Sin? Formuló en total ocho reglas para escribir, algunas de las cuales voy a citar aquí.
“Regla 1: ‘Presta atención a todo tipo de cosas; observa más, y no escribas tan pronto como hayas visto sólo un poco...’
“Regla 2: ‘No te fuerces a escribir cuando no tengas nada que decir... Es irresponsable tornar la pluma y ‘forzarse a escribir’ sin investigación ni estudio previos’ (...)
“Regla 4: ‘Lee tu escrito por lo menos dos veces después de haberlo terminado, y procura en lo posible suprimir sin ninguna piedad las palabras, frases y párrafos superfluos. Es preferible condensar en un relato el material para una novela a estirar el material de un relato para escribir una novela’ (...)
“Lu Sin nos recomendó leer lo escrito ‘por lo menos dos veces’, pero ¿cuántas veces como máximo? Eso no lo dijo; en mi opinión, si se trata de un artículo importante, es conveniente leerlo más de diez veces, revisándolo a conciencia antes de que se publique. Los artículos reflejan la realidad objetiva, pero, como la realidad es intrincada y compleja, debemos estudiarla una y otra vez antes de que podamos reflejarla con propiedad; actuar con negligencia a este respecto es ignorar las nociones más elementales del arte de escribir (...)
“Regla 6: ‘No inventes calificativos u otras cosas parecidas que nadie entiende excepto tú mismo.’”
De algo servirá tomar en cuenta estas recomendaciones. Ya saben lo que se dice, el que no ama a Mao...
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Regaños. Lo tomo del portal SDP, pero lo publicaron muchos medios: “Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) validaron que los policías adscritos a la corporación del Estado de México puedan recurrir a la fuerza, cuando en manifestaciones o aglomeraciones de personas, se detecte una ‘agresión real’ en su contra.”
“Agresión real”, vaya, porque las agresiones imaginarias no cuentan, claro. Y si la agresión es irreal o imaginaria, ¿se puede responder con fuerza imaginaria?
La ley debe ser precisa, pero ¿hacía falta que los ministros incurrireran en la tautología?
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Radix. Quir-queiros” es mano en griego. Está en palabras como cirugía (lo que se hace con la mano), la “especialidad médica que tiene por objeto curar mediante incisiones que permiten operar directamente la parte afectada del cuerpo” (DLE); “cirujano”, el que realiza esta práctica; “quirófano”, el lugar donde se practican las cirugías. “Quiromancia”, como ya vimos, es la adivinación por la lectura de las líneas de la mano y “quirografario” es un documento escrito a mano. Un quiróptero es el bicho en el que las manos se unen a las alas, como los murciélagos.
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Preguntó El Arca el nombre de la espuma que se forma en la cerveza, “esa crema indispensable en un buen tarro y que la mayoría de bebedores nacionales prefiere que no se forme con la consecuente pérdida de cualidades de la bebida.”.
La respuesta, “giste”, la dieron Francisco Báez, Hugo Martínez, Marielena Hoyo y Eduardo Morales.
Ahora saca El Arca una palabra que encontró en varios relatos de Juan José Arreola. Es una concavidad tenebrosa. Una oquedad en la tierra, en las montañas, en las rocas. Comparte raíz con la denominación de quienes investigan y recorren las cavernas.


11 03 17

Publicado en La Crónica de hoy
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