miércoles, 18 de julio de 2018

¿Comunicación social?

Carlos Alberto Patiño










El derecho a la información debería incluir la obligación de la claridad. Lograr que las áreas denominadas de “comunicación social” —antes simples oficinas de prensa— elaboren mensajes comprensibles, pero sobre todo informativos, sería un importante avance democrático.
No me referiré a la redundancia en la construcción del concepto. ¿Qué comunicación no es social? Hablo del imperativo de que la comunicación corresponda a las necesidades de los ciudadanos
La claridad en los mensajes de gobierno se relaciona con la legitimidad del mandato otorgado por los ciudadanos y con la transparencia y rendición de cuentas.
Si lográramos evitar panegíricos, propaganda plagada de frases hechas e inexactitudes o el lenguaje burocrático, ganaríamos en calidad democrática.
Hay movimientos en países como Canadá, Francia, Argentina, EU que pugnan porque la buena redacción forme parte de las obligaciones de gobierno.
En verdad, un mensaje confuso no sólo no cumple su función, sino que puede resultar contraproducente.
Esperemos que algún día sea obligación constitucional la comunicación clara, eficaz.
Es parte de la transparencia que nos deben los gobernantes.
El extremo que parece inalcanzable es el de que las leyes sean  redactadas para que todo mundo las entienda y no haya lugar a oscuros recovecos que aprovechan abogados sin escrúpulos para cometer fechorías legaloides. Aun los profesionales con ética tropiezan con redacciones ambiguas que propician litigios interminables o posibilitan decisiones injustas.
Mientras llega el feliz momento de reformar la Constitución,  ocupémonos de extender la idea de que la claridad es democracia, y no sólo en  las áreas de comunicación social, sino en todos los ámbitos de gobierno. La res publica, la república es eso, pública. Desde un simple oficio hasta un informe de gobierno deben estar bien redactados.
El ciudadano que requiere hacer un trámite, cumplir una obligación, demandar un derecho se pregunta ¿qué debo hacer? Y la respuesta muchas veces es más enigmática que los retos a los que se enfrentaba Sherlock Holmes.
Un ejemplo, el trámite para obtener un pasaporte:
“En cumplimiento al Decreto de Ventanilla Única Nacional, sus Disposiciones Generales, y al acuerdo por el que se emite la Guía para la estandarización y certificación de los trámites digitales con el Sello de Excelencia en Gobierno Digital, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) —¿Cuántas palabras llevamos y todavía no entramos en materia?—,  ha desarrollado una herramienta que tiene por objeto eficientar el proceso de expedición de pasaportes ordinarios, facilitando la realización del trámite y reduciendo los tiempos para la obtención del documento —pero no los de lectura del procedimiento—.
“Por ello, ponemos a tu disposición la CUARTA
FASE piloto para el servicio de CITA Y PRE-REGISTRO EN LÍNEA de tu solicitud de pasaporte; estará disponible en las 45 Delegaciones de la SRE, 11 Delegaciones ubicadas en la Ciudad de México y Área Metropolitana, así como en las 34 Delegaciones Foráneas.
“El llenado de tu solicitud en línea (pre-registro), facilita el trámite y reduce los tiempos de emisión, además de poder realizar tu cita desde la comodidad de tu casa o el lugar de tu elección, con acceso a Internet.
“Antes de ingresar, te pedimos que verifiques que NO TE UBICAS en alguno de los siguientes casos:..”
Quizá el trámite se haya simplificado, pero la explicación no ayuda mucho, y todavía no llegamos a la parte donde dicen quien no puede hacer el trámite en línea y debe buscar a un operador para conseguir la cita.
Lea usted el comunicado de las autoridad capitalina sobre el reciclaje de basura: “A un año de la entrada en vigor de la Norma 024, que tiene que ver con el reciclaje, se han dejado de enviar a los basureros más de 240 mil toneladas de residuos sólidos, informó.
“Del 8 de julio de 2016 al 8 de julio de 2017 se mandaron 3 millones 96 mil 408 toneladas de Residuos Sólidos Urbanos (RSU) a los rellenos sanitarios autorizados; mientras que en el periodo siguiente, del 8 de julio de 2017 al 8 de julio de 2018, se llevaron solamente 2 millones 856 mil 164 toneladas.”
“Claro, todos los ciudadanos se saben todas las normas, especialmente, la 024, y en su lenguaje cotidiano le dicen al chamaco: “¡Ya llegó el camión de los residuos, saca los sólidos para que se los lleven al centro de reciclaje!”.
Un gran problema (y un abuso) es el de querer convertir una acto informativo en un vehículo de promoción personal: “El funcionario tal, consciente de la importancia que tiene para el ciudadano el tema de la seguridad, informó que fueron detenidos tres presuntos delincuentes”
U otro típico: “El secretario xxxx, acompañado del gobernador zzz inauguraron (así, con esa falta de concordancia) la obra tal que responde a las demandas de la sociedad.”
No es exagerado, así vienen redactados muchos boletines. Con esta estructura, lo importante es que sutano informó, que fulano inauguró, pero no el hecho o la importancia de la obra.
Si el responsable del mensaje se topa con un reportero inexperto o descuidado, que transcribe sin criterio el contenido, el personaje habrá logrado su cometido propagandístico, pero le habrá escamoteado a la sociedad el derecho de ser bien informado.
Información oficial hay que puede estar destinada a confundir a los  ciudadanos.
Personalmente la viví con un ajuste a tarifas eléctricas (nada reciente). La información estaba escrita de tal manera que puso a toda la redacción a interpretar si subirían o bajarían las tarifas, si para todos o para algunos. “Es una explicación técnica compleja, decían” Sí, pero lo técnico ni lo complejo excluyen la claridad.
En el terreno de la comunicación se estudia el fenómeno de la pérdida de información consustancial al proceso comunicativo.
Un emisor lanza un mensaje. Por los ruidos del sistema ya hay una pérdida. El transceptor —quien debe llevar al información a otros— también se ve afectado por los ruidos, la manera en que comprende  y en la que se expresa, así que tenemos otra pérdida.
El receptor final ya no recibe íntegro el  mensaje, pero todavía falta la interpretación que él le dé. Y eso si todo funciona bien, si no hay mala intención o torpeza.
Imagine el lector si se entremezclan segundas intenciones o incapacidad de estructurar un mensaje coherente… Sucumbe el derecho a la información.
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Regaños.
La ignorancia, el descuido o la negligencia al redactar producen engendros como éste: “(Notimex) El uso de rayos de ultrasonidos de alta energía para tratar tumores de cáncer de próstata puede ser tan efectivo como la cirugía o la radioterapia, pero con menos efectos secundarios, aseguraron investigadores en un estudio publicado por la Escuela Imperial de Londres”.
¡Rayos! El autor de la nota ignora que el sonido se propaga en ondas. No tiene nada que ver con la radiación.
Pero con este párrafo se consagra el autor: “Los
hallazgos descubrieron que después de cinco años la tasa de supervivencia del cáncer de HIFU era del 100 por ciento, aproximadamente, uno de cada 10 hombres necesitaron tratamiento adicional…)”!
Los hallazgos descubrieron.… ¿Qué, el hallazgo no es lo que se halla? Equivale a descubrimiento, así que difícilmente el hallazgo puede descubrir algo. Ya no dire nada de la anfibología con el cáncer de HIFU.
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El Arca de Arena buscaba a los hiperbóreos, “los de más al norte”. Respondieron Francisco Báez, Luz
Rodríguez y Marielena Hoyo. Ella nos dice que son de “Hiperbórea, el continente mitológico y su supuesta capital Thule (la última Thule, refirió Báez), de donde según (los nazis), provino la raza aria”.
El Arca encuentra una tabla que sirve de soporte a una colección de armas de esgrima como floretes y sables. Se denomina con el mismo nombre a una armadura formada con todas sus piezas y a la rama de la arqueología que estudia las antiguas armas de mano y las armaduras.


14 07 18


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miércoles, 11 de julio de 2018

La gramática, de todos tan temida

Carlos Alberto Patiño



En 1492 ocurrieron dos acontecimientos muy importantes para la humanidad en general y para España en particular.

Uno, nada más cambió la idea y la forma mundo. Es, por supuesto, el viaje de Cristóbal Colón y su descubrimiento de América.

El otro no es menor para los hispanohablantes que entonces sólo estaban en una de las penínsulas europeas. El hecho fue la aparición de la primera gramática de la lengua española, entonces denominada castellana.

El autor de esta obra fue Antonio de Nebrija, de quien ya habíamos hablado en este espacio cuando abordamos el tema de la ortografía (La Orthographía, por tan pocos atendida)

A Nebrija le encargó la tarea doña Isabel la Católica. La prominente dama le pidió a don Antonio justificar la necesidad de contar con una obra así.

No fue el autor, sino el obispo de Ávila fray Hernando de Talavera quien dio la respuesta “Después de que Su Alteza haya sometido a bárbaros pueblos y naciones de diversas lenguas, con la conquista vendrá la necesidad de aceptar las leyes que el conquistador impone a los conquistados, y entre ellos nuestro idioma; con esta obra mía, serán capaces de aprenderlo, tal como nosotros aprendemos latín a través de la gramática latina.”

Y eso que apenas se iba a descubrir América. Faltaban más de 200 años años para que naciera la Real Academia de la Lengua y apenas se sembraba la semilla de la que se convertiría en la segunda lengua más hablada del mundo.

Nebrija puso la primera piedra de una edificación que permitiría normar la forma de expresarse de más de 500 millones de personas.

También proporcionó las bases para que nuestra lengua resista el paso del tiempo y no acabe como el latín, que decayó y desapareció cuando surgieron las lenguas romances, entre ellas la nuestra.

Las lenguas cambian, pero la que usamos en España, Hispanoamérica, Asia y África seguirá siendo el español por mucho tiempo, eso sin menoscabo del surgimiento de otras formas como ya está sucediendo con el espanglish.

La gramática de Nebrija fue simiente. Uno de sus propósitos, lo explica él (con su ortografía y redacción de la época), era que los “estraños” (extranjeros) pudieran aprender la lengua “entonces por este mi arte podrían venir en el conocimiento della como agora nosotros aprendemos el arte de la gramática latina para aprender el latín.

“Y cierto assi es que no sola mente los enemigos de nuestra fe que tienen la necesidad de saber el lenguaje castellano: más los vizcaínos, navarros, franceses, italianos, y todos los otros que tienen algun trato y conversación en España y necesidad de nuestra lengua: si no vienen desde niños ala deprender por uso: podrán la mas aina saber por esta mi obra.”

Hay un dato importante. Las gramáticas no se escriben nada más para los extraños. También cumplen la función de normalizar, regular la lengua de los que ya la hablaban y que necesitan un marco de uso común.

Sin meternos en las profundidades de la lingüística, digamos que la gramática ya viene precargada en los niños como los programas en las computadoras. Bueno, no exactamente, pero es un hecho que los niños aprenden a expresarse sin estudiar gramática.

Los analfabetos no la han estudiado, pero pueden estructurar oraciones y comunicar sus ideas.

Mientras se aprende a hablar, se desarrolla la idea gramatical. Preciso, se incorpora la estructura. Por eso se pueden expresar nuevas ideas con el mismo lenguaje.

Pero eso no basta. Como en las transcripciones genéticas, se producen errores que causan daños o provocan mutaciones. Así, poco a poco surgen cambios y se va deteriorando la lengua.

A veces, también como en la genética, las mutaciones contribuyen a la adaptación;  a veces, como el cáncer, la falla aniquila.

Y para eso sirve la gramática académica, no para establecer o imponer como algunos creen, sino para registrar las normas que reflejan los usos.

Ése es el sustrato de mi desempeño profesional. No es nada más señalar el error, es encontrar la mejor forma de decir. Y la mejor es siempre la más clara, la que mejor se entiende, la que no distorsiona la lógica ni incurre en la confusión de significados. No es purismo es obligación de claridad.

La primera Gramática de la lengua castellana compuesta por la Real Academia Española apareció, con este título, en 1771.

Está dedicada a Carlos III (el papá del que monta nuestro Caballito).

Establece la obra en su presentación que “La Academia sólo pretende  en esta Gramática instruir a nuestra juventud en los principios de su lengua, para que hablándola con propiedad,  y corrección se prepare a usarla con dignidad y elocuencia.”

En el prólogo dice que “Sería pues conveniente que los padres o maestros instruyesen con tiempo a los niños  en la Gramática de su lengua. Los que no hubiesen de seguir la carrera de las letras se ilustrarían a lo menos en esta parte de ellas , y hallarían en el exercicio de sus empleos, en el gobierno de sus haciendas, y en el trato civil, las ventajas que tienen sobre los otros los que se explican correctamente de palabra y por escrito.

No deberíamos aspirar menos, pero me conformo ya no con toda la gramática sino con la ortografía y la sintaxis.

¿Desde cuándo, en  los  medios de comunicación, los jóvenes y los que ya no son, creen que su profesión es la de hablar con lugares comunes? ¿Por qué creen que las muletillas son muestra del mejor estilo?

La gramática y sus partes, como la ortografía y la sintaxis, no son imposiciones sino acuerdos de comunicación. El que no atiende este hecho no debería creer que tiene un salvoconducto para destrozar el idioma.

No se trata de (ni se puede) congelar una lengua; pero, si nos atenemos a las normas, será mejor nuestra comunicación.

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Es el “cancel electoral” el nombre de la parte de la casilla donde se marca la boleta y que resguarda la privacidad y garantiza el secreto del voto. Eso encontró El Arca de Arena en un manual para escrutadores. También se acepta “mampara electoral”. Las respuestas las recibió El Arca de Angélica Villanueva, Luz Rodríguez, Marielena Hoyo, Pedro Toxcano y Miguel Ángel Castañeda.

Bien, las arenas de El Arca encuentran una palabra que literalmente significa “los de más al norte”, “muy al norte”. Friedrich Nietzsche se consideraba a sí mismo como tal, pues se decía más allá de los límites. Hay referencias en la mitología griega y en términos esotéricos se refiere a una raza mítica de la que algunos nazis pretendían descender.



Publicado en La Crónica de hoy         07 07 18



jueves, 5 de julio de 2018

Chanchullos

Carlos Alberto Patiño








A jaloneos, con tropiezos menores y mayores, a veces con sangre, mediante un proceso disparejo pero constante se ha forjado nuestra democracia.
En este camino, hemos incorporado términos formales y coloquiales, como ciudadano y ciudadanía, voto, sufragio efectivo, elecciones, boleta, padrón, cédula y luego, credencial para votar con fotografía, primero del IFE y después del INE.
A la par, hemos creado un conjunto de conceptos para describir prácticas, nada presentables, pero vigentes en distintas etapas de nuestra historia, y algunas, no del todo erradicadas.
De otros tiempos nos viene la palabra “tapado”. La tomamos de las peleas de gallos. Es una modalidad de combate en la que las apuestas se pactan conociendo sólo a una de las aves contrincantes, la otra permanece oculta, velada, para darle mayor emoción a la contienda.
Jorge Carpizo, exrector de la UNAM, primer ombudsman, exprocurador, académico, nos da una definición en su artículo “El tapado: sistema de engaños y mentiras”, publicado en la revista Nexos de noviembre de 1999 (https://www.nexos.com.mx/?p=9469): “El ‘tapado’ ha sido una de las características sobresalientes del sistema político mexicano de las últimas décadas. Por expresión tan singular como representativa se entiende que el Presidente de la República escoge y selecciona a su sucesor, pero para evitar que a este último lo vayan a vulnerar o debilitar, lo protege, lo oculta, lo “tapa” hasta el momento en que se hace público que él es el señalado y a quien se le va a donar el cargo.”
Claro, una práctica así sólo se podía dar en un sistema tan fuertemente vertical como el político mexicano en su etapa monopartidista y del más absoluto presidencialismo.
El mandatario en turno elegía a su sucesor, siempre detrás de la charada del apoyo popular y del pronunciamiento de los sectores del partido. Para ello se recurría a otra práctica, entonces considerada normal: “el dedazo”. Era (y es todavía en algunos partidos) el acto por el cual el Presidente señalaba a su sucesor y a los candidatos a gobernadores, senadores y otras autoridades. Esa fórmula iba acompañada de otra conocida como “palomeo” que era la aprobación de candidatos en listas en las que se ponía una palomita a quienes eran aprobados por el Gran Elector.
Al “destape” seguía “la cargada” que era el inacabable desfile de oportunistas y aduladores en las oficinas del destapado, a quien juraban que siempre había sido su favorito.
Aunque ya no con la magnitud que tuvieron, el “dedazo, y el “palomeo” sobreviven por ahí, como sigue existiendo el “acarreo”, esa práctica de llevar por medio de la persuasión o la coacción a “simpatizantes” a los mítines y actos de los políticos.
También se emplea para acercar a los votantes a las casillas donde hacen falta sufragantes.
La variante del “carrusel” era muy efectiva a la hora del “carro completo”, como le gustaba decir a la “aplanadora” priista, cuando lograba —y era casi siempre— ganar todos los puestos de elección.
Mediante el “carrusel” se trasladaba a grupos de ciudadanos para que votaran en distintas casillas.
Un padrón efectivo, la credencial para votar con fotografía y la tinta indeleble deben frenar esa modalidad.
La “operación tamal” incluía desayuno o almuerzo para los simpatizantes que a cambio, no de un plato de lentejas sino de un buen tamal, daban su voto a quien los convidaba.
Contra la “urna embarazada” se inventó la urna transparente. Aquélla era la que venía cargada de votos desde antes de que iniciara la votación.
El “taco” fue otra forma de añadir votos apócrifos. En la casilla, tras las cortinas que resguardan la secrecía del voto, el tramposo introducía en la urna un taco de boletas marcadas a favor de su candidato para asegurar la mayoría a la hora del escrutinio.
La “alquimia” y la “ingeniería electoral” tuvieron su momento. Las empleaban los responsables de darle la vuelta a una elección. Padrones rasurados, sustitución de actas, votos de muertos eran recursos para éstos, unos magos, otros técnicos, especializados en transmutar derrotas en victorias.
Otros personajes asociados son los “mapaches” que roban o rellenan urnas para alterar resultados. La única culpa del pobre animalillo es tener una marca en la cara en forma de antifaz, pero eso es suficiente para que el imaginario popular los asocie con los delincuentes electorales.
El “padrón rasurado” era al que se le borraban los datos de los votantes potencialmente antagónicos. Con éste se apoyaba la práctica del “ratón loco”. La idea era que los ciudadanos se cansaran de andar de casilla en casilla para ver dónde les tocaba emitir su voto.
La “casilla zapato” siempre fue sospechosa, pero en illo tempore eran de lo más común las casillas donde los opositores no obtenían ningún voto, como en el dominó, cuando la pareja de jugadores se queda en ceros a lo largo de una partida.
La “concertacesión” era recurso postelectoral. Si con ninguno de los medios señalados se lograba el triunfo, de alguna manera se desconocía el resultado y se negociaba algo a cambio. Muy sonada, aunque todavía no se acuñaba el término, fue la componenda en la elección de Nayarit de 1975. El triunfo lo logró Alejandro Gascón Mercado, del Partido Popular Socialista, pero en esa época era impensable un gobernador de oposición, aunque fuera la oposición leal del PPS. El entonces presidente del PRI, Porfirio Muñoz Ledo, entró en negociaciones con el dirigente pepino Jorge Cruickshank García, el resultado fue que el Popular Socialista reconoció el triunfo del tricolor Rogelio Flores Curiel. Casualmente, al año siguiente Cruickshank se convirtió en el primer senador no plenamente priista, pues llegó al escaño por una fórmula PRI-PPS.
Otros términos de este folclórico lenguaje son “caballo negro” —el candidato que no es favorito, pero que gana—, la “caída del sistema” y el “amiguismo” (—Oye, conozco al candidato desde hace mucho y no sé si hablarle de tú o de usted. —No te preocupes, háblale de mí).
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A El Arca de Arena llegaron las respuestas de Luz Rodríguez, Marielena Hoyo y de Miguel Ángel Castañeda. El nombre de cada una de las piezas verticales a los lados de una puerta o ventana que sostienen el dintel o el arco de ella es “jamba”, del francés “jambe”, que significa pierna. También tiene que ver con la grafología, y nos explica don Miguel Ángel que “las jambas o pies son los trazos plenos que descienden, van desde la zona media hacia abajo en las letras f, g, j, p, q, y, z.”
Lo opuesto a las “jambas”, sigue Miguel, son hampas o crestas, “los trazos plenos que ascienden desde la zona media en las letras b, d, f, h, j, l y t.”
El Arca pide ahora el nombre de la parte de la casilla donde se marca la boleta y que resguarda la privacidad y garantiza el secreto del voto.


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30 06 18




lunes, 25 de junio de 2018

Dudas y soluciones

Carlos Alberto Patiño


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¿Cómo se escribe...? ¿Es correcto decir...? ¿Está bien dicho...? ¿Qué quiere decir? Dudas, muchas dudas genera el uso del idioma. No sólo del español. Ocurre con todos. Siempre hay un resquicio para dudar de una forma, de una regla, de un significado.
Y eso es saludable, dudar siempre lo es. Incluso, grandes escritores consultan diccionarios y gramáticas para esclarecer formas de decir y escribir.
Un periodista con gran dominio del lenguaje escrito decía: “Después de 40 años de haber comenzado mi aprendizaje, todavía se me dificultan muchas cosas. No acabo de entender y sobre todo dominar ciertas complejidades de nuestro idioma que es el más hermoso, pero uno de los más difíciles” (Pacheco, José Emilio, “Un testamento periodístico de Manuel Buendía”)
Aquí en Giros nos habíamos ocupado de las consultas que se hacen a las Academias, la Real Española y la Mexicana de la Lengua en la entrada “Hartas dudas”.
Hay otro sitio que ayuda a resolver las inquietudes de lectores, autores y usuarios de las redes. Es el portal de la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA, https://www.fundeu.es/) que, asesorado por la Real Academia Española, atiende consultas del público.
Es herramienta útil, pero con un sesgo hispanista que marca los usos del lenguaje, no siempre acordes con las formas del español de México ni de América Latina.
No obstante, aplicando el debido criterio, contribuye a resolver dudas en el manejo de la lengua.
Recién publicó la Fundéu la consulta que le hicieron sobre el término “nocebo”. Confieso que desconocía la palabra, pero me recordó un chiste sobre la homeopatía. La respuesta que dio la Fundación fue: “Se trata de una voz relativamente reciente que, en efecto, todavía no recoge la Academia de la lengua, aunque sí el Diccionario de términos médicos, de la Real Academia Nacional de Medicina (España), en la entrada efecto nocebo. La idea básica es que una persona cree sufrir algún efecto negativo por tomar una sustancia que no hace nada”.
Otra duda resuelta fue la referente al término “antonomasia” que, por una cuestión auditiva, puede ser confundida con “autonomasia”. Dice Fundéu: “El único término adecuado es antonomasia, que es una figura retórica y que se usa sobre todo en la locución por antonomasia para indicar que una persona o cosa son las más conocidas o características de su especie”.
Esta duda la podemos compartir y usar como ejemplo para otros comparativos: “¿Puede un gobierno ser más paritario que otro? ¿O ser más que paritario? ¿No es paritario una cualidad absoluta?”
La respuesta es: “Según el Diccionario académico, paritario significa, entre otras cosas, que las diversas partes que forman una comisión o asamblea “tienen igualdad en el número y derechos de sus miembros”.
“En los últimos años el uso más frecuente en los medios (y también válido) es el que se refiere a la igualdad numérica entre hombres y mujeres en un conjunto de personas (un Gobierno, un Parlamento, una lista electoral…).
“De modo que, en sentido estricto, algo puede ser paritario (con el mismo número de hombres que de mujeres) o no serlo, pero no ser más o menos paritario.”
Aunque no todo es tan claro. Hay una explicación para hacer válido el comparativo: “El uso paritario con cuantificadores como más o menos puede deberse a dos causas.
“Por un lado, a que se interprete la palabra paritario no con el significado que figura en el DLE, sino como “que promueve la presencia de más mujeres en ámbitos donde ha estado infrarrepresentada”.
“También es posible que se interprete la paridad no como una igualdad estricta (50/50) en la presencia de hombres y mujeres ‘que no siempre es posible, como en el caso de componentes impares’, sino como igualdad aproximada. En ese caso, un Parlamento con 176 hombres y 174 mujeres podría considerarse paritario, pero uno con 175 hombres y 175 mujeres lo sería aún más”.
¿Alto el fuego o alto al fuego? Nos remite la Fundación al Diccionario panhispánico de dudas de la RAE, para aclararnos que ambas fórmulas son válidas “para referirse a la ‘suspensión de las acciones militares en una contienda’, tal como indica el Diccionario panhispánico de dudas.” “La Academia indica que alto el fuego puede emplearse para ordenar que se deje de disparar (“¡Alto el fuego!”), o como locución nominal con el significado ya referido, y cuyo plural es invariable: los alto el fuego.
“Además, se aclara que la forma alto al fuego se usa en gran parte de América y con menos frecuencia en España, y se considera igualmente adecuada, por lo que los dos ejemplos anteriores están bien escritos.
“Lo mismo cabe decir de las expresiones cese el fuego (la usual en España) y cese al fuego (más frecuente en América), ambas válidas.
“Se recuerda, en cualquier caso, que alto el fuego no equivale a armisticio.”
Con la aparición de Macedonia del Norte surgió la duda sobre el gentilicio. Recordemos que el país exintegrante de Yugoslavia, había tomado el nombre de República de Macedonia, pero Grecia se inconformó, pues su territorio incluye una provincia con el mismo nombre desde tiempos anteriores a Alejandro Magno, héroe nacido en esa región.
Los países llegaron a un acuerdo y ahora la nación balcánica incorpora “del Norte” a su denominación. Entonces, nos aclara la Fundéu que (para el gentilicio) “como parte del acuerdo se admite el uso de la denominación macedonio, a, sin necesidad de añadirle más, tal como se ha venido haciendo hasta ahora, aunque para ser más específico se puede decir de Macedonia del Norte. También la lengua del país se denomina macedonio, sin más”.
Otros casos: “¿Los obispos ‘dimiten’ o ‘renuncian’?” “Según el Código de Derecho Canónico, los términos preferibles en el ámbito religioso para indicar que un obispo deja su dignidad clerical son renunciar y renuncia, no dimitir. Lo mismo sucede en el caso del Papa.”
“Con relación a las protestas por Twitter veo que se escribe tuitazo, twittazo, tuittazo... ¿Cuál sería la forma correcta?” Respuesta: “Ese tipo de protestas se suelen llevar a cabo con el envío masivo de mensajes que tienen alguna etiqueta concreta. Dado que lo recomendable es escribir tuit para aludir a los mensajes, es preferible tuitazo a otras formas.
“Hemos podido comprobar que no solo se emplea para estas protestas, sino de modo figurado para tuits que pueden ser vistos como golpes, es decir, especialmente contundentes, notables o polémicos”.
La lista es larga, lo mejor será navegar por ahí para aprender algunas cosas, y, desde luego, consultar el sitio para resolver dudas.
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Regaño rápido.
Llegó el verano y con él el error nuestro de cada año. Medios impresos, electrónicos y portales de internet; reporteros inspirados, locutores extasiados, comentaristas emocionados por el comienzo de la estación escriben o dicen: “Entró el solsticio”, “empezó el solsticio”, dando  al término astronómico una significación de periodo anual.
El solsticio ni entra ni empieza, ocurre, se produce. Es el momento del año cuando el día es el más largo y la noche más corta del año. Por lo tanto no es algo que dure, sino que se da instantáneamente. Este año ocurrió a las 05:07 del 21 de junio. Es el momento en que se inicia el verano. Ese día la luz del sol iluminó nuestro hemisferio durante 13 horas con 25 minutos.
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El Arca de Arena debió enfrentarse con el diccionario. Pidió el nombre de un antiguo equipo de escritura, del conjunto de instrumentos para elaborar un texto que es sinónimo de “mensaje o respuesta que de palabra se da o se envía a alguien”. Se explicó que personajes del Siglo de Oro, como los de Tirso de Molina y Calderón de la Barca, lo piden cuando tienen necesidad de mandar un escrito urgente: “¡Traedme…!”.
Bueno la respuesta que esperaba es la que dieron Bertha Hernández y Mangel (no sin cierta ayuda): el “recado de escribir”, que, define el DLE es “Conjunto de objetos necesarios para hacer ciertas cosas” y pone como ejemplo, precisamente el “recado de escribir”.
Sin embargo Francisco Báez y Marielena Hoyo respondieron “escribanía” y entonces El Arca rebuscó entre sus arenas y encontró que en su quinta acepción la palabra es: “Recado de escribir, generalmente compuesto de tintero, salvadera y otras piezas, y colocado en un pie o platillo”.  Así que ni duda cabe, excepto en la parte que la petición hablaba de “un mensaje o respuesta” y que era la alusión a la palabra “recado”.
El lector Miguel Ángel Castañeda también reportó la escribanía y nos dio la definición del DLE ya citada.
Ahora requiere El Arca el nombre de las piezas verticales a los lados de una puerta o ventana que sostienen el dintel o el arco de ella. También es la designación del trazo bajo de algunas letras opuesto al hampa.


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23 06 18

lunes, 18 de junio de 2018

Mejor a mano

Carlos Alberto Patiño


 


Escribir a mano es una práctica que cae en el desuso. Cada vez más, los dispositivos electrónicos se extienden. Cada vez menos, las personas usan una pluma o un lápiz para anotar.
Ahora se toma la foto de un aviso con el teléfono o, con el mismo, se hacen notas con un ágil juego de pulgares.
Los viejos reporteros criticaban a los que en los años 70 empezaron a incorporar grabadoras a sus labores. Los de antes sólo necesitaban lápiz y libreta para elaborar reportajes de grandes vuelos.
En nuestros días, a la grabadora la desplaza el teléfono; y, lo que es más grave, el copy paste se vuelve fórmula muy socorrida para elaborar trabajos, tareas y hasta tesis.
Escribir a mano es gratificante. No lo digo yo, es una conclusión de diversos estudios sobre el cerebro. Intervienen el tacto, la vista y el pensamiento.
Hace un par de años se desató una polémica acerca de la escritura manuscrita por la decisión de Finlandia, país emblemático en materia educativa, de eliminar esta disciplina en sus estudios.
No quiere decir que se desterraran lápices, plumas y libretas de las aulas, pero hoy campean los teclados.
Imagínese usted, seguidor de El Arca de Arena, cómo les explicaría a esos chicos el uso del cálamo.
No sólo por nostalgia, también por razones pedagógicas aparecieron voces discordantes, las primeras de profesores y psicólogos que alzaron el dedo para señalar la importancia de la escritura en el desarrollo psicomotriz del niño.
Explicaron algunos neurólogos que el proceso de escribir activa y mejora el funcionamiento de determinadas áreas cerebrales.
“La escritura manuscrita ayuda a mantener el cerebro alerta y mantiene la destreza manual”, sostiene la pedagoga Laura Dinehart, de la Universidad Internacional de Florida. Añade la especialista que “el dominio de la caligrafía parece tener efecto sin comparación en el desarrollo y puede estar asociado con la capacidad de autorregularse, controlar las emociones y memorizar el trabajo efectuado”.
“Antes de escribir una palabra en el papel nos representamos mentalmente las letras, después las vemos aparecer bajo nuestros ojos gracias al movimiento de la mano. Con el teclado, nada como eso: sólo se necesita identificar la zona donde se encuentra la letra deseada y de presionarla (...) En el plano motor y el de la representación mental, estas dos maneras de escribir no tienen nada que ver: no requieren las mismas zonas del cerebro ni los mismos procesos cognitivos, explica el investigador Jean-Luc Velay, del Laboratorio de Neurociencias de la Universidad Aix-Marseille.
Además, tomar notas a mano contribuye a fortalecer la memoria.
Dos investigadores estadunidenses, Pam Mueller y Daniel Oppenheimer, realizaron una investigación por la que se demostró que los estudiantes que se toman el trabajo de tomar apuntes manuscritos responden más fácilmente a cuestiones complejas que los que usan la computadora para esa tarea.
Información sobre el tema abunda en la red. En el sitio sympa-sympa.com elaboraron una lista de las consecuencias que puede tener la pérdida de la escritura manual.
Una primera afectación es el deterioro de la motricidad y la coordinación. Además se pierde habilidad para leer.
Explican que, al escribir a mano, se activan zonas del cerebro que sirven para la formación del lenguaje y la interpretación de las sensaciones. El cerebro, señala el portal, tiene una zona llamada Área de Broca que es la responsable de juntar las letras y palabras y de su comprensión. Con la escritura manuscrita ese centro se pone a funcionar. Así, la capacidad de escribir rápidamente facilita la lectura y viceversa.
Por otra parte, quien escribe poco o nada, tiene más dificultad para entender un manuscrito.
Como a muchos nos consta, los que teclean o digitan en el teléfono ponen menos atención en la ortografía, la puntuación y la gramática. Y añádale los desatinos del autocorrector.
Una falla más grave es que los que no escriben son menos capaces de expresar sus pensamientos con palabras. Cuando se escribe a mano se debe pensar en la frase entera, la idea completa y luego se escribe. La creación de escritos nos hace pensar con más aliento e involucra nuestro pensamiento abstracto.
El pensamiento y la capacidad de memoria se deterioran cuando se abandona o no se ejerce la práctica de la escritura y, una de las más lamentables menguas, la imaginación se hace más limitada.
Me pregunto si tendremos en el futuro próximo una sociedad ágrafa. No será de analfabetas, pues serán capaces de leer e interpretar sus mensajes, pero no sabrán escribir. Sí, juntarán letras en un teclado para formar palabras. Será su método, pero de auténtica escritura, nada.
Los humanos y sus cerebros se adaptan a cualquier circunstancia, así que, aunque a algunos no nos guste ese futuro, ellos lo vivirán y se hallarán cómodos en su agrafía. Sus escuelas tendrán que preparar especialistas paleógrafos para entender los textos de los últimos siglos y traducirlos al lenguaje taquigráfico de las redes sociales. Otros especialistas estudiarán el funcionamiento de sus cerebros y qué otras habilidades desarrollaron para sustituir las perdidas y asegurar su sobrevivencia y evolución.
Yo le recomiendo, mientras eso sucede, conseguir una libreta y una pluma y anotar sus pensamientos. De algo le servirá.
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El Arca de Arena pedía el nombre del instrumento de la antigüedad con el que se plasmaban historias y correspondencia. Las iconografías de Cervantes y de Shakespeare lo incluyen para resaltar el oficio de ambos. Es parte de un ave e importa mucho el corte para que funcione; es trisílaba y anagrama de la primera persona del presente de indicativo del verbo que significa “Dar voces en honor y aplauso de alguien”. También es parónimo del sinónimo de lecho nupcial.
La respuesta vino de Francisco Báez, Marielena Hoyo, Miguel Ángel Castañeda y Bertha Hernández.
La palabra es “cálamo”. Mangel acertó siguiendo paso por paso las pistas.
El cálamo y la escritura manuscrita no dejan a El Arca más remedio que pedir el nombre de un antiguo equipo de escritura. Es el conjunto de instrumentos para elaborar un texto. Es sinónimo de “mensaje o respuesta que de palabra se da o se envía a alguien”, con el complemento de la escritura. Personajes del Siglo de Oro, como los de Tirso de Molina y Calderón de la Barca, lo piden cuando tienen necesidad de mandar un escrito urgente: “¡Traedme…!”.


Publicado en La Crónica de hoy     
16 06 18  

miércoles, 13 de junio de 2018

Lecciones de castellano para una jovencita del siglo XX

Carlos Alberto Patiño




"Las vocales se dividen en fuertes y débiles. Son fuertes la a, la e y la o. Son vocales débiles la i y la u”.
Es algo que todos sabemos…, o deberíamos saber.
Estas líneas son las primeras del cuaderno de una chica de secundaria. Es su lección inicial del curso de castellano de primero de secundaria en 1954.
Es sorprendente que las jóvenes estudiantes  ya recibían en sus clases eso que hoy en día hay que explicarles —me consta— a los estudiantes de licenciatura, y hasta de posgrado, que no atinan a dividir sílabas y menos a poner acentos por no distinguir los tipos de vocales.
No es tema complicado pero sí básico para lograr un texto comprensible y bien presentado.
(De la vida real. Suena la pregunta del reportero en la redacción ¿Canadá lleva acento? Responden los correctores: “En la a”. Sigue un lapso de silencio hasta que una tímida voz pregunta ¿en cuál?)
El cuaderno de Bertha González Ortiz es una verdadera joya.
Aprecien ustedes la caligrafía en la imagen adjunta.





Debo decirles que en esa época se escribía con manguillo y tintero. (Referí en el texto “La quinta columna y otras figuras que se difuminan” una explicación sobre este instrumento: “Manguillo era el portaplumas, el pequeño mango donde se insertaba la plumilla metálica para escribir… Las plumillas eran de acero. Éstas se introducían en el frasco de tinta —el tintero— y se escribía… con letra manuscrita, por supuesto”.)
Este tipo de letra, la manuscrita, resulta ahora incomprensible, pero era de escritura más rápida.
Veamos otro párrafo del cuaderno de la joven González: “Cuando al final de un renglón no cabe una palabra completa, se pone la parte que cabe y el resto en el renglón siguiente, cuidando de que sea siempre sílaba completa”
Éstas son las lecciones que aprendieron mis maestros y que luego nos transmitieron en las aulas.
¿Se nota alguna falta de ortografía? ¿Son comprensibles las explicaciones?
Seguramente las lecciones se impartían con dictados, fórmula tan criticada hoy en día.
No voy a defender la modalidad memorista de la enseñanza, pero sin memoria no hay aprendizaje. Explique usted a los aprendices las tablas de multiplicar, póngales toda la teoría y razones, pero si a la pregunta ¿Cuánto es 7 por 4? no se responde en automático, ningún método funciona.
Lo mismo pasa con las reglas de acentuación. Debemos aplicarlas por reflejo. Aunque nunca esté por demás entender las razones.
Sigue Bertha.
“Triptongo es la unión de 3 vocales que se pronuncian dentro de una misma sílaba.
“Hay cuatro triptongos que son: iai. -apreciáis, estudiáis, iei. -apremiéis, dispenséis, uei, - santigüéis, continuéis, uia, -amortiguáis, fraguáis.
“En México tenemos un triptongo más UAU que lo encontramos en palabras derivadas del idioma náhuatl: Cuautla, Guauchinango,
Cuauhtémoc”.
En la lección dedicada al sustantivo se explica: “Todas las palabras que componen nuestro idioma pueden catalogarse en nueve categorías que son las siguientes:
“Nombres sustantivos, adjetivos, pronombres, artículos, verbos, adverbios, preposiciones, conjunciones e interjecciones”.
El 17 de mayo de 1954, la lección se refiere a la acentuación para disolver los diptongos: “Cuando al final de una palabra aguda hay dos vocales que no deben formar diptongo se acentúa la segunda vocal para desbaratar el diptongo, aunque la palabra termine en consonante que no es n ni s.
“Ejercicio:
“Saúl, raíz, Raúl, reír… baúl, laúd, maíz, ataúd”.
El 16 de octubre algo pasó. En la cabecera de la página está escrito el lugar y la fecha, después está el título “Dictado” y luego… la página en blanco. O el dictado se hizo en hoja aparte, o algo le ocurrió a Bertha que no pudo quedarse en clase y alguien que debió haberle pasado el apunte no lo hizo. Queda como misterio.
En el mismo arcón, pero de casi una década antes, está el libro Los viajes de Gulliver, obsequiado a la entonces niña Bertha. Se lo dio la profesora Raquel y le puso esta dedicatoria:
“Bertita, que este libro te recuerde que en tus estudios de 1° y 2° años de la Primaria siempre dejaste satisfecha a la maestra y que te sirva de estímulo para que siempre seas igual: aplicada, cumplida y correcta.
“México, D.F., a 18 de noviembre de 1946.
“Tu maestra
“Raquel García de Calvo
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Golosa, El Arca de Arena pidió el nombre del paté de aceituna que incluye anchoas. Explicó que era galicismo que no hallaba todavía lugar en el diccionario de la Academia. El platillo originario del sur de Francia es la tapenade. Angélica Villanueva, Luz Rodríguez, Bertha Hernández, Marielena Hoyo, Miguel Ángel Castañeda y Tarsicio Javier Gutiérrez nos escribieron para dar la respuesta.
Doña Marielena y don Tarsicio proporcionan un dato fundamental para la receta. La pasta incluye alcaparras. De hecho, el nombre le viene del occitano (una forma antigua del francés) para alcaparra: “tapena” (tápena, en español).
A El Arca le gustó mucho el cuaderno de Bertha González. Está segura de que el instrumento de escritura no fue aquel de la antigüedad con el que se plasmaban historias y correspondencia. Las iconografías de Cervantes y de Shakespeare lo incluyen para resaltar el oficio de ambos. Es parte de un ave e importa mucho el corte para que funcione; es trisílaba y anagrama de la primera persona del presente de indicativo del verbo que significa “Dar voces en honor y aplauso de alguien”. También es parónimo del sinónimo de lecho nupcial.

Publicado en La Crónica de hoy   
09 06 18 

lunes, 4 de junio de 2018

De aceitunas, olivas, aceites y óleos

Carlos Alberto Patiño



"Aceite de oliva” es una mixtura. No el producto, la denominación. Es la combinación de dos palabras de orígenes diversos con significados similares.
Aceite viene de aceituna, la oliva. La primera es de origen árabe; la otra es latina.
La historia, la geopolítica y hasta lo que antes no se llamaba globalidad influyeron en el nombre de este componente de la comida mediterránea y mundial.
Tuvo que ser España (Hispania, al-Ándalus) el territorio donde el óleo adquiriera su nombre híbrido, pues ahí convergieron las dos culturas.
Árabes y romanos pasaron y dejaron su huella en las modas, las costumbres, las palabras y los alimentos.
La extracción, almacenamiento y distribución del aceite es de antigüedad bíblica. Los olivos están presentes desde tiempos lejanos. De hecho, entre los árboles más viejos del mundo se cuentan varios olivos, como los milenarios de Israel, Italia, Grecia y
España.
Junto con la vid, es bastimento del que los humanos se han hecho acompañar a lo largo de la historia.
La rama del olivo es símbolo de paz. Lo era para los griegos, quienes además la utilizaban como una forma de reconocimiento a héroes, gobernantes y atletas.
En esta cultura, el olivo es tan importante que está ligado a la leyenda de la fundación de Atenas. Poseidón y Atenea disputaban el patronazgo de la ciudad aún sin nombre. Zeus los puso a competir. La deidad de los mares clavó su tridente y brotó un manantial, don apreciado, pero el origen marino dejó su marca y el agua del pozo resultó salada. Atenea hizo brotar un olivo al lado del manantial. Del árbol se obtendrían frutos, aceite, perfumes, madera... Una aportación insuperable, así que la ciudad tomó el nombre de Atenas.
En la Biblia, la narración del Diluvio Universal concluye cuando Noé suelta una paloma a volar sobre las aguas y el ave retorna con una rama de la planta en su pico, de lo que el patriarca colige que las aguas ya descendieron y que se puede atracar y empezar a repoblar la Tierra.
Los egipcios utilizaban el aceite para la preparación de las momias a las que, además, coronaban con hojas del árbol.
Como símbolo de paz aparece el olivo en nuestro Himno Nacional. Es la estrofa donde el arcángel divino ciñe una rama de la oleaginosa en las sienes de la Patria.
Aceituna viene del árabe hispánico azzaytúna, proveniente del árabe clásico zaytunah, según nos informa el Diccionario de la lengua española. Es la fruta que produce el aceite.
Oliva viene del latín y significa aceituna, fruto del olivo de donde se saca el aceite.
Así, aceite de oliva es el jugo de la aceituna u oliva que se extrae por el prensado del fruto.
“Aceite” es, consigna el DLE: “Líquido graso que se obtiene de frutos o semillas, como cacahuates, algodón, soja, nueces, almendras, linaza, ricino o coco, y de algunos animales, como la ballena, la foca o el bacalao. Aceite de hígado de bacalao (...) Aceite de oliva (...) Líquido denso de origen natural, como el petróleo, o que se obtiene por destilación de ciertos minerales bituminosos o de la hulla, el lignito y la turba (...) Sustancia grasa, líquida a temperatura ordinaria, de mayor o menor viscosidad, no miscible con agua y de menor densidad que ella, que se puede obtener sintéticamente”.
Para aceite, el diccionario de la Academia incluye las siguientes acepciones: “aceite de vitriolo”, que corresponde al “ácido sulfúrico concentrado comercial”. Está el “aceite esencial” (un líquido muy oloroso de algunos vegetales) y el “aceite mineral” (líquido denso de origen natural). El “aceite pesado” es otro nombre para el gasóleo, uno de los derivados del petróleo.
“Aceitar”, además de lubricar o bañar con aceite o mejorar el funcionamiento de las instituciones, equivale a sobornar.
De oliva deriva “óleo”, que, nos dice el DLE, es “Aceite de origen vegetal, especialmente el de oliva (...) Pintura al óleo. Necesito óleo para pintar. Obra pictórica realizada con pintura al óleo. Adquirieron dos óleos en una subasta (... Aceite consagrado que usan algunas Iglesias cristianas en los sacramentos y otras ceremonias”.
Por estos, los sacramentos, la palabra latina va más apegada a esta última acepción. Nadie dice óleo para referirse a un aceite, pero todos conocemos la aplicación de los “santos óleos” a los moribundos cuando se les administra la extremaunción.
Hay también el “óleo de los catecúmenos”, que es el que se aplica en el bautismo, y “el de los enfermos”, para reconfortar a quienes están en trance extremo.
Óleo aparece en petróleo —el “aceite de piedra”—; en oleoducto, tubería para transportar petróleo; en gasolina, palabra que combina el gas con el aceite; y en linóleo que es, etimológicamente, una tela recubierta de aceite para hacerla impermeable, pero en el uso cotidiano es un material para recubrir pisos.
El alioli es una salsa —deliciosa— preparada con ajo y aceite y con yema de huevo en su versión valenciana.
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Tarsicio Javier Gutiérrez, Marielena Hoyo y Miguel Ángel Castañeda contestaron a El Arca de Arena. La petición fue “el nombre del lugar donde se extrae el aceite de las olivas, es la estancia del proceso de las aceitunas y vocablo de origen árabe”.
La respuesta es “alamazara”. Don Tarsicio nos comenta: “Una de las mejores clases de aceituna que he conocido, precisamente cuando la depositaban en la almazara, es la cornicabra. El producto final es de lo mejor... eso fue en un pueblo de la comunidad de Madrid”.
El Arca no abandona las aceitunas en el aceitunero y reclama un galicismo todavía sin carta de naturalización en el diccionario de la Academia. Sirve para denominar un paté de aceituna diferente de la olivada, pues incluye anchoas.

 Publicado en La Crónica de hoy   
02 06 18